Es imposible saber cuánto influyó, en el triunfo del Rechazo de 2022, el deplorablemente episodio de Las Indetectables en Valparaíso… pero algo debe haber influido. Aunque las encuestas hacía rato que marcaban una tendencia a favor de rechazar la propuesta constitucional refundacional, la grosera insolencia contra la bandera chilena sin duda enardeció los ánimos y puede haber animado a rechazar a más de algún indeciso.
La performance terminó siendo un signo de los tiempos, y prueba de ello es que en lo sucesivo (elección de consejeros y segundo plebiscito de salida) hasta los más radicales grupos de izquierda se mostraron muy medidos, evitando a toda costa exhibir cualquier resabio de caos, desorden y, derechamente, octubrismo.
De hecho, tras el triunfo del Rechazo el 4-S de 2022, muchos dieron por enterrado el octubrismo. Sin embargo, todo parece indicar que estamos lejos de eso.
Tras un nuevo rechazo -esta vez de la propuesta comandada por consejeros republicanos y de Chile Vamos en 2023- a la izquierda más dura le llegó un segundo aire, una suerte de impulso, un ánimo resurreccional. Para algunos, los más sensatos, este nuevo aliento se ha traducido en un intento por retomar la agenda programática del oficialismo, abandonada quizás desde el ya mencionado 4-S. Pero para otros, los más exaltados, el triunfo del En Contra fue como abrir un candado que dejó libre espíritus, esqueletos y fantasmas encerrados en el clóset por mucho tiempo, probablemente desde el famoso show de las Indetectables.
Y el término del encierro se ha hecho sentir.
Por un lado, el episodio de las pensiones de gracia y la detención del indultado Luis Castillo se ha convertido en harto más que un simple dolor de cabeza para el Gobierno. Es la demostración de que, para mucha gente de esta administración, el octubrismo sigue siendo un asunto de heroísmo y valentía.
Por otro lado, la prerrogativa de Chong y Armendáriz ha demostrado que hay fiscales que se mueven más por ideología que por el orden público. La incursión de estos fiscales contra el General Director de Carabineros, Ricardo Yáñez, ha resultado además ser un dilema para el propio Presidente de la República, quien tiene una buena relación con el general Yáñez, pero ha evitado resolver si lo está apoyando o no.
No obstante, los signos del débil retorno del octubrismo no terminan ahí. Hace pocos días atrás, Inti Illimani cerraba su temporada 2023 con un concierto, en el cual entonaron -era que no- “El pueblo unido jamás será vencido”. El problema es que, junto con la música, comenzaron a mostrar fuertes imágenes de toda la violencia y desorden generada tras el 18 de octubre, con mensajes alusivos al Perro Matapacos y cuñas del tipo “Piñera Asesino”. Visto desde afuera no parece gran cosa, pero en su momento, fue un instante complejo e incómodo para los asistentes moderados como el que escribe, los que éramos una minoría frente a la gran masa que ovacionaba esta “oda al octubrismo”.
Y no se engañen; no era lumpen. Era una élite, si se quiere una élite progre, que fue capaz de pagar hasta cerca de cien mil pesos para ver a este extraordinario grupo, en un pituco teatro de Providencia.
¿Estaremos, entonces, ante el renacer del octubrismo?
Me atrevo a decir que, en el corto plazo, no. Mientras el Frente Amplio y el PC sigan en el poder, es evidente que no habrá suficiente fuerza en las calles. Pero tenemos que saber que, si pierden el poder, habrá no pocos incentivos para volver a generar violencia popular. Porque les es rentable, porque saben cómo hacerlo y, sobre todo, porque creen en ella.
No se trata, por supuesto, de generar miedo, ni menos de decir que Apruebo Dignidad debe gobernar para siempre, porque así tenemos la calle tranquila. Pero es mejor estar atentos y tomar las prevenciones del caso. Y para eso, tenemos que estar unidos, todos los que creemos en la paz social, de izquierda y de derecha.
Hace un par de días me tocó coincidir en un panel televisivo con el alcalde de Cerro Navia, Mauro Tamayo. Un ex comunista, que a pesar de no seguir en la tienda de Gladys Marín, se sigue sintiendo oficialista. Pero a pesar de su cercanía con el mundo de Apruebo Dignidad, en dicho programa de TV, Tamayo fue enfático en decir que ninguna protesta, ningún tipo de rabia contra la autoridad, puede provocar violencia, ni saqueo de supermercado, ni destrucción de semáforos.
Esto es clave. Cuando el octubrismo decida volver a levantarse y esté buscando apoyos, visiones como la de Tamayo y muchos otros, desde la izquierda hasta la derecha, serán absolutamente claves. Podemos discutir sobre distintos temas; podemos tener visiones completamente distintas sobre políticas públicas. Pero en una cosa al menos tenemos que coincidir: con violencia, ni a la esquina.

Ergo, queda clarisimo, una vez más, que el 18 de octubre de 2019, no fue un «estallido social» como mañosamente tratan de venderlo los medios de comunicación tradicionales, sobre todo la TV. Fue una asonada comunista con intención de derribar a un gobierno democraticamente elegido hace un corto tiempo antes, e instaurar una dictadura comunista