En sus cuatro años en La Moneda, Gabriel Boric repetidamente dejó en evidencia que había sido mucho más efectivo como diputado de oposición que criticaba los errores y desaciertos de los gobiernos que como la autoridad responsable de buscar solucionar problemas y enfrentar crisis. En sus ya casi nueve meses como Presidente de la República, José Antonio Kast ha sembrado dudas sobre si podrá ser tan efectivo solucionando problemas como fue criticando las fallas y traspiés que tuvieron los gobiernos del derechista Sebastián Piñera (2018-2022) y del izquierda radical Gabriel Boric (2022-2026).
En las últimas semanas, la porfía de Kast por mantener en su puesto a un Ministro de Justicia que ya ha quedado indeleblemente manchado por la polémica de la reducción de penas a decenas de condenados por abuso sexual le ha costado caro en su aprobación presidencial. Esta semana, la falta de conexión con las urgencias del país que lo han llevado a privilegiar un viaje a Europa que cuesta asociar con mejoras inmediatas en el empleo y en la crisis de seguridad probablemente contribuyan poco al esfuerzo por salir de la crisis en la que se encuentra el gobierno.
El viejo dicho de que otra cosa es con guitarra debiera llevar a todos aquellos que aspiran a ser Presidentes de la República a ser mucho más cuidadosos con las críticas que realizan a los errores que cometen aquellos que actualmente ostentan el poder. A diferencia de aquellos fanáticos del fútbol que desde la galería critican los desaciertos de los jugadores profesionales que están en cancha sabiendo que ellos nunca tendrán que demostrar sus propias capacidades en la cancha, los políticos que estando en la oposición critican las fallas y los desatinos de las autoridades a menudo olvidan que, si sus sueños se cumplen, ellos mismos tendrán que dar explicaciones por los errores que cometerán cuando lleguen al poder.
En sus activos y vociferantes años como líder estudiantil y diputado de oposición, Boric construyó un enorme corpus de declaraciones críticas sobre los errores, omisiones y faltas cometidas por los gobiernos de Piñera (2010-2014 y 2018-2022) y de la izquierdista Michelle Bachelet (2014-2018). En el segundo periodo de Piñera, en particular, Boric se desató con criticas destempladas y a menudo injustas contra el Presidente. Como candidato presidencial, Boric le advirtió a Piñera que sería perseguido por supuestas violaciones a derechos humanos cometidas durante su periodo. Como Presidente, Boric reculó. Tras el fallecimiento de Piñera, Boric le dedicó loas que nunca se dignó a decir cuando Piñera podía escucharlas.
Porque el dicho de como pecas, pagas tiene sus raíces en las experiencias cotidianas, Boric debió sufrir críticas igualmente duras que provenían del entonces candidato y líder de la oposición de derecha dura José Antonio Kast. Kast se hizo un festín criticando los errores y desaciertos -que vaya que los hubo- del gobierno que lideró Boric. En su campaña de 2025, Kast centró su mensaje en torno al profundo golpe de timón que daría desde La Moneda en caso de llegar al gobierno. Haciendo uso de metáforas (o más bien hipérboles) sobre el mal camino por el que iba el país, Kast dio a entender que, si los chilenos le daban los votos para que él fuera el Presidente, su gobierno sabría corregir rumbo y sacar al país de la crisis en la que, según él, Chile estaba sumido.
A nueve meses de iniciado su gobierno, una amplia mayoría del país cree que el país sigue por el camino equivocado. Por cada persona que aprueba el desempeño de Kast como Presidente, hay dos que lo desaprueban. La economía está estancada y los chilenos siguen atemorizados por la delincuencia. La gente cree que el gobierno tiene las prioridades equivocadas y los problemas se acumulan. En vez de demostrar que escucha el clamor de la gente, Kast contumazmente se niega a hacer los ajustes en su gobierno que le permitan superar la crisis. El Presidente parece tener más lealtad con sus amigos que con esa amplia mayoría que le dio su voto en segunda vuelta para que pudiera poner al país en el camino correcto.
Y esta semana, se fue de gira a Europa sin haber explicado exitosamente cómo esa gira va a mejorar la vida de los millones de chilenos que lo están pasando mal.
Para muchos, el Presidente se fue a un gustito para juntarse con sus aliados ideológicos de la derecha dura de Europa mientras el país sufre por las inclemencias del cambio climático, la falta de empleo y los precios que no dejan de subir. Como líder de oposición, Kast fue especialmente duro para relevar los problemas y errores que cometían los gobiernos que le precedieron. Ahora que él ocupa La Moneda, alimenta las dudas sobre su capacidad para hacer bien esas cosas que sus predecesores hacían mal y que denunciaba con admirable disciplina y constancia.
A menos que demuestre pronto que es tan bueno para solucionar los problemas como lo fue para criticar la incapacidad de sus predecesores para hacer bien la pega, Kast se va a sumar al grupo de presidentes que sistemáticamente tuvieron más rechazo que aprobación en sus años en La Moneda.

Si tuviera que resumir en una palabra el manejo que el Presidente y su equipo han hecho de esta crisis, sería decepción. A lo largo de tres campañas presidenciales, José Antonio Kast mostró liderazgo, visión de futuro y, sobre todo, sentido común. Así derrotó en las urnas al proyecto de Gabriel Boric.
Se esperaba un liderazgo distinto del que tanto se criticó. Sin embargo, con sus acciones y señales, el Presidente hace lo mismo que con tanto esmero reprochó. Cuesta entender la estrategia tras el silencio y la pasividad del gobierno ante una crisis que justifica con argumentos técnicos, cuando es fundamentalmente política. Nadie discute que la herramienta fuera legal y constitucional; lo que se cuestiona es que se haya beneficiado a condenados por delitos con una connotación social y política muy fuerte. No hace falta pertenecer a ningún sector político para rechazarlo; basta tener sentido común.
Por eso me genera muchas dudas que alguien de la altura y los valores del presidente Kast haga la vista gorda. Decepciona que pida apoyo para defender lo indefendible y que se pida callar justamente aquello que él siempre criticó.
Sé que es incómodo decirlo, pero sería bueno que el Presidente se mirara al espejo: que el candidato José Antonio Kast mire al presidente José Antonio Kast y advierta la incongruencia entre lo que dijo y lo que está haciendo.
El sentido común que tanto mostró en campaña es, hoy, justamente lo que más se echa de menos en La Moneda.
Daniel Reyes