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La creciente polémica por el fuerte aumento de las tarifas eléctricas que golpeará el bolsillo de las familias chilenas subraya tanto lo costoso que resulta procrastinar en políticas públicas como lo dañino que es cuando el gobierno usa el cuentagotas para informar sobre las malas noticias.

Ahora que a todos los chilenos nos va a tocar pagar más por culpa de las cuestionables decisiones que se tomaron durante el estallido social y en pandemia, la lección para aprender es que siempre que se giran cheques a fecha, eventualmente llega el momento de pagar.  

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Como respuesta inmediata al estallido social de octubre de 2019, el Congreso Nacional aprobó, apresuradamente, un proyecto de ley enviado por el gobierno del Presidente Sebastián Piñera que suspendía un aumento de 9,2% de las tarifas eléctricas que debía entrar en vigencia a fines de ese año. La decisión de suspender el aumento se produjo como respuesta del gobierno al estallido. Ante la impopularidad del gobierno y las presiones para que La Moneda diera señales de que se estaba haciendo cargo de la molestia de la gente, Piñera cedió a la tentación populista de retrasar el trago amargo que implicaba subir el precio de las tarifas eléctricas para evitar el costo político de esa impopular medida.

El ministro de Energía de la época, Juan Carlos Jobet, celebró la promulgación de la ley que retrasaba el aumento de las tarifas, señalando que “esta es una buena noticia para el bolsillo de los chilenos. Además de congelar las tarifas hasta diciembre del 2020, permitirá adelantar la baja de tarifas que se esperaba a partir del 2023, producto del ingreso de las energías renovables y otros contratos más baratos, y neutralizar el efecto del dólar, factor que más ha influido en la tarifa eléctrica este año”.

Pero como en marzo de 2020, la pandemia obligó al gobierno a cambiar muchos de sus planes, las tarifas de electricidad siguieron congeladas por más tiempo de lo previsto inicialmente. Nuevas leyes fueron aprobadas para extender el congelamiento de tarifas al punto que, hasta ahora, se ha acumulado una deuda de 6 mil millones de dólares -cerca de un 2% del PIB- a las empresas eléctricas por las alzas no producidas desde noviembre de 2019. 

En otras palabras, los chilenos estuvimos usando electricidad fiada por las empresas eléctricas y ahora es tiempo de pagar. La deuda acumulada va a sumarse a los costos del consumo que tengamos en el futuro. Los precios menores que estuvimos pagando por un buen tiempo van a ser remplazados por los precios actuales de mercado de la electricidad. Y a eso se va a sumar la deuda contraída por, literalmente, comprar a crédito por varios años parte de la electricidad que estábamos consumiendo.

Para empeorar las cosas, la promesa de que el ingreso de las energías renovables iba a abaratar el costo de la cuenta de electricidad no se ha materializado por distintos problemas regulatorios y fallas en la estructura de incentivos. Aunque efectivamente ha habido una enorme inversión en la generación de energías renovables limpias -y se multiplican las turbinas eólicas y los campos con paneles solares en el país- los chilenos van a tener que meterse la mano al bolsillo para pagar la deuda pendiente con las generadoras y para costear el uso de electricidad más cara en los próximos años.

El gobierno tampoco ha ayudado a reducir la incertidumbre y explicar las causas de esta inminente brutal alza en los costos de la electricidad. Al contrario, La Moneda intentó una fallida estrategia de presentar un subsidio al consumo de las personas de menos ingresos como una solución que minimizaría el problema. Pero el subsidio excluye a una gran mayoría de personas de clase media y clase media baja que verán aumentar sustantivamente sus gastos en electricidad.

Además, todos los chilenos se verán afectados por el impacto del mayor costo de la electricidad en los valores de bienes y servicios que consumen habitualmente. Incluso aquellos que reciban el subsidio para pagar la electricidad más cara se verán afectados por un alza de la inflación.

La lista de responsables de este fuerte aumento en el precio de la electricidad que se viene en julio es larga. Pero los motivos que llevaron a este infeliz desenlace son simples y claros. En vez de enfrentar los problemas directamente cuando estos se produjeron, la irresponsable élite política quiso ganar tiempo para que otros tuvieran que pagar los costos de las medidas impopulares. Ahora que llegó la fecha de vencimiento del cheque a fecha, muchos chilenos sentirán esas irresponsables decisiones en sus bolsillos y billetera. Ya no va a ser la frase de no fueron 30 pesos, sino que fueron 30 años. Ahora va a tocarnos a todos pagar la cuenta de los 6 mil millones de dólares de deuda que acumulamos en estos cuatro años.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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