Al terminar el mes de abril, una vez concluido el plazo de inscripción de elecciones primarias, publiqué en este mismo espacio una columna que titulé “Cada oveja encontró su pareja”. En ella celebraba la decisión de la extrema derecha -que comenzaba a autodenominarse “nueva derecha”- de dar por extinguida la idea de que constituía un solo sector con la centro derecha, lo que la había llevado a rechazar la posibilidad de una candidatura única con ésta. También lamentaba, como he hecho reiteradamente desde este espacio, que el Socialismo Democrático, y en particular el Partido Socialista, no se decidiera a hacer lo mismo atreviéndose a reconocer que su visión de la democracia y su proyecto político para el país son diferentes de los del Partido Comunista y el Frente Amplio.

Hoy, a apenas algo más de una semana de que concluya el plazo para la inscripción de las candidaturas que estarán en juego en noviembre próximo, la novedad con relación a ese escenario es la candidatura de Franco Parisi. En un sentido estricto él no es una novedad pues ya se conocen, de la anterior elección presidencial, su desfachatez -quizás lo más próximo en Chile al estilo de Donald Trump de hacer promesas sin preocuparse de lo ridículas o carentes de bases que estas puedan ser- y el sideral vacío que sus palabras aportan al debate nacional. Lo nuevo, aunque de ninguna manera sorprendente, es su alianza con Pamela Jiles. Era el maridaje perfecto entre el show business y la irresponsabilidad política y terminó por materializarse. ¿Qué se podía esperar de un candidato que ofrece como una de sus proposiciones presidenciales la reducción de la obesidad y una candidata a parlamentaria que no ofrece nada o, quizás, llegue a ofrecer impulsar un nuevo retiro de fondos previsionales?

En el oficialismo siguen como estaban al finalizar abril, dispuestos a mantenerse juntos, aunque no tengan mucho que ver entre ellos. ¿Qué los mantiene unidos?: ideas relativas a la “unidad de la izquierda” -eso entre los más viejos- y al antielitismo o cualquier otra consigna identitaria entre los más jóvenes; y, entre los que tienen algún cargo que proteger, la vaga posibilidad de conservarlo. Porque en materia de oferta de futuro para el país su candidata no ha ofrecido nada y más bien se ha dedicado a repudiar el programa que la llevó a ser electa candidata presidencial; y lo rechaza con tanto entusiasmo que es justo preguntarse si ella no votó por Carolina Tohá en la pasada primaria. Es el mismo entusiasmo con que proclama que ella no es lo que ha sido toda su vida (una abnegada y disciplinada militante comunista), al grado de no respetar una regla básica del tránsito que establece que no se debe adelantar por la derecha, pues ella no vacila en adelantar por la derecha a Carolina Tohá proclamándose social demócrata o al mismísimo José Antonio Kast en su distanciamiento de las ideas comunistas. Con relación a este último esfuerzo, el presidente del Partido Comunista se ha limitado a sonreír y tratar de simular indiferencia, cuando no formula frases que recuerdan al personaje de “Desde el Jardín” de Jerzy Kosinski… aunque nadie sabe hasta dónde le va a durar la paciencia. Los más mal pensados afirman que todo es un truco electoral fríamente ejecutado por la candidata y el dirigente, pero lo más probable es que no sea tal; y eso no porque los comunistas carezcan de sentido del humor (aunque tampoco es que les sobre), sino porque saben que todo tiene un límite y que el suicidio nunca ha sido una buena estrategia para sobrevivir: eso más bien se lo dejan a los democristianos.

En cualquier caso y una vez abierta la temporada de caza de votos en el país, el tema de conversación y de disputa en el oficialismo no son las ideas ni los programas: el tema es cómo despostar a la bestia parlamentaria de modo que todos alcancen alguna presa en el banquete electoral de noviembre. Y tal parece que están llegando a la convicción de que eso no es posible, sobre todo si se tiene en consideración que los distritos más grandes sólo eligen ocho diputados (los otros sólo eligen cinco o tres) y luego de la incorporación de la DC a la repartición… ellos son nueve. Los partidos más pequeños del oficialismo están llegando así a la conclusión de que, aunque matemáticamente una lista única permite obtener más votos y elegir más diputados, no son esas matemáticas las que deciden qué diputados se van a elegir sino la composición de las listas; y a estas alturas están recién comprendiendo de que no serán ellos los que aparezcan en todas las listas. En fin, que todavía queda una semana de pujas y forcejeos, pero podría llegar a ocurrir que el mezquino cálculo electoral sea el que finalmente determine que en el oficialismo no sólo hay dos “almas”, sino también dos listas parlamentarias.

En la vereda del frente, se terminaron de aclarar las situaciones que ya se habían configurado en abril: la inexistencia de la derecha como “sector” y la inauguración de una realidad en la que una derecha situada en el extremo del espectro político e integrada por republicanos, social cristianos y nacional libertarios han concurrido a un pacto electoral que lleva el decidor nombre de “Derecha Unida” y levanta con orgullo sus banderas de intransigencia con el enemigo (y enemigo es cualquiera que no piense como ellos). Tanto denuedo muestran en este empeño que inscribieron tempranamente su programa electoral el viernes pasado, exhibiendo su cercanía con la obra de prohombres del extremismo de derecha en el mundo, como Javier Milei o Nayib Bukele.

La centro derecha, por su parte, parece haber abandonado todo falso pudor y, por intermedio de su candidata Evelyn Matthei y su nuevo coordinador estratégico Juan Sutil, exhibe su vocación de factor de aglutinación de un electorado que se extiende hacia la derecha y hacia la izquierda tradicionales mostrándose refractario a aventuras extremistas como ya demostró con su rechazo a los dos proyectos de reforma constitucional que se le presentaron en el pasado reciente. Por ello, mientras la izquierda democrática siga atada al Partido Comunista, a su enigmática candidata y al romanticismo de ideas de comienzos del siglo XX como la de “unidad de la izquierda”, la opción que ha levantado Evelyn Matthei y los partidos que la apoyan es la que representa más fidedignamente el espíritu de unidad e inclusión amplia con que experiencias como la Concertación de Partidos por la Democracia inauguraron el siglo XXI.

Y una última incógnita. Desde fines del año pasado Demócratas ha estado negociando su integración al pacto electoral conformado por Chile Vamos. Si finalmente se integran a ese pacto, presumiblemente Ximena Rincón bajaría su candidatura presidencial para eventualmente ser candidata a senadora. Pero si no se logra llegar a ese acuerdo se abre una interrogante acerca del futuro de ese partido, que podría ir solo a las elecciones parlamentarias como ya decidió Amarillos, o eventualmente en pacto con éste, lo que parece más lógico.

Pero, ya está dicho, todavía queda una semana para que ésta, como otras incógnitas, se aclaren.

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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