El 29 de noviembre de 1984 se firmó en la Ciudad del Vaticano ante el Papa Juan Pablo II, el Tratado de Paz y Amistad (TPA) entre Chile y la Argentina. Por nosotros firmó el canciller Jaime del Valle, y por los transandinos el ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dante Caputo.
El TPA fue aprobado y promulgado por los respectivos poderes legislativos y ejecutivo en el segundo trimestre de 1985, con lo cual quedan plenamente vigentes y en ejecución. Cabe notar que, en el caso de Argentina, antes de la firma del 29, se realizó días antes un plebiscito no vinculante en que votó el 72% del padrón electoral, sacando un 81% de aprobación. Estuvieron en contra la derecha que apoyó a los militares en el llamado proceso de reorganización nacional, y, por otro lado, buena parte del peronismo boicoteó la consulta. Para Alfonsín era importante contar con un piso político antes de ir adelante, y en ese sentido, pudo firmar sin problemas y con la tranquilidad de que tendría después la aprobación legislativa que se tendría que inclinar ante la voluntad del pueblo. Como dato anecdótico está en que el apruebo sacó su más baja votación en la provincia de Tierra del Fuego.
Por qué detallo lo anterior, lo hago porque independiente de que la derrota en las Falklands en el 82 evidentemente facilito que aceptaran firmar un acuerdo del tipo TPA, ya que saca a los elementos duros de la negociación, el pueblo argentino llevaba generaciones siendo educado bajo las ideas del almirante Segundo Storni en que el Beagle era de ellos, que la Argentina era para el Atlántico y Chile para el Pacífico, y que por ende la Península Antártica les pertenecía. Había que venderles la idea de que estaban cediendo soberanía a cambio de la paz con Chile, algo que en 1984 podía ser considerado valioso, estimando este columnista que antes o después habría sido difícil llegar a un acuerdo como el que se firmó porque el interés nacional de ese país es siempre y sigue siendo empujar más al sur y más al oeste, algo que en los años posteriores ha vuelto a aparecer con cierta fuerza particularmente en lo relativo a espacios marítimos australes y en lugares como Campos de Hielo Sur.
Independiente de los esfuerzos diplomáticos realizados por las cancillerías de ambos países para llegar a un acuerdo, me parece que los siguientes conceptos indicados por el Papa Francisco en la ceremonia del lunes 25 de noviembre de 2024 realizada en el Vaticano reflejan el espíritu del TPA del 84:
- Buscar un acuerdo que fuera considerado por las partes como satisfactorio, justo, equitativo y honorable, y pongo el acento en el último concepto, ya que era la clave para que los argentinos aceptaran,
- Que es un tratado de Paz y Amistad, que es más que un cese al fuego o un acuerdo provisorio. El TPA busca zanjar definitivamente las diferencias que habían respecto de la cuestión del Beagle y aspectos relacionados, y
- Que buscaba desarrollar una amistada entre los países, algo que ha demostrado ser un poco más difícil de desarrollar a pesar de que en algunos momentos se lograron algunos avances.
Evidentemente ayudó a llegar a acuerdo no sólo la derrota que sufrieron los argentinos el 82, sino que también el incremento en capacidades aéreas y navales por parte de Chile, las que llegaron como compensación por la ayuda que le dimos a los británicos en la reconquista de las Falklands.
También fue de ayuda el que las Fuerzas Armadas chilenas no bajaron la guardia después de diciembre del 78, en donde les mostraron los dientes a los argentinos, manteniendo un alto grado de alistamiento, el que se reforzó en 1982 cuando los argentinos invadieron las Falklands, ya que bien sabíamos que, si eso les resultaba, había altas probabilidades que volvieran a intentar colocar presión sobre Chile o repetir lo de fines del 78.
La historia con Argentina nos enseña que resulta con ellos y ayuda a la convivencia ser duros y claros, no pagando el ser buenistas o entreguistas. Funciona respetar los tratados, y tener Fuerzas Armadas bien equipadas y entrenadas para hacerlos respetar. Si hacemos eso y ellos se portan bien, podemos ser buenos vecinos, y vivir en paz y amistad.
Y para finalizar, claramente no ayuda actitudes infantiles como las demostradas recientemente por los líderes de ambas naciones, dejando al Papa Francisco solo con el canciller Van Klaveren, el embajador argentino y diplomáticos presentes. El TPA del 84 no se cuida solo, hay que ayudarlo, ya que de lo contrario sólo pasa a ser letra muerta.
En memoria de los diplomáticos y militares que lograron llevar a la Argentina a la mesa de negociaciones, que se aseguraron de que no la dejara, y por, sobre todo, que aceptara firmar el Tratado de Paz y Amistad el 29 de noviembre de 1984.

Excelente!!
El Ejercito tuvo un notable incremento de fuerzas, sobre todo en la zona de Magallanes, con la presencia de 4 grupos blindados inexistentes en 1978, perfectamente entrenados y equipados, con capacidad de combate nocturno y con un brillante CJ conduciendo la VDE
Muchas gracias Daphne y Carlos. Carlos en que años habría ocurrido lo que indicas. Yo estuve destinado en la zona entre el 87 y 88 y lo que indicas es efectivo, pero no tengo claro cuándo sucede. Si se que no fue una compensación británica.
Muchas gracias y saludos, R
El llamado “principio bioceánico” existe, pero solo hasta el paralelo 52 de latitud sur.
Lo antedicho sobre la base del artículo I del TRATADO DE LÍMITES ENTRE CHILE Y ARGENTINA (firmado en Buenos Aires el 23 de julio de 1881) y los artículos Primero y Segundo del PROTOCOLO ADICIONAL DEL TRATADO DE LIMITES DE 1881 (firmado en Santiago el 1 de mayo de 1893).
A continuación se transcribe un extracto de los artículos Primero y Segundo del precitado Protocolo:
«PRIMERO. Estando dispuesto por el artículo primero del Tratado de 23 de julio de 1881, que «el límite entre Chile y la República Argentina es de norte a sur hasta el paralelo 52 de latitud, la Cordillera de los Andes», y que “la línea fronteriza correrá por las cumbres más elevadas de dicha Cordillera, que dividan las aguas, y que pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y a otro», los Peritos y las subcomisiones tendrán este principio por norma invariable de sus procedimientos».
«SEGUNDO. Los infrascritos declaran que, a juicio de sus Gobiernos respectivos y según el espíritu del Tratado de Limites, la República Argentina conserva su dominio y soberanía sobre el territorio que se extiende al oriente del encadenamiento principal de los Andes, hasta las costas del Atlántico, como la República de Chile el territorio occidental hasta las costas del Pacífico; entendiéndose que, por las disposiciones de dicho Tratado, la soberanía de cada Estado sobre el litoral respectivo es absoluta, de tal suerte que Chile no puede pretender punto alguno hacia el Atlántico, como la República Argentina no puede pretenderlo hacia el Pacífico».
En cuanto a la mediación papal, cabría comentar que ella le permitió a Argentina una salida relativamente honrosa después de haber estado a punto de iniciar una agresión armada contra Chile y de haber desconocido el Laudo Arbitral de Su Majestad Británica la Reina Isabel II concerniente a la región del canal Beagle, cuyo cumplimiento estaba confiado “al honor de las naciones signatarias” del Acuerdo de Arbitraje o Compromiso firmado en Londres el 22 de julio de 1971.
Lo que disuadió a Argentina de iniciar tal agresión y de llevar a cabo su declarado propósito de apoderarse de parte del territorio chileno austral fue la prudente conducción de la gravísima crisis vecinal por el presidente Pinochet y su decidida, inclaudicable e inequívoca decisión de resistir a toda costa una agresión con todos los medios de fuerza disponibles; junto con el despliegue de todas nuestras fuerzas militares —navales, terrestres y aéreas, con el importante apoyo de carabineros— decididas a defender la soberanía nacional hasta “vencer o morir”.
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Magíster en ciencia política
Magíster en ciencias navales y marítimas
Autor del libro LA FRONTERA MARÍTIMA AUSTRAL. Una visión sociológica de nuestras conflictivas relaciones con Argentina. El Roble, Santiago, 2019.
Tiene toda la razón el columnista cuando dice: «La historia con Argentina nos enseña que resulta con ellos y ayuda a la convivencia ser duros y claros, no pagando el ser buenistas o entreguistas. Funciona respetar los tratados, y tener Fuerzas Armadas bien equipadas y entrenadas para hacerlos respetar. Si hacemos eso y ellos se portan bien, podemos ser buenos vecinos, y vivir en paz y amistad».
Lamentablemente, ha sido una constante histórica la hostilidad de Argentina hacia Chile (actualmente lo vemos, por ejemplo, con las trabas que pone al tráfico marítimo entre Chile y las islas Falkland o Malvinas o con sus pretensiones de soberanía sobre el Estrecho de Magallanes; no obstante lo establecido clarísimamente en el Tratado de Límites de 1881 y en Tratado de Paz y Amistad de 1984), así como la debilidad e ingenuidad de Chile, que profesa una sincera y leal amistad con la República Argentina.
El problema es que no es uno el que especifica al enemigo, sino que basta con que otro lo considere como tal para que lo sea; a pesar de los sentimientos de amistad que uno sienta por el otro. La designación de si uno es amigo o enemigo depende del otro, de cómo lo percibe. De tal forma que por pacífico que se sea, no se puede prescindir de esta noción de enemistad. Por mucho que un sujeto ame la paz, la realidad de la enemistad en la política siempre se le escapa, no puede controlarla.
Al respecto cabría citar a Adolfo Ibáñez Gutiérrez, quien dijo: “No podemos juzgar el porvenir, sino por la experiencia del pasado”. Parafraseando lo manifestado por el general J. F. C. Fuller en su libro “La dirección de la guerra”, podríamos decir que el argentino de hoy solo puede explicarse por el argentino que fue y nunca por el que quisiéramos que fuese, ávido deseo del pacifista chileno.
Adolfo Paúl Latorre
Hola Richard, en 1982, M51 israelitas y AMX30 franceses
Muchas gracias Carlos, muy amable.
Saludos, R