Octubre llegó con protestas y con el relato que busca justificar y revalidar lo sucedido el 18 de octubre de 2019 en Chile. La minuta aprendida por todos es que hoy hay condiciones latentes para que aflore un nuevo estallido social. Quieren alejarse de lo que fue el “octubrismo”, un movimiento violento que usó las frustraciones de muchas personas, para intentar una revolución. El país tras ese intento de derrocar a un gobierno legítimamente electo inició un proceso constitucional y puso en duda la institucionalidad del país. Chile retrocedió económicamente 10 años y nadie estuvo mejor, excepto quienes, gracias al proceso, se hicieron del poder.
El gobierno actual heredó la mala gestión del gobierno anterior y las nefastas políticas y “reformas estructurales” del segundo gobierno de Bachelet, las que deterioraron el país y frustraron los sueños de tantos. Pero fue el deterioro económico lo que permitió que el pasto estuviera seco y que se pudiese incendiar la pradera. Eso le permitió a la ultraizquierda cosechar, lo que hace dudar si destruir la economía no era parte del plan. Emergió el Frente Amplio como la gran fuerza nacional y el Partido Comunista, su padre ideológico, estableció las directrices de acción. No nos olvidemos que después de Gabriel Boric, la candidata a la presidencia del sector fue una militante del Partido Comunista, la cual obtuvo una elevadísima votación, 41,82%, algo opuesto a un país sensato o serio. Es simplemente una locura, más de un 40% de los chilenos estuvieron dispuestos a votar por una candidata comunista. Por eso en Chile no hay inversión, nadie sensato está tranquilo al invertir en Chile.
Vemos el cambio de vientos y relato, el 1 de octubre los estudiantes salieron a la calle como matones contra los que piensan distinto, como siempre lo hace la ultraizquierda, estaban “calentando motores”. Ahora, llamaron a una gran marcha con un afiche que se lee “Renuncia Kast”. Los periódicos partisanos lo promovieron, como si atentar contra la autoridad fuese simplemente un acto de libertad de expresión. Ellos, como siempre en la historia, no están dispuestos a respetar la democracia y exigen que el Presidente democráticamente electo, porque no es de los suyos, renuncie. Simplemente impresentable. Pero ahí están las organizaciones sociales, las mismas que avivaron el 18 de octubre de 2019, llamando a la movilización, activando la “vía violenta” como una forma de hacer política. No ganaron en las urnas y, como siempre, van a la calle. No es sólo el derecho a manifestarse, es más bien usar ese derecho para permitir que los violentistas actúen. No son marchas pacíficas con hechos aislados de violencia. Son marchas en las que los frustrados son los “tontos útiles” de una minoría que busca generar la violencia. La Asociación de Estudiantes Secundarios (ACES), junto a las centrales de trabajadores, llamó a las manifestaciones públicas contra el impacto de las políticas gubernamentales vigentes. Dicen tener demandas estructurales, una palabra muy marxista. Recurren a la idea de la profunda desigualdad, atacan al sistema de pensiones y a las AFP. Hoy, que gobierna la derecha afirman que las brechas en salud y educación se han agravado, algo que olvidaron durante los cuatro años del gobierno de Gabriel Boric. Reclaman por el alza del costo de la vida y apuntan al “bencinazo” cuando callaron por las alzas de la luz, son hipócritas y oportunistas.
Buscan recordar el 18 de octubre desde la marcha multitudinaria del 25 de octubre, en la que muchos marcharon por sus carencias sin aún entender qué era el movimiento, ni que estaban siendo utilizados. Las demandas eran múltiples, pero algunos comenzaron a hablar de nueva Constitución, lo que no era la gran demanda popular. Para exigir que las soluciones tomaran ese camino, la violencia continuó, lo que llevó a un límite de potencial “guerra civil”, lo que hizo que algunos, cual política de apaciguamiento, empujaran a firmar, cual “pacto de Múnich”, el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Se inició, entonces un proceso constitucional y la paz nunca llegó. Uno de los firmantes llegó a La Moneda. Se formó la llamada “Convención Constitucional”, lo que terminó en un proyecto de ultra, extremadamente ultra, irracionalmente de ultraizquierda, sin sensatez alguna. Literalmente “se cebaron”, la violencia atentó contra los bienes públicos y privados, ya que desde la idea de “justicia social” se buscaba legitimar lo que a todas luces es y siempre será robo. Michelle Bachelet defendió ese texto, apoyó el Apruebo, diciendo que “no es perfecta, mas se acerca a lo que siempre soñé”. Humillaron a la Patria y la Nación sacándose la bandera chilena, literalmente, “por el culo”. El plebiscito de salida rechazó por un 62% el texto constitucional. Terminado el proceso, sin cordura ni templanza, algunos abrieron un segundo proceso constitucional, que también fue rechazado. La Constitución del 80 era revalidada cuatro veces. Pero la certeza jurídica no se asentó con eso. Los antidemocráticos siempre están dispuestos a usar la calle y quienes prometieron el orden, no son capaces de hacer cumplir la ley, ni cumplir con sus promesas. El gobierno pierde popularidad por no lograr efectos inmediatos a lo que jamás iba a tener efectos inmediatos, no sabe comunicar lo que hace y permite que el relato de la izquierda se cuele entre las sombras desde eslóganes.
No hay que olvidar que lo que sucedió el 18 de octubre fue un intento de revolución y que permitió reemplazar a una élite por otra, como toda revolución lo ha hecho siempre. No fue algo pacífico, sino que nació de la violencia. El Estado no reprimió a “blancas palomas marchantes”, sino a activistas y violentistas que atentaban contra la ley y el orden. Hubo heridos, sí. Pero la libertad va acompañada de responsabilidad. “Si no te quieres quemar, no juegues con fuego”. Por el lado de los violentistas, la nueva élite dio indultos y pensiones de gracia, que pagamos todos aún. Por parte de la fuerza pública mandatada por el Estado, muchos hoy cumplen injustas condenas. Ojo con el nuevo relato que se está gestando en las sombras, con las marchas y protestas de este octubre, no vaya a ser que cuando se requiera de las fuerzas de orden, decidan no actuar con el ímpetu necesario para restablecer ese orden. “Una fuerza se mueve en el Oeste”, cuidado con eso.
