Aunque las encuestas son siempre fotos del momento y el ánimo de la opinión pública cambia con facilidad, la creciente percepción de que el país avanza por un mal camino es una señal de alerta para el gobierno del Presidente José Antonio Kast que se acerca a cumplir su primer mes en el poder.

Aunque los gobiernos tengan una hoja de ruta clara y precisa, gobernar siempre implica enfrentar crisis imprevistas y tormentas que obligan a desviar temporalmente el rumbo. La guerra en Irán produjo un shock de precios del petróleo que ha hecho mucho más cuesta arriba la recuperación del crecimiento económico. La guerra no es culpa del gobierno de Kast. Tampoco es responsabilidad del gobierno que la administración anterior haya sido fiscalmente irresponsable. Pero la polémica decisión del gobierno de Kast optar por traspasar el shock de precios en su totalidad a la población sin un plan de gradualidad (que hubiera implicado mayor endeudamiento público) va a tener consecuencias negativas en la economía que pudieran terminar saliendo más caras que lo que hubiera implicado un mayor endeudamiento público para amortiguar parcialmente el shock externo.

Para un gobierno que llegó al poder prometiendo responsabilidad fiscal y crecimiento económico, la decisión de privilegiar la responsabilidad fiscal por sobre el crecimiento no va a ser gratis en términos de aprobación presidencial y apoyo en el Congreso. Peor aún, cuando el gobierno decide flexibilizar su compromiso con la responsabilidad fiscal y retrocede en su promesa de reducir el 3% del presupuesto en todos los ministerios, la gente rápidamente concluye que el gobierno le pide al pueblo un sacrificio que el propio gobierno no está dispuesto a hacer cuando se trata del gasto público.

Otra razón que a veces fuerza al gobierno a cambiar el rumbo son los errores no forzados que cometen altos funcionarios, y que son magnificados por la prensa y por la oposición. Para minimizar la ocurrencia de esos errores, los gobiernos a menudo optan por nombrar personas con experiencia en política. Pero el Presidente Kast optó por nombrar varios ministros con nula experiencia anterior en el sector público y en posiciones que requieren de acabada experiencia política. Las ministras de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la Secretaría General de Gobierno, Mara Sedini, han hecho noticia más por sus polémicas y errores que por sus aciertos. Eventualmente, los ministros aprenden de sus errores, pero el costo de nombrar personas con poca experiencia en política no es trivial. Peor aún, la responsabilidad por esos errores no forzados termina siendo del Presidente que tomó el riesgo de nombrar personas sin experiencia.

Por múltiples razones, a menos de un mes de iniciado el gobierno, una mayoría de los chilenos ya cree que el país avanza por el camino equivocado. Si durante la segunda mitad de 2025, muchos chilenos, anticipando una victoria electoral de la derecha, creían que el país iba tomando un mejor camino, después de la victoria de Kast, una mayoría de los chilenos declaraba que el país iba por un buen camino. Cuando Kast asumió, el 57% de la gente creía que el país iba por buen camino. Sólo el 26% pensaba que el país estaba en un mal camino. Antes de que el gobierno cumpla su primer mes en el poder, un 52% de los chilenos cree que el país va por mal camino y sólo un 40% cree que Chile va por un buen camino. Aunque ese es un dato muy preocupante, el hecho de que el gobierno recién empieza permite que, con medidas precisas y concretas, La Moneda pueda corregir rápidamente el rumbo.

El riesgo es que esas medidas no se tomen, o no sean suficientes, y que se instale en la opinión pública la percepción de que el gobierno simplemente no da el ancho para abordar los desafíos que enfrenta el país. Aunque el Presidente Kast ganó en segunda vuelta con un 58,2% de los votos, su apoyo en primera vuelta sólo fue de un 23,9%. Si no da señales concretas de que tiene una hoja de ruta clara y de que tiene la habilidad, la voluntad y el liderazgo para poner al país en el sendero correcto, el Presidente Kast arriesga caer en la misma trampa de impopularidad estructural en la que estuvo atrapado su predecesor por casi todo su periodo.

La brusca caída en el porcentaje de aquellos que creen que el país va por el camino correcto es una advertencia —un canario en la mina de carbón— para el gobierno que recién inicia su camino. Si no corrige rumbo pronto y no toma medidas para evitar más errores no forzados, los chilenos perderán la esperanza y el país seguirá en este sendero de malas noticias y descontento en el que hemos estado atrapados estos últimos años.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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