La mayor prueba es política, no electoral
La competencia queda establecida de la siguiente forma: la derecha tiene la primera opción, pero está dividida en bandos en competencia; la centroizquierda ha demostrado que puede ordenarse, pero falta saber tras de quién y de qué.
Pasado el primer momento, luego de las últimas elecciones el panorama se ha despejado bastante y se ha reducido el número de incógnitas. La derecha suma más votos en alcaldes, concejales y consejeros, y consigue en gobernadores una representación acorde a su tamaño real.
El oficialismo se impuso en materia comunicacional porque la prensa de oposición declaró a la Región Metropolitana la madre de todas las batallas y se quedó huérfana por propia voluntad. En Valparaíso, Chile Vamos equivocó el enfoque de la campaña y terminó por fortalecer a aquellos que quería combatir.
Los fríos hechos nos dicen que antes del fin de semana el oficialismo superaba a la derecha en alcaldes, concejales y concejeros regionales y ahora ocurre al revés.
¿Está todo dicho? No, pero sí quedan definidas las posiciones relativas antes de dar el pistoletazo de la partida presidencial. La buena noticia para todos es que el mayor desafío de ambos sectores es político mucho más que electoral.
La centroderecha peca de falta de imaginación. Ya tiene despejada la hegemonía de su sector y sus datos le informan que el electorado republicano la apoyaría en segunda vuelta. Aun así, no se le quita el susto, sigue pendiente de sus socios y continúan su cortejo, aunque eso a ellos no los conmueva en absoluto.
En Chile Vamos miran tanto de reojo al lado que terminarán turnios, cuando las respuestas las tienen dentro. Los moderados tuvieron mejores resultados que los polarizados del sector. Si hay algo inesperado en las elecciones últimas es que la UDI resistió, contra todo pronóstico, un embate nacional para que sus electores se trasladaran a Republicanos. Debieran reflexionar más sobre eso.
En la centroizquierda ha llegado el momento de la reconfiguración de agrupamientos y de liderazgos. Están próximos a concluir cuatro años del mandato de Boric y lo que viene puede ser cualquier cosa, menos la continuidad pura y simple de lo que hoy existe.
Los del frente también pueden ser aliados
El futuro inmediato es de los moderados porque así lo quieren los electores y son los que deciden. En el ala oficialista del espectro eso significa una expresión de social democracia en sentido amplio, y en nuestro país no puede ser, sino que algún tipo de Concertación adoptada a las exigencias de los nuevos tiempos.
Pero la dirigencia es remolona y actúa como si tuviera todo el tiempo disponible. Esto es algo inexplicable. Si de momento no se dispone de una coalición apropiada, ni abanderado, ni programa y los otros tienen más votos que tú, no se ve qué más incentivo se puede tener para movilizarse para acortar distancia.
Los que sólo se preocupan de ganar elecciones y no de otorgarle gobernabilidad al país no están dando el ancho y constituyen una opción colectiva por la decadencia nacional.
Chile Vamos conversa con sus socios Republicanos en el entendido que son los más próximos, y, por lo tanto, entra a una negociación con lo que tiene y no con lo que podría tener. Esa es la limitada perspectiva que les ha impedido una y otra vez ejercer un mayor liderazgo.
Los moderados de todos los sectores tienen mucho más en común en aspectos prácticos cuando se trata de concretar acuerdos amplios.
Si se prueba que los acuerdos se consiguen y que los vetos de los extremos no funcionan, la posición en la que se negocia es mucho mejor. Este es el único procedimiento compatible con la gobernabilidad del sistema democrático.
Como se puede ver, “moderado” no es sinónimo de “centro”. No se puede conformar para toda ocasión la misma mayoría. De hecho, lo único seguro es que buscar el entendimiento solo y siempre dentro de la misma ala del espectro político asegura estar cerca de la mayoría, pero no alcanzarla.
Además, este procedimiento permite que sean los elementos polarizados los que se potencian. Las propuestas más razonables, con mayor respaldo, se ven obligadas a adaptarse a las versiones más intransigentes, puesto que es allí donde se busca el complemento en vez de abrir la frontera y conseguir mayor estabilidad.
Propiamente no se trata de un chantaje porque nadie está obligando a otro a buscar apoyo con la prioridad y énfasis con que lo hace. Proceder de este modo se explica más por pereza mental que por una evaluación seria del mejor interés nacional.
Para peor, la centroderecha no facilita un cambio en Republicanos y esto puede ocurrir. Si Kast pierde nuevamente la elección presidencial, su liderazgo dará paso a otros, algo que no ha estado en carpeta hasta ahora. Incluso en el reino de los que creen tener siempre la razón puede haber matices cuando el escenario cambia.
Lo decisivo es establecer las líneas programáticas
A todo esto, se puede comprobar que el centro político está muy disminuido, producto de su fragmentación, pero que, de todas formas, se ubica en el espacio en disputa donde se hace la diferencia.
Este sector es el que está más al debe de la ciudadanía, porque antes se ha vaciado de contenido que de electores. Por acá, cuando alguien se quiere dar importancia, te dice que es de aquellos que aportan justo la diferencia que permite que una coalición importante supere el 50% en la elección presidencial.
¡Quién te viera, quién te ve! En la transición, el centro político marcó el rumbo del país y aportó el liderazgo principal. Ahora hay dirigentes a los que les alcanza sólo para convertir el dicho de “falta una chaucha para el peso” en su guía de conducta, sintiendo el orgullo de ser la chaucha.
Pero hay otra forma de mirar. El centro no es creíble si no practica para sí lo que predica para el país. Si propone el diálogo transversal como base de la gobernabilidad, bien pudiera practicarlo entre los próximos. ¿O no están más cerca unos con otros que Chile Vamos de Republicanos o que el PC de los liberales?
Si se identifican bases programáticas ahora, existirá una carta de navegación que permitiría influir en el conjunto del espectro, antepone una posición política y subordina los intereses de dirigentes en particular.
Al menos esta es la forma de pensar de quienes siempre han preferido seguir proyectos antes que a un líder, sobre todo en tiempo en que duran poco y se enchuecan mucho. Tomarse en serio la responsabilidad que se tiene es un primer paso, pero es el más importa.
