¡Qué complejo es saber por quién y por qué decide votar cada persona en una elección presidencial! Sin embargo, tantos analistas políticos parecen saberlo con tanta certidumbre. En esa decisión, ¿cuánto habrá de emocionalidad y racionalidad? ¿Cuánto se votará por “sentirse reconocido en el candidato” o “cercanía” (como se puso de moda recién), por pertenecer a la misma clase social, por situación personal del momento, por los problemas que le preocupan, de creencias en los culpables de sus problemas o fe en quienes los solucionarán, por compartir ideología, etc., etc.? ¿Cuánto habrá de decisión por varios de esos factores simultáneamente, y cuánto variarán las ponderaciones de ellos en cada elector y momento?
El caso es que ya tenemos a casi todos “los pingos en los partidores”, como le gustaba decir a mí amigo hípico Edgardo Boeninger. Andan algunos todavía intentando entrar a la pista, pero en verdad tendremos que elegir ahora sólo entre tres. Después en diciembre deberemos elegir a uno entre los dos ganadores dentro de ese trío. Todos sabemos quiénes son los tres posibles: Kast, Matthei y Jara. ¿Por cuál de ellos tres votar en este noviembre? ¡That is the question, now!
Antes de expresar mi preferencia y fundamentarla, necesito hacer tres observaciones. Una es que me impresiona el alto número de personas de derecha que se estarían inclinando por Kast en las últimas semanas. Parece surgir de nuevo la ilusión de la “mano dura” y “law and order”. Lo mismo que hace cuatro años atrás los llevó a abandonar a Sichel. O el maximalismo republicano que impidió aprobar (en el segundo plebiscito) una Constitución legitimada con una reforma que hiciera gobernable al país. Están a la vista las nefastas consecuencias de esas decisiones. ¿Por qué estarán de nuevo tropezando en la misma piedra? ¿Cómo convencer a esas personas que ese camino tiene peligros serios, como ocurrió el 2021?
La segunda observación sobre el estado de situación actual, es la euforia emocional del resultado de Jara esta semana. Parece que se tratara del descubrimiento de una nueva estrella de Hollywood. O que ya ganó la presidencial. Mucha ilusión y espejismos. Difícil que duren un par de semanas más. Sacó apenas 140,000 votos más que los 700,000 que obtuvo Jadue el 2021, comparado con los 1,050,000 que sacó Boric entonces. Jara se podrá parecer mucho a la Bachelet del 2006, pero no tiene detrás un Lagos y su exitoso gobierno. Por el contrario, detrás tiene el fracaso anunciado de Boric. Eso es muy decisivo. Es muy difícil que los indecisos en el próximo noviembre dejen de preguntarse, ¿votaré para que siga el gobierno actual otros cuatro años más? Bastará que esa pregunta se instale en las redes, noticias y debates del momento para que las chances de Jara bajen mucho, por más simpatías que se desplieguen.
La tercera observación es no olvidarse de todo lo que puede cambiar en los cuatro meses que restan, recordando -entre otras cosas- lo que pasó hace cuatro años atrás con Sichel, Boric y otros.
Una elección presidencial no consiste en escoger racionalmente cuál es la persona más competente para gobernar el país en toda circunstancia. Es más bien escoger entre quienes están disponibles en el momento específico de la votación, por un cúmulo heterogéneo de condiciones pasadas, muchas de ellas fortuitas; de casualidades y circunstancias imprevistas. No existen candidatos perfectos ni ideales. Se vota por lo que uno estima mejor entre lo que hay. Y entre los tres disponibles ahora no tengo dudas, ni dónde perderme. La mejor es Matthei, a pesar sus defectos, sus errores y lo aproblemada que pueda verse en este momento. ¿Por qué? Por tres motivos simples.
Para empezar, porque las alternativas son muchísimo peores. Kast -en un resumen que puede ser injusto en lo personal, pero representativo y sintético de la postura de sus adherentes-, es la ilusión derechista y populista de volver a la “mano dura” de Pinochet. Esto lleva a continuar en el péndulo que nos tiene paralizados, saltando de un extremo al otro. Ya conocemos eso en nuestra historia. Necesitamos detener el péndulo -como lo aprendimos a hacer por casi 30 años- y abrir un nuevo camino de estabilidad con progreso gradual por décadas. Jara (idem), es la ilusión izquierdista de la UP de Allende, del paraíso en la tierra a través del estatismo: “que todos los problemas se resuelven con más Estado”. Matthei es más pragmatismo, realismo de verdad y proyección a un futuro confiable.
En segundo lugar, Matthei hace tiempo que parece haberse convencido que el progreso, la mayor igualdad y la estabilidad social, se consiguen uniendo a los chilenos en pos de metas comunes, y no dividiéndolos ni enfrentando a unos contra otros. En ese sentido se parece más a lo que hizo Aylwin, y no Bachelet ni Boric. No es una persona que cree que las sociedades progresan gracias a la lucha de clases, como lo cree Jara desde su más tierna infancia cuando estudió a Marx para hacerse miembro del Partido Comunista. La unidad que se ha propuesto lograr Matthei se consigue a través acuerdos con quienes piensan distinto, con quienes han estado en veredas opuestas antes y se pueden haber considerado enemigos. Pero, para lograr acuerdos, hay que respetar al adversario y considerarlo un legítimo otro en la convivencia nacional. Con derecho a expresarse y actuar libremente dentro del marco de la ley y la constitución vigentes. Y ese actuar es dentro de las instituciones establecidas, y no con uno o dos pies en la calle ni con violencia. Matthei es capaz tender la mano a los distintos; construir puentes para caminos nuevos. Y -algo clave- sus adversarios circunstanciales de hoy están más dispuestos a estrechar una mano extendida por Matthei, comparado con lo mismo hecho por Kast o Jara. Se necesita la disposición de los dos lados para alcanzar los acuerdos que requiere el país.
En tercer lugar, Matthei es, entre los tres candidatos con opción real, la más capaz de hacer que Chile vuelva a crecer económicamente. Chile lo necesita urgentemente para cubrir los déficits que tenemos en las cuentas públicas, en vivienda y para elevar el empleo. Lo lograría no sólo porque es una economista con larga experiencia parlamentaria y porque fue parte del último gobierno que hizo crecer al país, sino porque también sabe que el crecimiento se logra uniendo esfuerzos, con acuerdos que generen estabilidad política y social. Y tiene experiencia en gestión y trabajo en equipo como lo demostró siendo alcaldesa.
No necesitamos una presidenta que sea por sobre todo empática y cercana. Tampoco un iluminado. Ya es tiempo de dejar los experimentos e improvisaciones. Es tiempo para hacer las cosas bien y con responsabilidad. Eso es lo que puede hacer mejor Matthei.

Ummmmm, parece que hubo contubernio de diagnosticos y pseudas opiniones objetivas….muy obvio
Notable analisis