El gobierno del Presidente José Antonio Kast enfrenta su momento político más complejo desde que llegó a La Moneda. La crisis desatada por las rebajas de condenas a personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores, que provocó la salida del subsecretario de Justicia, Luis Silva, y mantiene bajo cuestionamiento al ministro Fernando Rabat, ha profundizado las críticas a la conducción del Ejecutivo. A ello se suma el deterioro del respaldo ciudadano: según la última encuesta Cadem, la aprobación presidencial cayó al 26%, su nivel más bajo desde el inicio del mandato.

En este escenario, el analista político, escritor y columnista Sergio Muñoz Riveros conversó con El Líbero sobre las responsabilidades políticas detrás de la crisis, los errores en el diseño del gobierno y los cambios que debería impulsar el Presidente Kast para recuperar el rumbo. Aunque cuestionó el funcionamiento del «segundo piso» y la falta de experiencia política en el gabinete, sostuvo que todavía existen condiciones para que el Ejecutivo mejore su gestión. También abordó el papel de la oposición, el futuro de la centroizquierda y las recientes definiciones del Partido Comunista.

«A este gobierno le ha costado instalarse. Hubo errores serios desde la partida«

—El gobierno del Presidente José Antonio Kast atraviesa su momento más complejo desde que llegó a La Moneda, ¿cómo interpreta usted esta crisis?

—En política es bueno recordar esta expresión de que en un determinado momento los árboles pueden tapar el bosque. Es decir, el árbol más cercano, a veces el último conflicto, la última reyerta política en el Congreso, no nos deja ver el país, el conjunto de las actividades del país. Creo que es lo que está ocurriendo con la crisis desatada por la rebaja de penas, que es una práctica que se está realizando en el país desde hace mucho tiempo.

—¿En qué sentido?

—Existe una comisión de rebaja de penas a la cual se presentan las postulaciones de los condenados, y en función de los antecedentes que reúne Gendarmería, el comportamiento que han tenido en la prisión y una serie de factores, se recomienda la rebaja de pena en muchos casos. Eso se ha estado haciendo. Ha habido procedimientos distintos. El gobierno anterior rechazaba las peticiones en el caso de los culpables de abusos sexuales contra menores. Incluso en el 2022, durante el gobierno del Presidente Piñera, se estableció que quedaban excluidas esas personas de los beneficios posibles de rebaja de pena. Pero ¿qué pasa con los que cometieron los delitos antes? Las leyes no valen hacia atrás, no valen retroactivamente. Hay un vacío legal. Y a partir de este vacío legal se produjo la situación de ahora. El ministro Rabat eligió un camino, no ha violado la Constitución, no ha violado las leyes, pero se ha generado un clima muy tóxico. Ejemplo máximo de ese clima tóxico es lo dicho por el diputado Jaime Bassa, que llegó a decir que aquí no hubo un error, sino que esto es parte de una red de pedofilia internacional, llegar a ese extremo. Ha habido unas manifestaciones frente al Ministerio de Justicia… los árboles no dejan ver el bosque.

—¿Ve un problema serio aquí?

—Sí, y hay que corregirlo. Produce gran rechazo en la sociedad que culpables de delitos sexuales queden en libertad. Por cierto que produce mucha molestia, indignación. Pero aquí tenemos que ver qué pasa con las leyes. Es decir, ¿los condenados tienen la posibilidad de enmendarse en la prisión? Al parecer, creemos que sí. Y un buen comportamiento en la prisión vale como un antecedente positivo para el condenado. Si queremos cambiar las reglas, y parece que está en este momento en proyecto una nueva ley, para aclarar estos vacíos, hay que hacerlo.

—¿Y cómo intperpreta la salida del exsubsecretario Luis Silva?

—Conozco y aprecio al subsecretario, él es un hombre recto, muy religioso, y creo que en la decisión de él de hacer ese video, que le costó el cargo, pueden haber influido ciertos reproches recibidos en su círculo cercano, de la gente que lo conoce, a lo mejor incluso la familia, respecto de por qué había firmado ciertos decretos. A él le había tocado firmar 10 decretos. Y yo creo que él se sintió obligado a explicar por qué había firmado esos decretos. Y lo hizo porque estaba reemplazando al ministro, simplemente con las normas fijadas por el ministro.

—¿Qué explica que en menos de ocho meses el gobierno haya perdido tanto respaldo? ¿Han pesado más los errores propios, las dificultades económicas del país o la distancia entre lo que prometió y lo que ha podido cumplir?

—Cada gobierno se ve enfrentado a problemas objetivos, asuntos que están complicando la vida a la mayoría de la población. Sabemos cuáles son los de este período: la inseguridad, los problemas de desempleo, el estancamiento de la economía que ya llevaba muchos años. Ahora, es complicado gobernar, hay que articular tantos factores, influyen tantos elementos, los factores externos incluso, y cada presidente tiene que aprender a gobernar en el momento. No hay un manual para presidentes, no hay un manual para gobernar, porque además la realidad es cambiante. Creo que a este gobierno le ha costado instalarse. Hubo errores serios desde la partida, algunas malas designaciones en ciertos cargos. Recordemos el caso del Ministerio de Seguridad, la exfiscal que fue designada no era la persona indicada. Hay críticas respecto de otros integrantes del gabinete….

—¿Hubo un error de diseño político?

—Aquí hubo un error de partida del Presidente, un error político de diseño de la gestión del gobierno. Un «segundo piso» con atribuciones excesivas, a mi juicio, que no era un equipo de asesores, sino un equipo que iba a funcionar como una especie de gerencia general del gobierno. Y ahí el Presidente Kast confió mucho en ese esquema, en el señor Irarrázaval, que iba a funcionar como gerente general o casi vicepresidente de la República, o sea, con amplias atribuciones para actuar dentro del gobierno, lo cual creaba un problema muy serio porque era como que funcionara un gabinete paralelo. Y ocurre que el gabinete, con el ministro del Interior a la cabeza, tiene facultades constitucionales muy específicas. Entonces, poner en entredicho sus atribuciones enreda todo.

«El Presidente no es muy elocuente al explicar el sentido que quiere dar a la gestión del gobierno, eso puede corregirse«

—Pero todavía sigue vigente la crítica sobre el diseño comunicacional y el diseño político…

—Es muy raro, es inexplicable, no tiene sentido que el ministro del Interior, que en este momento es el vicepresidente de la República, porque el Presidente está afuera, sea a la vez ministro secretario general de Gobierno, o sea, vocero titular. No tiene sentido. ¿Por qué no se designó a Gonzalo Arenas como ministro? (…) Hay allí una cosa híbrida, no resuelta, ese «segundo piso» sigue metiéndose mucho en las cosas. Pero aquí la responsabilidad principal es del Presidente. El Presidente tiene que conducir, tiene que gobernar. En el caso del régimen presidencial, el Presidente es a la vez jefe de Estado y jefe de Gobierno. O sea, no puede desempeñar solo la jefatura del Estado en el sentido protocolar, simbólico, como en el caso de los países europeos, que en muchos casos es así. Tiene que gobernar directamente, estar metido en el gobierno, fiscalizando y asegurando una conducción. Hubo un Presidente de liderazgo precario en el gobierno anterior… ¡Qué precario era el liderazgo del anterior Presidente! Lo que el país está pidiendo es un liderazgo más fuerte, pero más coherente a la vez, que muestre un horizonte al país, que muestre una perspectiva. Eso falla a veces. El Presidente no es muy elocuente al explicar el sentido que quiere dar a la gestión del gobierno, eso puede corregirse.

—¿Están a tiempo de corregir el rumbo?

—Yo creo que se está a tiempo. Van solo ocho meses, quedan tres años y algunos meses… Y creo que además el país ofrece las posibilidades de que el gobierno mejore. O sea, están dadas las condiciones para que el país, que tiene bases económicas sanas, cosa muy importante, pueda entrar en una etapa de progreso, de crecimiento, con la Ley de Reconstrucción, que entra a operar en distintos plazos. Y ha llegado una noticia positiva, el Imacec de septiembre. Hubo un repunte del comercio, de la industria y de la pesca. La minería se va quedando atrás. Creo que las posibilidades de que el 2027 sea mejor económicamente son reales. El ministro Quiroz lo explicó en Enade, él cree que la economía puede crecer 3,3% el próximo año.

—¿Cuál es el desafío para el gobierno?

—Hay que despejar el panorama político, el gobierno tiene que demostrar que va conduciendo bien, crear un clima de confianza en el país. A lo mejor es necesario hacer algunos cambios más en el gabinete. Es posible. El Presidente tendrá que meditarlo bien, de manera que los cambios se noten, que sean para mejor. Falta experiencia política en el gabinete. Aunque los políticos profesionales no aseguran éxito tampoco, se pueden equivocar por otros lados, a veces por exceso de maña, por el exceso de malicia que tienen los políticos con más experiencia. Pero necesitamos gente que, en el cargo que estén, tenga una demostración de dinamismo, de creatividad, de impulso que contagie al conjunto del país. Necesitamos que este país confíe en sí mismo para desplegar todas las capacidades que tiene para crecer, para desarrollarse.

«Si el Presidente dice que hubo un error, la consecuencia es que ese error alguien tiene que pagarlo«

—La oposición prepara una acusación constitucional contra el ministro Rabat, y hay quienes se abren en el oficialismo a apoyarla. ¿Puede esta crisis convertirse en un punto de quiebre dentro de la propia coalición de gobierno?

—Esperemos que no. Sería desastroso que las derechas desaprovecharan este momento, esta oportunidad de gobernar bien, de gobernar eficientemente, productivamente, si lo que importa es gobernar y que la población sienta los beneficios de esa gestión. Eso es lo más importante. La creación de empleos, por ejemplo, es un asunto absolutamente crucial. El desempleo es demasiado alto. Ahora, esta crisis con el Ministerio de Justicia. El primer alegato hecho por el ministro Rabat fue que aquí había habido un vacío legal, un problema jurídico, que él no había violado las normas. Pero luego viene el Presidente y dice que hubo un error y el Estado les falló a las víctimas. Si el Presidente dice que hubo un error, la consecuencia es que ese error alguien tiene que pagarlo, por responsabilidad política. Y la política está llena de injusticias. Ha habido gente que ha sido acusada constitucionalmente en el pasado y que fue injustamente desplazada del cargo. Yasna Provoste, que era ministra de Educación, no merecía ser acusada constitucionalmente y, sin embargo, se aprobó la acusación y salió. Harald Beyer, también ministro de Educación, no merecía salir del cargo, no había violado la Constitución, pero ahí opera la política, la parte más fea.

—¿Alguien tiene que terminar pagando el costo político?

—En este momento ya estamos en eso. La oposición está metida en esa dinámica destructiva, pensando que si le va mal al gobierno, le va bien a ellos. No es así, eso no está garantizado, no está asegurado.

—¿El ministro Rabat debiera dejar el cargo?

—Es difícil que el ministro Rabat pueda continuar. Es muy difícil con este clima, con este ambiente, incluso había algún diputado desinhibido, Manouchehri, que decía que él ya no es un interlocutor válido, que no iban a dialogar con él… El gobierno tiene que ser realista, tiene que actuar, no perder tiempo. Sería lamentable aquí una guerrilla en torno a la renuncia. Ahora, hubo ayer una novedad también en el Partido Nacional Libertario, la idea de una acusación constitucional a algunos ministros de la Corte Suprema, y que parece que tendría apoyo en Republicanos. Ahora, qué es esto, una maniobra política, crear una situación de empate, la posibilidad de negociar, de negociar que no se presente ninguna acusación. A lo mejor es la idea de ‘incendiemos esto’, lo que sería lamentable, irresponsable.

—¿Cree que falta responsabilidad política?

—Hay que pensar en el país. A los partidos políticos les cuesta mucho pensar en la suerte del país. En el afán de meterle un gol al gobierno, causarle algún problema, algún daño, pierden de vista el interés general. El Presidente está fuera del país en este momento, en una gira. Tendrá que reflexionar mucho respecto de los cambios que tiene que hacer, que tiene que personificar. Necesitamos un liderazgo presidencial coherente, fuerte, que le explique muy bien al país las cosas que se están haciendo. La Ley de Reconstrucción fue un ejemplo… las perspectivas yo creo que pueden mejorar.

«Esta izquierda quedó golpeada, apabullada e intenta desquitarse»

—¿Y usted cree que hay una oposición constructiva, que busca fiscalizar, pero al mismo tiempo llegar a acuerdos, o que están apostando principalmente a propinarle un golpe al gobierno?

—Esta izquierda, la izquierda que gobernó con Boric, por supuesto, están unidos, gobernó como gobernó, todos vimos lo que podían rendir en las responsabilidades máximas. Balance mediocre del gobierno pasado. Ahora, esta izquierda quedó golpeada, apabullada e intenta desquitarse. Creo que en algunos de los pasos que dan ha habido momentos en que ha primado el criterio de dialogar con el gobierno, la Ley de Reconstrucción y algunas otras medidas que se han aprobado con acuerdo en el Congreso. Pero en otros casos se dejan llevar por esta línea vocinglera, ruidosa, abiertamente populista. Es el caso que estamos viendo ahora respecto del Ministerio de Justicia. Entonces, no es claro lo que representa esa izquierda, pero creo que sacan mal las cuentas.

—¿En qué sentido?

—Creen que si se debilita el gobierno, crecen ellos, y eso no está garantizado. La alternativa futura, y falta mucho para las elecciones, podría ser otra cosa, un populismo como el de Parisi, claro que sí, u otra cosa, no lo sabemos bien.

—¿Usted cree que hay un desquite de parte de la izquierda por la crisis que tenemos?

—De repente hay ciertos gestos en el PPD, un poco en el PS, de intentar establecer una línea distinta a la del Partido Comunista o del Frente Amplio. Pero prontamente se deshace eso, se divide y de nuevo están todos juntos ahí. Vamos a ver. Yo espero que se separen aguas, que la antigua centroizquierda separe aguas del PC y del Frente Amplio, y que le ofrezca al país una alternativa distinta, pero genuinamente democrática, reformista, socialdemócrata en el fondo, esa es la definición que puede darse. Pero tal como están las cosas, se ve difícil.

—¿Qué puede hacer el gobierno acá?

—El gobierno tiene una gran oportunidad, esperemos que no la desaprovechen. Incluso tienen la posibilidad de demostrar que la izquierda no tiene el monopolio de la sensibilidad social. Si el gobierno manifiesta de manera consistente una actitud de preocupación por los sectores vulnerables, expresado de distintas maneras, va a ser apreciado, va a ser valorado. A mí me produce cierta risa leer a veces la prensa extranjera o los diarios españoles, por ejemplo, y calificar a Kast como ‘ultra’. ¿Ultra de qué? ¿Cuál sería la manifestación ultra del Presidente actual? Uno podrá criticarlo, y yo he expresado críticas aquí respecto de cómo ha hecho las cosas y de lo que tiene que mejorar, pero el ‘ultra’ no tiene sentido.

—¿Y qué representa, para usted, el Presidente?

—El Presidente Kast es más bien un conservador político. En Alemania, en Bélgica, en Holanda, él sería un miembro del partido conservador del lugar. Muy católico, profundamente religioso, él y su esposa, pero liberal en lo económico. Es decir, la expansión del mercado, dar amplias posibilidades de apoyo a la economía de mercado. Hay una diferencia: la ultraderecha propiamente, el ultrismo de ese lado, se expresa en una actitud turbia respecto de la democracia, de las libertades. Ese es el punto esencial. Y yo veo al Presidente Kast preocupado por fortalecer la democracia, fortalecer el orden legal, esta idea del orden democrático.

«El gobierno tiene mucho que mejorar»

—¿Existe aquí una estrategia coordinada del Partido Comunista y del Frente Amplio para desestabilizar al gobierno o cambiar el relato?

—El asunto es que el gobierno no se deje desestabilizar. Que esté con suficiente prestancia, con suficiente personalidad, que explique lo que está haciendo, dialogue con todos los sectores que estén dispuestos a dialogar. Hay que ofrecer, hay que construir puentes. La Moneda no puede atrincherarse, sería un error (…). A lo mejor, respecto de la acusación constitucional, están sacando la cuenta de que en el Senado sería difícil aprobarla, pero el desgaste que se produciría de no resolver esta situación pronto sería muy grande. El gobierno tiene mucho que mejorar y la responsabilidad principal es del Presidente. Creo que él está también en la fase de definir su propia manera de trabajar, de dirigir. A lo mejor él se da cuenta de que confiar demasiado en una especie de gerente general no era buena idea, de que él tiene que involucrarse más personalmente y preocuparse de educación, del desarrollo social, de la agricultura, es lo que corresponde.

—¿Es necesario un cambio de estructura?

—El Presidente Piñera era como el ejemplo, muy metido, convocaba a los ministros y tenía una carpeta de cada ministerio. Pude ver las carpetas en su escritorio en más de una oportunidad. Él tuvo la amabilidad de invitarme un par de veces a conversar. Tiene que dialogar el Presidente Kast con distintos sectores.

—¿Tiene que parecerse Kast al ex Presidente Piñera?

—Mira, no lo sé, cada cual tiene su carácter, su manera de ser. Son bien distintos.

—Pero usted rememora esa manera del ex Presidente Piñera de involucrarse más en los asuntos internos…

—Claro, el Presidente Piñera era también impulsivo, excesivamente impulsivo. Bueno, algunos de los errores que cometió tienen que ver con eso. Pero se necesita un liderazgo que le transmita confianza a la sociedad, confianza a la población de que el país puede dar un salto, puede progresar. Hay un horizonte auspicioso. Este país no tiene inflación y tiene que ver con los cambios anteriores, incluso del régimen militar. Tiene que ver con el Banco Central autónomo. Ya quisieran los argentinos tener un Banco Central autónomo y no tener inflación.

«El Partido Comunista es mucho menos de lo que parece. No debería merecer tanta atención»

—En su reciente Conferencia Nacional, el Partido Comunista planteó una estrategia de resistencia y preparación de una contraofensiva política frente a Kast. Mauricio Rojas, en una columna publicada en El Líbero, interpreta esas definiciones como una señal de que el PC mantiene una aspiración insurreccional. ¿Cómo interpreta las resoluciones actuales del partido?

—El Partido Comunista es mucho menos de lo que parece. No debería merecer tanta atención. Creo que es una fuerza secundaria en nuestro país. Curiosamente, tuvieron la posibilidad de tener la candidatura presidencial con una militante suya. Y las fuerzas que gobernaron con Boric estuvieron dispuestas a que el Partido Comunista pudiera tener la responsabilidad principal en un gobierno de la República, cosa para pensar. Pero, por lo tanto, estas amenazas, las últimas resoluciones del Partido Comunista, en una conferencia nacional que hicieron, fue de que se declaraban en una posición de resistencia estratégica… Ese es lenguaje militar o semimilitar. Estamos viviendo en democracia y, por lo tanto, son válidos solo los procedimientos constitucionales, legales, democráticos, abiertos. El PC aprendió a meter miedo a la gente, a meterle miedo a la sociedad. Y a veces le va bien. Se piensa mucho en el estallido. El PC se sumó al estallido, pero el golpe principal vino desde fuera. Ellos colaboraron, hubo colaboradores nacionales en todo eso.

—¿Ve una nueva amenaza?

—La amenaza de nuevos estallidos no se puede tomar a la liviana. Cualquiera que se aparte de las reglas democráticas debe merecer la sanción correspondiente. Aquí no puede ser gratuito esto de respetar la legalidad a veces, o los años bisiestos. La legalidad debe ser respetada plenamente. Y allí el gobierno, el Estado, las fuerzas institucionales del Estado tienen la obligación de hacer valer la ley en todo el territorio. Y ha habido avances importantes en La Araucanía, casi no tenemos noticia de atentados cotidianos. También esperemos que respecto de la batalla contra el crimen organizado el país consiga logros importantes. El país tiene buenas posibilidades de avanzar, buenas posibilidades de progresar, pero depende de todos nosotros.

—¿No le preocupa entonces el Partido Comunista o la reaparición de sus rostros como Camila Vallejo?

—No, es ruido mediático. Ella sabe mucho de eso, del ruido mediático. No están pensando en ninguna otra cosa, y claro, intentan intimidar a la sociedad. No, aquí no se puede vivir con miedo. La democracia necesita defensores, pero necesita gente además que no se asuste fácilmente. De eso se trata, yo creo que el país ha sacado lecciones de lo vivido hace siete años, el estallido y todo aquello. Nadie quiere caos, nadie quiere desorden. Pueden ser grupos muy minoritarios, pero la mayoría del país quiere estabilidad, quiere legalidad, quiere paz y quiere progreso. Progreso económico, social, institucional.

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2 Comments

  1. No hay mucho mas que decir.
    Si comentar que la izquierda no tiene mucho que aportar si continua solo intentando boicotear al Gobierno. No lograron nada positivo en Seguridad, Economia, Empleo, Salud, Educacion,…etc , no veo ni escucho SOLUCIONES creibles, factibles de los contrarios al actual Gobierno…solo «aleteo y de poca monta»…no noscsirven y ya no les creo…utopias y amargura es lo que presiento cuando los escucho «gritar y protestar sin un buen curriculum»…no le han ganado a nadie ni a nada real.

  2. Todos sabemos que la oposición no tiene nada que ofrecer, excepto agravar más la situación que crearon. Con Mathei habría sido solo volver a la época del desbarranque en cámara lenta. Con Kaiser, que tendría a más de la mitad del congreso en contra (no quisieron gobernar con la derecha; menos podrán con la izquierda) el atasco sería total. Parisi, que solo se puede mencionar por la votación que tuvo, no cuenta para hablar en serio de gobierno.
    El problema es que el gobierno de Katz necesita los votos de todos ellos, y no ha sido capaz de decir con fuerza, que es la única posibilidad que le queda a Chile por un buen tiempo, y aún así forzarlos a legislar.

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