El octubrismo es como un mono porfiado. Muchos han anunciado su muerte constantemente, tras episodios como el triunfo del Rechazo en el plebiscito de salida de 2022, o las fehacientes muestras de afecto tras la muerte de Sebastián Piñera, pero nada de esto ha logrado eliminar ese sentimiento escondido por el caos y el desorden provocado en las semanas siguientes al 18 de octubre. De hecho, hace algún tiempo publiqué, en estas mismas páginas, una columna similar, llamada “el octubrismo ha muerto; viva el octubrismo”, y hoy veo con desesperanza que dicha columna no sólo mantiene su vigencia, sino que además ha ido evolucionando.
Así es. Hoy estamos presenciando la asunción de una nueva versión del octubrismo. Un octubrismo pop, que se está logrando sacar los viejos trapos de lo más desgastado de esa época, y que en cambio pretende vestirse con nuevos colores y sabores.
Este octubrismo pop tiene ritmo y tiene rima. Calza muy bien con lo cantado por Víctor Jara en su “El hombre es un creador”, cuando señala “Me mataron tantas veces, por levantarles la voz”. O también, sonaría muy bien dentro de “La Cigarra”, himno compuesto por María Elena Walsh e inmortalizado por Mercedes Sosa, que comienza diciendo “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí. Sin embargo estoy aquí, resucitando”.
Sí, el octubrismo ha resucitado y ha vuelto a la vida, pero ocupa nuevas ropas. Y como cualquier fenómeno pop, se hace parte de la cultura, del paisaje, y se vuelve tremendamente atractivo.
¿No me cree? Es cosa de revisar la entrevista dada por Natalia Valdebenito en el late “Todo va a estar bien” de Eduardo de la Iglesia. En aquella oportunidad, la comediante reconoció que se sentía decepcionada de haber apoyado y votado por el Presidente Boric, debido a su enfoque proteccionista de la policía, y por no haber dado justicia “a los presos de la revuelta”.
Y esto está lejos de ser un hecho aislado. El columnista Daniel Matamala, referente para buena parte del frenteamplismo, ya le ha dedicado dos columnas al tema. En la primera, Matamala también critica al Presidente por tibio y light. Pero es más peligrosa y compleja la segunda: aquí el periodista construye un relato mucho más interesante desde el punto de vista del storytelling, y por lo mismo, mucho más persuasivo. En un arranque de este octubrismo pop, Daniel Matamala pasa revista a los puntos más positivos que tuvo la revuelta, incluyendo -por supuesto- la alabada “marcha más grande de la historia”, acontecida el 25 de octubre, una semana después de comenzados los graves desmanes. Y claro, todo el desorden y violencia son excluidos de la foto, pues el columnista se centra en los “negacionistas” que trataron de restarle importancia a esa marcha, y a todo lo que vino después.
Pero el negacionismo, a mi juicio, es otro. Es precisamente lo que olvidan los octubristas pop.
Olvidan, por ejemplo, que el mismo 19 de octubre, ya había una intención de desestabilizar el orden democrático, al presionar por la renuncia del Presidente Piñera. Olvidan, también, que el domingo 20 de octubre, el gobierno logró armar una sesión del Congreso, para revertir el aumento de los 30 pesos en el transporte público -la causa más inmediata de las protestas- y, de forma atónita, muchos parlamentarios de izquierda se negaron a aprobar la rebaja, porque era el momento de estar en la calle, y no en el hemiciclo. Olvidan, por último, que luego incluso del pacto por la “Paz social y la Nueva Constitución” se avanzó bastante en un mecanismo para redactar una nueva Constitución, pero no se avanzó nunca en la paz social. Al contrario, se acusó constitucionalmente al Presidente de la República y al Intendente de la Región Metropolitana por defender el orden público. Y hoy, incluso, a casi cinco años de aquel momento aciago, el General Director de Carabineros aún sigue sufriendo las consecuencias de tener que poner paños fríos a una ciudadanía que parecía desfondada.
Todo eso sigue siendo el octubrismo, aunque hoy se le intente vender como algo inofensivo. Por eso es tan complejo que un parlamentario comunista llame a hacer “presión social” desde la calle, y que el Presidente de uno de los partidos más cercanos a La Moneda haga eco de dicho llamado. Porque la institucionalidad y el estado de derecho no se pueden dar nunca como hechos ciertos, sino que se necesitan construir y defender constantemente. Y si la clase política no da señales fuertes en dicha dirección, puede que terminemos nuevamente abrazando la violencia, el caos y el fuego. Y entonces, nos daremos cuenta de que el asunto aquel no tiene nada de pop.

El llamado a poner paños fríos, como ud indica, no es tarea de Carabineros, y en buena hora que lo hicieron. Esa es tarea del nivel político, especialmente en Chile del Pdte, pero ese pdte no lo hizo, fue pusilánime, cobarde y traidor
El resultado palpable de tranzar con el COMUNISMO.- ya sabemos quien no tuvo el coraje de enfrentarlos.-