Durante casi cuatro horas habló el Presidente Boric, siendo el más largo discurso presidencial desde el retorno a la democracia. En la primera parte utilizó una retórica amistosa, tendiendo variados puentes, para terminar más tarde hablándole a sus almas, endureciendo su discurso en relación con diversas críticas al Ministro de Educación, Elisa Loncón y otras más, y por supuesto, aludiendo a la celebración del 11-S.
Su interminable discurso estuvo lleno de detalles de iniciativas y acciones en diferentes regiones, zonas rurales, personajes populares, comunidades y agrupaciones, intentado demostrar lo mucho que habrían hecho en sus 14 meses de gestión; pero la verdad es que de logros estructurales no pudo mostrar mucho más que la ley de las 40 horas, el royalty minero, el copago cero y la ley relacionada con los deudores de pensiones alimenticias.
Dijo, complaciente, que la economía tuvo un mejor resultado el 2022 que lo estimado originalmente, aunque no señaló que ese 2,4% de crecimiento anual fue el más bajo de Latinoamérica y tampoco que llevamos seis meses con decrecimiento. Habló de su preocupación por el empleo, pero el desempleo sigue aumentando, alcanzando un 8,7% en el último trimestre. Tampoco comentó la caída de 2% en el índice de producción industrial en abril ni de los $110.000MM de pérdida que los grandes del retail han tenido este año, lo que implicó una reducción de más de 4.000 puestos de trabajo, ni de las caídas del Imacec de abril en 1,1%, del comercio en 7,7% y de la manufactura 2,5%. Y de crecimiento, nada.
Lo que resultó incomprensible fue su reiterada queja acerca de la burocracia estatal que traba todo y no permite avanzar, cuando acaban de contratar 96.000 nuevos empleados y el Estado no sabe cuánta gente trabaja en su interior. El costo de dichos funcionarios, suponiendo $1MM por persona, equivalen a US$1.440MM/año, calculado a $800/US$, lo que es prácticamente el monto de la requerida reforma tributaria. Y el Estado paga más que eso. Pero no fue todo, porque después de la queja contra la burocracia, manifestó que hay que cuidar el gasto fiscal, cuando acaban de derrochar $591MM en su fracasada y chapucera política del “gas a precio justo”.
Y en cuanto al desarrollo futuro de Chile, no quedó para nada claro qué quiere hacer, pues no sólo que todas sus promesas dependen de esos impuestos que pedirán en el Senado en julio, sino que como a las tres horas de discurso señaló que el país tiene que cambiar el modelo de desarrollo, sin aventurarse a decir cuál sería ese modelo ni si pretende realmente implementarlo.
Otro punto polémico fue su mención a que en su gobierno se han despachado leyes anteriormente inexistentes que apuntan a mejorar la seguridad, la inteligencia y el apoyo a Carabineros, cuando él y sus partners durante el gobierno pasado votaron en contra de todas las leyes pro seguridad, incluyendo las de inteligencia, anti barricadas, robo de madera, protección a los bomberos y por supuesto, querían disolver Carabineros.
Entonces pretender ahora que gracias al gobierno han mejorado los índices delincuenciales es no solo dudoso, sino que falaz, porque hasta hace poco el gobierno no había cumplido su compromiso de enviar 12 de las 31 leyes contra la delincuencia que habían acordado con la oposición, estando las otras 19 en el Congreso. Además, estuvieron en contra de la Ley Naín-Retamal y Boric indultó delincuentes.
Por cierto, no pudo faltar la celebración de los 50 años del 11-S, que estará centrada en el tema DD.HH. y memoria. Pero no habrá ni historia ni memoria de lo ocurrido en Chile previo al 11-S. Los que vivimos esa época sabemos que estuvimos a punto de una guerra civil, por lo que el gobierno no puede ignorar aquello. Y así como Boric habló de nunca más violaciones a los DD.HH., debería también decir nunca más violencia revolucionaria; esa que exclamaba por la prensa “las momias al colchón y los momios al paredón”. Esa misma que asesinó al Ministro Edmundo Pérez Zujovic y al Senador Jaime Guzmán en democracia; la del MIR, VOP y el FPMR, grupo este último al cual el Presidente le rindió homenaje siendo diputado.
Finalmente, su discurso daba la impresión a ratos de que todo estaba bien en Chile, lo que está muy alejado de la realidad. Veremos qué rumbo tomará en este segundo año de gestión, cosa que no consiguió aclarar, a pesar de hablar por casi cuatro horas.
