Aunque el gobierno tiene una enorme ventaja sobre la oposición de izquierda cuando se trata de su compromiso para combatir la delincuencia y para hacer lo que sea necesario para dar más seguridad a la ciudadanía, el gobierno del Presidente José Antonio Kast se ha enredado innecesariamente al asociar su agenda de seguridad a mantener buenas relaciones con Estados Unidos. Su decisión de hacerse parte del Escudo de las América y conectarla con la agenda antidelincuencia le ha permitido a la izquierda vestirse con ropajes de patriotismo al acusar a Kast de ser incapaz de defender la soberanía nacional.
Porque la mejor forma de ayudar a su aliado estadounidense es ejerciendo exitosamente el poder, con alta aprobación presidencial y arrinconando a la izquierda a posiciones minoritarias, Kast debiera evitar contaminar su agenda contra la delincuencia con cuestiones de política regional asociadas al Escudo de las Américas.
Como el Presidente Kast no tenía una agenda definida ni un mensaje central para comunicar, la visita a Nueva York le trajo más dolores de cabeza que beneficios al gobierno. En vez de proyectar a Chile como un país que “estaba de vuelta”, el viaje solo alimentó las sospechas de que Kast improvisa demasiado. La gran noticia del viaje terminó siendo el anuncio de que Chile entraba a la iniciativa Escudo de las Américas. Aunque no queda claro qué es esa iniciativa y si constituye un tratado o solo una instancia de cooperación, la incapacidad del gobierno para explicar las razones que lo llevaron a sumarse a esa iniciativa le entregó una inmensa oportunidad a la izquierda para acusar al gobierno de debilidad para defender la soberanía y servilismo ante Estados Unidos.
Resulta irónico que los errores del gobierno permitan a la izquierda alzarse como defensora del patriotismo. Esa misma izquierda que anda apurada para firmar acuerdos y tratados internacionales sobre migración, medioambiente y cualquier otra iniciativa que cede soberanía y poder a organizaciones internacionales ahora critica desde una presunta superioridad moral lo que considera es un camino hacia una neocolonización estadounidense. El hecho de que Trump burdamente haya hablado de resucitar la doctrina Monroe -y en su afán de ponerle su sello distintivo la haya nombrado como doctrina Don(ald)roe- añade leña al fuego que inició la izquierda acusando de servilismo a los países de la región que quieren fortalecer relaciones con Estados Unidos.
En un contexto en que el mundo avance hacia una confrontación entre China y Estados Unidos, mantener la neutralidad va a resultar difícil para América Latina, que tiene fuertes relaciones comerciales con China y una histórica, aunque compleja, relación con Estados Unidos. Por eso, es preciso moverse con especial cuidado en la arena de las relaciones internacionales. Aliarse con Trump equivale a subirse a un elefante enojado que entra en una tienda de cristales, especialmente cuando nosotros somos los dueños de esa tienda de cristales. Estados Unidos se puede dar el lujo de tener un presidente que no se guía por las cuidadosas prioridades diplomáticas. Chile no.
Para el gobierno de Kast, el problema es aun mayor. Trump gusta de decir cosas antes de pensar en las consecuencias e implicaciones de sus palabras. Al hacer repetidas veces referencia a las riquezas naturales de América Latina como un botín que pertenece -o debe pertenecer- a Estados Unidos, Trump automáticamente genera reacciones nacionalistas entre personas que no quieren que a la región se la considere patio trasero de nadie. Si bien hay buenas razones para explotar nuestras riquezas naturales y aliarnos con Estados Unidos, las declaraciones que sugieren que nuestras riquezas son un botín de guerra que va para el vencedor debilitan el buen argumento de que el comercio entre dos países es mutuamente beneficioso.
Peor aun, el hecho que la inclusión en la iniciativa del Escudo de las Américas haya sido presentada en el contexto del combate contra la delincuencia complican todavía más al gobierno de Kast. Si bien hay que combatir el crimen internacional y las bandas transnacionales, poner el foco del combate al crimen en la dimensión internacional es un error. Igual que la izquierda que subraya la necesidad de prevenir y construir cohesión social para combatir el crimen, el gobierno de Kast está hablando de cosas demasiado generales que la gente no conecta automáticamente con su sensación de inseguridad. Las personas quieren soluciones concretas e inmediatas, no narrativas demasiado alejadas de su realidad. Nadie entiende muy bien por qué una reunión con Donald Trump va a mejorar el miedo que tiene la gente a salir a la calle cuando está oscuro.
Para salir del hoyo en que torpemente se metió, el gobierno deberá separar las razones que lo llevaron a unirse al Escudo de las Américas de la agenda antidelincuencia. A su vez, para evitar ser caricaturizado como un gobierno servil que quiere entregar las riquezas naturales a un poder neocolonial, la administración Kast debe marcar distancia con las políticas proteccionistas de Estados Unidos y promover su agenda de multilateralismo comercial. Si Washington se enoja, basta recordarles que no hay peor aliado que un gobierno y arrinconado contra la pared que no puede ayudar a Estados Unidos a avanzar su agenda internacional.

Ummmmm, por Dios que falta calle y dosis de realismo. Muchos años viviendo en el infierno Americano………
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