Cabotaje

El Premio Nobel de Economía lo ganaron este año dos economistas que escribieron un libro que además ha sido sorprendente bestseller con el sugerente título de “Por qué fracasan los países”, 2012. Tal vez pueda enseñarnos algo a los chilenos que, si bien no creo que estemos aún fracasando como país, nos estamos acercando mucho a eso con tantos años de estancamiento político, social y económico.

No se trata de un Nobel más ni de un libro cualquiera. La academia sueca les concedió el premio porque consideró que los autores “han demostrado lo importante de las instituciones políticas y sociales para la prosperidad de un país. Las sociedades con un Estado de derecho deficiente e instituciones que explotan a la población no generan crecimiento ni cambios para mejor. La investigación de los galardonados ayuda a entender por qué’’.

¿Qué plantean entonces estos autores?  Fundamentalmente entregan evidencia de que “el éxito económico de los países difiere debido a las diferencias entre sus instituciones’’. Su progreso o fracaso depende de si logran conformar uno de dos tipos de instituciones políticas y económicas: las que llaman Inclusiva o Extractiva. No extractiva en el sentido que explote o no recursos naturales, sino en el de instaurar un orden político social en que una élite extrae rentas económicas de las mayorías para beneficio de esa élite. Por su parte “para ser Inclusivas las instituciones económicas deben ofrecer seguridad a la propiedad privada, un sistema jurídico imparcial y servicios públicos que proporcione igualdad de condiciones, en que las personas puedan realizar intercambios y firmar contratos, además de permitir entrada de nuevas empresas y la destrucción creativa”.

Lo anterior parece de sentido común o de Perogrullo. Sin embargo, lo valioso que aportan los autores es la inmensa cantidad de evidencia y ejemplos de cómo y por qué muchas sociedades no generan esas instituciones. Lo hacen con una visión ecléctica y no ideológica. Revisan con la misma distancia desde la historia de los egipcios antes de Cristo hasta la del 2011, la edad media europea, Asia central, China, los mayas, los aztecas y México actual, el Congo, Rodesia y otros en África hasta comparaciones actuales de parte de Laredo en México y Laredo-EE.UU., pasando por Argentina, Corea, Singapur, Somalia y muchos más.

Destacan que “todas las instituciones económicas están creadas por la sociedad”, p 108. En Corea del Norte por el Partido Comunista en 1940 y en América Latina impuestas por los conquistadores españoles. “La política es el proceso mediante el cual una sociedad elige las reglas que la gobernarán”. Y “aunque las instituciones Inclusivas puedan ser buenas para la prosperidad económica de un país algunas personas o grupos, como la élite del Partido Comunista en Corea del Norte o los propietarios de plantaciones de caña en Barbados colonial, estarán mucho mejor estableciendo instituciones que sean Extractivas. Lo que suceda dependerá de qué personas o grupos ganen el juego político: quién consiga más apoyo, recursos y forme alianzas más efectivas”.

Las instituciones políticas son determinantes en el resultado de este juego. Las reglas que establecen los incentivos en política, que determinan cómo se elige al gobierno y que parte de este tiene derecho a hacer qué. “Si el reparto del poder es restrictivo, pero es ilimitado para quien lo adquiere, las instituciones son absolutistas, como las monarquías que reinaron el mundo sobre gran parte de la historia. Como las de Corea del Norte hoy y la América Latina colonial que establecieron instituciones económicas para enriquecerse y aumentar su poder a costa de la sociedad”, p.109. Y agregan, “las instituciones políticas y económicas extractivas en Latinoamérica han perdurado, condenando así a gran parte de esta región a la pobreza. A Argentina y Chile les ha ido mucho mejor porque allí había pocos pueblos indígenas y riquezas minerales, por lo que los españoles les prestaron menos atención”, p. 153.

También profundizan en factores claves para generar instituciones Inclusivas o Extractivas, como un Estado en forma, la historia, lo que llaman “coyunturas críticas”, las tecnologías y otros pocos. Todo esto basado en registros de cantidad de eventos económicos en la evolución del feudalismo, la servidumbre en Rusia, el comercio colonial, las revoluciones inglesa y francesa, la esclavitud, etc.

Hay tres motivos por los que encuentro muy valioso que el Nobel fuera adjudicado a estos premiados este año. Primero, porque amplían el estrecho marco de la economía neoclásica tradicional enseñada en las actuales universidades. Que los ganadores sean admirados profesores del MIT y Chicago, nada menos, ayuda a darle fundamento y credibilidad a eso. Vean las elocuentes recomendaciones del libro por parte de seis premios nobeles anteriores. Podría ayudar a cambiar la enseñanza de economía en las universidades. Los profesores chilenos debieran leerlo y darlo a leer. Salirse así de tanta matemática y visiones mecanicistas de la era ya superada de Newton.

Segundo, el premio y el libro son seria competencia a “El capital” de Marx, que es una interpretación tan primitiva, elemental e intencionada de la historia de los sistemas económicos, sin desconocer su mérito en su tiempo. El libro que comentamos podría ayudar a limitar los seguidores de visiones tan estrechas y dañinas. Tercero, puede abrir la mente de las autoridades participantes en formulación de políticas y creación o gestión de instituciones a considerar bien el peso y formas de influir de la historia y la política en los éxitos y fracasos. Salirse de tanta ideología y conceptos atrasados.

Sobra destacar la vigencia de este libro y su tesis para Chile. Invito a leerlo. Concluyo sugiriendo que puede darnos pistas para salir de la llamada “trampa de ingresos medios”. Podría hacerse extendiendo este enfoque para considerar la alianza entre dirigentes de partidos políticos y parlamentarios (en especial de izquierda) con egresados universitarios y profesionales con visiones idealizadas del Estado, aspirando a trabajar en él, quienes junto a sus funcionarios estarían conformando una Institucionalidad política Extractiva. Puede ser la élite actual que paraliza el progreso como lo hicieron tantas veces en la historia los monarcas y nobles en ese caso, por ejemplo, impidiendo el comercio hacia nuevas regiones, o la introducción el ferrocarril en Rusia al mismo tiempo que en Inglaterra, etc. Con la gravedad que aquí se hace impidiendo una provisión mayor y mejor de servicios sociales públicos, como los de salud, previsión y otros que afectan tanto a los pobres: el sector usuario explotado por esa élite. Se realiza admitiendo sólo la oferta estatal de hospitales o pensiones con grandes ineficiencias o baja productividad. Se frena así el pluralismo y la competencia regulada indispensable para el crecimiento y la redistribución de ingresos. Esta situación surge en casos como Chile cuando crece tanto una clase media profesional emergente. Por aquí puede estar la raíz principal de la trampa que nos tiene estancados.

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