Esta semana muchos han hablado de un “nuevo clivaje”, una nueva forma de analizar la política que deja fuera la vieja idea del Sí y el No. Queda atrás, por fin, la transición y Chile inicia un nuevo camino. Nuestro país se “derechizó” y es probable que vuelva a ser gobernado por un amplio consenso al estilo “Concertación”, pero con un eje hacia la derecha. Chile eligió y fue electo José Antonio Kast con el 58,16% de los votos, con voto obligatorio. Más de 7 millones de chilenos optaron por “la Fuerza del cambio”, lo que supera ampliamente al 61,17% logrado por Michelle Bachelet en 2013, ya que ésta obtuvo menos de la mitad de esos votos. Esto convierte a Kast en el Presidente más votado de la historia de Chile y con su discurso de unidad y respeto, logra capitalizar ese hermoso 62% que rechazó la refundación y alejarse de las falsas acusaciones de “extremo”. Algunos dicen que su discurso fue “latero”, lo cierto es que fue serio, respetuoso y republicano. Es la vuelta a la cordura en política.
Podríamos decir que desde hace seis años se aparecieron en nuestra política los llamados “refundacionales”, quienes, con sus acciones y las consecuencias nefastas de las mismas, despertaron a “restauradores”. Esto no inició en 2019, venía de antes. La Concertación no fue capaz de defender lo hecho. Tampoco de reconocer que lo logrado se debía al cambio económico e institucional hecho por el gobierno militar. Ellos administraron el “milagro chileno” con éxito, pero no con el suficiente orgullo. Ese éxito dejaba claro para muchos que las ideas socialistas eran un fracaso y que el libre mercado traía mejoras reales a las personas. Chile dejó atrás la extrema pobreza que le era endémica y que alcanzaba a más del 50% de la población. La aplicación del modelo, ese que muchos odian y llaman peyorativamente “neoliberal”, permitió que Chile redujese la pobreza a 6,5% en su mínimo histórico. Hoy, con las malas políticas y pésima gestión, la pobreza ha aumentado y nadie está mejor. La izquierda llamada “democrática” perdió el rumbo al aceptar, bajo Michelle Bachelet, un nuevo conglomerado que dejaba atrás a la Concertación; la Nueva Mayoría, que incorporaba a los comunistas. La izquierdización se venía. Desde entonces, malas medidas. Reforma Tributaria que frenó al país. Reforma educacional que en vez de mejorar la educación para hacerla “gratuita y de calidad”, la empeoró, abandonando ideológicamente el mérito y el lucro. La calidad se deterioró a niveles lastimosos. La reforma al sistema electoral que dejó al país ingobernable. La reforma de financiamiento a los partidos políticos que, en vez de evitar los abusos, los aseguró, convirtiendo a la política en verdaderas “pymes” financiadas con nuestros impuestos. Esas malas ideas pavimentaron el camino a quienes “gritaban más fuerte” y quienes estuvieron dispuestos a literalmente “quemar el país” para hacerse del poder. Los marxistas, supuestamente renovados desde lo woke, el Frente Amplio aparecieron y encantaron a las masas.
Vivimos tiempos difíciles desde 2019, el «octubrismo” instaló la violencia y el relato fue “comprado” por muchos. Tal vez, por demasiados. La centroizquierda “se emborrachó” con los delirios refundacionales de “jóvenes soñadores”, inexpertos e irresponsables. Jóvenes de élite a quienes nunca les faltó nada y que con su administración empobrecieron al país y destruyeron empleos. La aplicación de la ideología tiene costos. Ellos no sabían que la riqueza se produce con trabajo y creatividad y se destruye con malas políticas. Chile comenzó a despertar en la llamada Convención, donde los impulsos totalitarios se hicieron ver. Chile siguió despertando al ver que en las primarias de la “supuesta” centroizquierda se imponía una comunista. Chile abrió los ojos al ver que en la Democracia Cristiana los más izquierdistas, esos que tienen miradas marxistas, se apoderaban del partido y los reales democráticos y cristianos tuvieron que formar nuevas coaliciones. Hoy incluso hablan de expulsar a Eduardo Frei Ruiz Tagle, “el chiste se cuenta solo”. La centroizquierda dejó de ser tal cuando asumió que eran marxistas. La presidenta de los socialistas dijo que eran un partido de izquierda a secas. Esa izquierdización, alentada por la locura, hizo a Chile despertar. Nació un gran “movimiento restaurador”, que cruza desde los libertarios a los sensatos de la ex concertación, esos que abandonaron el barco por decencia.
Hoy, con esta elección quedó claro que Chile entendió y que hay que retomar el camino. Hay que “enderezar la casa”, “apretarse el cinturón” y a convocar a los mejores. Hoy, salen “los practicantes” de La Moneda, dejando un Chile infinitamente peor del que querían. Soñaron más allá de la realidad y se toparon con la misma.
Hoy vuelve a sensatez y con un Chile despierto y claro, hay que enmendar el camino. Muchos estarán dispuestos a “arremangarse las mangas” para mejorar la gestión de todo. Habrá que auditar completamente al Estado, ya que la mala gestión permitió a “zánganos” y “parásitos” vivir del Estado, es decir de nosotros, sin realmente aportar. Hay que “hacer el aseo”, que la casa quede limpia y hacer bien la pega. Chile entra en una nueva etapa sin duda.

Excelente, como le es habitual
Excelente comentario!!