El gobierno del Presidente José Antonio Kast confunde el camino cuando se embarca en disputas ideológicas y se olvida de que fue electo para solucionar los urgentes problemas que enfrentaba el país. Para salir del foso de desaprobación en el que ahora se encuentra, Kast deberá enfocarse disciplinadamente en combatir la delincuencia, facilitar la generación de empleo y retomar el camino del crecimiento económico con baja inflación. Si persiste en disputas valóricas y en promover una agenda identitaria de derecha, su aprobación seguirá en el piso y no podrá construir mayoría en el Congreso para avanzar con sus reformas.

El mes de septiembre no fue bueno para Kast. La economía no levanta. El aumento del costo de la gasolina y del diésel se traspasan a los precios de múltiples productos. Hay menos empleo y menos plata en el bolsillo de las personas. A seis meses de iniciado el gobierno, La Moneda tiene poco para mostrar en su combate a la delincuencia. Las deportaciones masivas prometidas por Kast en campaña y la mano dura contra la delincuencia no se han materializado. El gobierno está al debe y eso queda de manifiesto en la baja aprobación presidencial.

Es cierto que Kast se anotó una importante victoria con la aprobación de la reforma tributaria. Pero mientras la gente no vea que eso se convierte en un beneficio en sus bolsillos, la reforma tributaria no le ayudará a mejorar su aprobación. Eso es un problema mayor para el gobierno, en tanto los presidentes impopulares tienen demasiados problemas para lograr construir mayorías en el Congreso. Así la agenda de seguridad, pero también de forma más inmediata la discusión de la Ley de Presupuesto, encontrarán más obstáculos para avanzar porque incluso los legisladores ideológicamente afines pondrán trabas en el camino.

Afortunadamente para el gobierno, hay un camino perfectamente viable para salir de esta difícil situación. La Moneda debe remplazar el dogmatismo con el pragmatismo. En vez de enfrascarse en batallas ideológicas inútiles y contraproducentes, el gobierno debe mostrar disciplina y concentración para avanzar los dos temas claves de la agenda, que son la economía y la seguridad ciudadana.

Cualquier error no forzado, cualquier gustito ideológico, o cualquier descoordinación o indisciplina deben ser severamente castigados. Igual como un ejército de soldados obedientes y no deliberantes, el equipo del Presidente Kast debe demostrar que su admiración por las Fuerzas Armadas se ve evidenciado en la disciplina y el orden que deben existir al interior del gobierno. Es incomprensible que cada ministro se mande solo, que los ministros no se comuniquen, que haya tareas -como la vocería- que no estén a cargo de nadie. En un ejército que funciona bien, todas las tareas tienen un responsable. De poco sirve que los valientes soldados estén dispuestos a combatir si la logística que les debe proveer de armas y alimentos está sin líder y no hace su tarea.

La disciplina también implica que no se debe perder de vista la meta ni distraerse en asuntos que no son centrales al objetivo. Buena parte del mes de septiembre se desperdició en un debate inútil sobre poderes extraordinarios para el Ejecutivo en el combate a la delincuencia. El gobierno nunca supo explicar las razones para esa propuesta. Es más, el propio gobierno debilitó su postura cuando altos funcionarios dijeron que sería inconveniente que un gobierno de izquierda tuviera esos mismos poderes que ellos buscaban otorgar al Presidente Kast.

De igual forma, el viaje de Kast a la ONU en Nueva York tuvo más costos que beneficios. En vez de ser una ocasión para retomar la ofensiva, poniendo nuevos temas en la agenda, el viaje terminó con el gobierno acorralado, tratando de explicar que el ingreso de Chile al Escudo de las Américas del Presidente Trump no constituye ni cesión de soberanía ni servilismo internacional.

Como candidato, Kast insistió en que Chile estaba en crisis. Aunque esa aseveración era a todas luces exagerada, en sus seis meses en el poder no ha logrado demostrar que las acciones de su gobierno han modificado sustancialmente la situación del país. Siguiendo la misma lógica de Kast, el país sigue en crisis. Para sacar al país de la crisis, el gobierno de Kast deberá focalizarse en solucionar problemas en vez de enfrascarse en inútiles disputas ideológicas.

Precisamente porque el gobierno anterior mostró más dogmatismo que pragmatismo y perdió valioso tiempo en explicar sus sueños de país en vez de intentar construirlos, el gobierno de Kast debe evitar seguir el mismo errado camino. En cambio, La Moneda debe dedicar todo su tiempo y energía a solucionar los dos problemas que más afligen al país, la delincuencia y el empleo. Para que abordara los problemas, no para que enarbolara la bandera de la ideología, los chilenos optaron, en segunda vuelta, por escoger mayoritariamente a Kast como Presidente de la República.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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1 Comment

  1. Toda la razón Patricio …. Creo que sólo una visión ideológica podría insistir en seguir tal cual o exagerar desde la otra vereda ….

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