violencia

La explosión de una verdadera fábrica de bombas molotov en uno de los colegios más importantes de Santiago que dejó 35 estudiantes heridos no puede dejarnos indiferentes entre tantos escándalos y noticias de las últimas semanas. Es demasiado grave que hayamos llegado a este extremo, y lo sería más si no nos detenemos a reflexionar y sacar lecciones sobre esta situación.

Lo primero es notar que sea recién por esta explosión que se llegue a confirmar el uso de colegios para fabricar las bombas que han alterado tanto la convivencia nacional en las manifestaciones callejeras de los últimos casi 15 años. ¡Era un secreto a voces que eso estaba ocurriendo! Uno se pregunta, ¿y los profesores y directivos, dónde han estado? ¿Qué supervisión tienen de lo que pasa en su establecimiento para no saber que en sus baños se fabricaban bombas? Hay dos posibilidades principales. Una negligencia inadmisible, o que lo dejaban pasar y hacían la vista gorda porque les parecía algo normal o justificado. O sea, serían cómplices.

Con razón ahora se escucha que hay muchos apoderados muy preocupados y que estaban retirando a sus hijos del colegio. El INBA tiene 800 estudiantes hoy, con una capacidad para más de 2.000. ¡Qué ineficiente uso de recursos públicos de todos los chilenos! Y, sin embargo, ¿cómo lograr cambios dentro del actual sistema educacional altamente politizado, centralizado, estatizado y burocratizado? Este es otro de los daños que hizo la reforma educacional de Bachelet al desempoderar a los directores para dirigir los colegios públicos.

Lo segundo, es la medida en la cual las autoridades educacionales del país, comenzando por el ministro y la alcaldesa de Santiago (que es la sostenedora de los colegios con más violencia), justifican o han amparado estas acciones violentas. El ministro de Educación hizo unas confusas declaraciones procurando distinguir entre legítimas movilizaciones sociales y “legitimar las acciones de violencia cuando estas son sin sentido, propósito ni orientación”. ¿Es que acaso cuando la violencia tiene un propósito y orientación entonces serían legítimas? ¿Cuáles propósitos? ¿Los que decide su partido? Parece ser que el inconsciente delata al ministro. Falta una condena absoluta de la violencia, sea con el propósito que fuere, por parte de cualquier particular o grupo. Sólo los agentes del Estado, policías y Fuerzas Armadas tienen el derecho a usar la fuerza en un Estado serio y en una democracia verdadera.

Con respecto a la postura ambigua de la alcaldesa, la prensa se preocupó de recordarnos cómo ella al igual que su partido, el comunista, al igual que el del ministro, se habían opuesto a la promulgación y a la aplicación de la ley “Aula segura” destinada precisamente a terminar con hechos de violencia como el del INBA y otros. No es de sorprenderse entonces la estrepitosa derrota de la alcaldesa Hassler. La mayoría del país está harta de la violencia y de aquellos que la relativizan o justifican.

Pero más allá del caso extremo surgido recién en un colegio emblemático, los problemas de mala convivencia, relaciones conflictivas y violentas entre estudiantes, de éstos con profesores y con apoderados son un problema cada vez más agudo en casi todos los establecimientos escolares del país. Es algo muy preocupante. La violencia se generaliza ante cualquier conflicto o incluso pequeñas diferencias. Por cosas nimias se llega a los insultos y después a los golpes. No sólo entre estudiantes. También de ellos a los profesores y profesoras. Y a menudo se extiende a apoderados. Éstos se sienten con derecho a entrar a los colegios para hacer justicia por ellos mismos a golpes. A veces unos y otros con armas. Esto llega al extremo de que los directores deben llamar a los carabineros para controlar las peleas, terminando con alumnos detenidos y no pocas profesoras heridas al intentar separar a los beligerantes.

Podrá imaginarse el lector el ambiente difícil que estos eventos pueden causar en un colegio y el daño que tiende a generar en muchos sentidos. Apoderados indignados, culpabilizando a directivos o profesores, estudiantes abanderizados con unos o con otros, caos, suspensiones de clases, etc. Los profesores se ven completamente superados e incapaces de detener las peleas. Muchos han resultado heridos por los golpes. Y con los teléfonos celulares grabando, se extienden y magnifican estos hechos por las redes sociales provocando más miedo entre los apoderados y reproches a los profesores. Estos últimos y los directivos se sienten muy justificadamente impotentes, abusados e incomprendidos. Sobra decir que esta situación está dañando gravemente la capacidad de los colegios de cumplir su misión fundamental y le plantea enormes nuevos desafíos.

No es una cuestión de más recursos económicos o materiales como es lo primero que plantean los sindicatos de profesores y los políticos en el Parlamento. Es la necesidad de asumir una formación humana más profunda de los estudiantes, de dar un sentido más trascendente a la vida y de enseñar a gestionar las emociones. La educación hoy debiera comprender el aprendizaje por parte de los estudiantes de identificar sus propios enojos, rabias y frustraciones. No culpabilizar de todo a los demás en primer lugar e intentar cambiarlos o eliminarlos. Hacerse cargo de sus propias emociones y saber cómo transformarlas. Encontrar sus propios recursos positivos para actuar desde allí. Pero esto no se aprende sólo con libros y conceptos, pizarras y power points. Se enseña con el ejemplo de personas admiradas por los jóvenes. Se debiera aprender de los profesores y profesoras. ¿Pero cómo lograr esto si ellos no lo aprendieron ni practican? ¿Cómo van a ayudar a sus alumnos si los profesores se sienten también sobrepasados por sus emociones negativas como rabia, agobio y desamparo, con dirigentes que aprovechan estas circunstancias para avanzar sus carreras políticas?

Necesitamos comprender que la violencia en nuestra sociedad hoy es como una nube tóxica sistémica. Como una pandemia que se nos contagia a todos. Está excesivamente presente en la TV, las redes sociales, el periodismo, la política, la economía, las familias, etc.  La hemos dejado aparecer desde sus formas de semillas, crecer en formas aparentemente inocuas como las palabras y los insultos, luego los abusos y empujones, hasta los cuchillos y armas en manos de cualquiera.

Necesitamos empezar un esfuerzo colectivo de toma de consciencia y terminar con las justificaciones de la violencia y las faltas de respeto. Empezando por el Presidente de la República y todas las mayores autoridades del país liderando una campaña nacional por la no violencia y la paz en todos los ámbitos de vida nacional. Ahora que empieza una fase de autoridades comunales renovadas y de elección de nuevos candidatos a Presidente, busquemos alguno que nos inspire paz.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.