Domingo 14 de diciembre. El principio y el fin. Dos extremos que se unen en un mismo día. Se termina una campaña que ha sido bastante larga y se inicia el camino hacia un nuevo gobierno. Me tocó vivir dos cambios de administración y la verdad es que nunca fue tan cierto eso que dicen de “no importa, si total, igual me tengo que levantar a trabajar”.
La delicadeza de la transición es fundamental, es ahí donde se funden ese inicio y ese final. Los que se quedan y los que llegan, los cargos políticos y de confianza con el funcionario público que tiene la memoria institucional y permite que el Estado siga funcionando. La energía renovada con la experiencia, y muchas veces la comodidad. El desafío de los nuevos, generar incomodidad, pero no para ser una molestia, sino que para inyectar un aire nuevo que obligue a mirar al Estado de manera distinta, a pensarlo de forma diferente, a mirar fuera de la caja. Porque, la lista de desafíos no ha cambiado mucho: crecimiento, migración, seguridad, salud, educación y un largo etcétera. Lo que cambia es la forma de enfrentarlo y resolverlo.
Esa delicadeza tiene que ver con entender al Estado y su cultura, con cómo generar sinergias dejando atrás un trabajo compartimentado que está lejos de resolver las urgencias de los chilenos.
Chile no es el mismo y la lista de autoridades debe ser mucho más que eso. Debe ser, ese grupo cohesionado que forme al equipo de gobierno que acompañará al Presidente a pensar a Chile de manera distinta. Un equipo que no tenga miedo a innovar porque, Chile requiere de un cambio transformador que lo prepare para una nueva etapa. Ya fuimos los jaguares de América Latina, es hora de avanzar hacia otro lugar y, la forma de hacerlo es creando una épica que motive. Pero en su sentido más literal, es decir, que mueva a esa fuerza interna a iniciar un nuevo camino. Una épica que transforme ese “me tengo que levantar igual a trabajar”, por algo distinto.
Termina la campaña y atrás quedarán sus promesas, y empieza inmediatamente la materialización de la épica. Algo fundamental en esa delicada transición y crítico en ese pensar a Chile de manera diferente.
Seguridad y crecimiento fueron los temas de campaña, mística e innovación debiesen ser los principios que guíen al gobierno. Atrás quedan las frases de volver a poner a Chile en la senda del crecimiento y muchas otras. No hay que volver a nada, Chile necesita avanzar, no retroceder a lo que fue. Todo esto, en un justo equilibrio porque, el poder tiene luces y sombras. Administrarlo no es fácil.
El equilibrio es la clave para esa delicada transición, una que no cambie del todo “el levantarse a trabajar igual” pero, que sea evidente en los pequeños detalles de la vida cotidiana como, por ejemplo, no tener que esperar un año para conseguir una hora para renovar la licencia de conducir o no tener que llegar a las seis de la mañana a hacer una fila al consultorio.
Quedan los últimos metros de una larga carrera que nos lleva a cruza la meta que da inicio a otra, una que exige como nunca transformaciones profundas para construir nuestro futuro.
