La muerte de Luis Cordero Barrera el pasado sábado 8 de junio ha impactado profundamente a quienes lo conocieron, a la comunidad de la Universidad San Sebastián y a muchos que supieron de su labor pública en el ámbito político, social y educacional. Es verdad que sabíamos hace algunos meses de su enfermedad, pero ello no hace menos triste su partida. Por otra parte, es cierto que el mismo Luis –Lucho, como le decían sus amigos y quienes lo conocieron– se encargó decir que saber con algún tiempo su situación de salud, le permitía prepararse mejor. Adicionalmente, estaba agradecido de haber tenido una vida larga, intensa y fructífera, tanto en el plano familiar como en el profesional. Nada de eso quita lamentar su partida y sentir su ausencia, o considerar humanamente que se marchó en forma prematura.

Luis Cordero formó parte de la historia nacional en el último medio siglo, en ocasiones en el primer plano y en otras ocasiones en segunda línea. Recibió una formación cristiana sólida en su familia y vio partir tempranamente a su padre, lo que en buena medida le impidió completar sus estudios universitarios. Sin duda su vida estuvo marcada desde su juventud por haber conocido a Jaime Guzmán, con quien conversó largamente y compartió un ideario político que se reflejó tempranamente en el gremialismo, en la Secretaria Nacional de la Juventud y finalmente en la fundación de la Unión Demócrata Independiente (UDI), de la cual fue uno de sus fundadores en 1983 (abandonó la tienda en la primera década de este siglo).

En el plano político su mayor preocupación eran los sectores populares, como manifestó en su contribución al departamento poblacional y el trabajo político en sectores que parecían hasta entonces ajenos a las derechas. Desde hace años denunció los problemas sociales de Chile, en las poblaciones, por la falta de trabajo para los jóvenes, los salarios y otras frustraciones que advertía en el país del siglo XXI, que había crecido, pero que percibía estancado y por caminos errados. Si bien no logró ser elegido diputado en 1989 –compitió como candidato por Conchalí junto con ese grupo de jóvenes que acompañó la campaña senatorial de Jaime Guzmán– nunca abandonó su interés por la política y por la cosa pública en general. Fue miembro del Directorio de Televisión Nacional tras el regreso a la democracia en 1990, promovió Chile Futuro en 1997 y siguió contribuyendo con jóvenes que postulaban al Congreso Nacional o avanzaban en el necesario camino de hacer de Chile una nación grande, donde todos sus habitantes pudieran vivir con las mejores condiciones materiales y espirituales que fueran posibles. Otras tantas veces lo vi conversando con grupos de jóvenes, no solo sobre temas universitarios o prácticos, sino también sobre la vida, Dios, los grandes ideales, acerca de Chile y su historia. 

Sin embargo, no cabe duda que el corazón de su tarea en las últimas dos décadas de vida fue la Universidad San Sebastián, a la que dedicó su inteligencia y mejores energías, su vocación y compromiso, así como también su sentido de promoción social y cultural, su valoración de la investigación y la docencia, y la certeza de que la educación y las universidades son motores del desarrollo y el progreso social de Chile. En esto Luis Cordero no fue solamente un colaborador, sino que un líder entusiasta, o su “presidente y principal conductor”, como señaló el comunicado del rector Hugo Lavados a los miembros de la USS.

Como suele ocurrir en los proyectos institucionales de valor y proyección, no se trataba en modo alguno de una obra personal, sino que fue asumida por equipos, desde la Junta Directiva y las autoridades académicas hasta los profesores, administrativos, funcionarios y estudiantes de la Universidad, en las diversas regiones de Chile donde está instalada. Por otra parte, se trata de un proyecto en desarrollo, en permanente aprendizaje y perfeccionamiento, pero también con importantes factores de consolidación y reconocimiento en la sociedad. Todo ello incluía el análisis y estudio de variadas disciplinas, donde existe investigación, estudian miles de alumnos y hay una importante promoción social.

Una de esas disciplinas –ciertamente la que mejor conozco– es la historia. Luis Cordero era un enamorado de las Humanidades, tenía un interés especial por el patrimonio, gustaba del arte y era un apasionado por la historia. Hace exactamente diez años, en 2014, Luis presentó la iniciativa de estudiar la trayectoria nacional en el último cuarto del Bicentenario, como gustaba decir. Así surgió el proyecto Historia de Chile 1960-2010, y me invitó a participar y a formar el equipo que desarrollaría la iniciativa de la Universidad San Sebastián. Era necesario conocer y comprender una etapa riquísima y llena de contradicciones en la vida del país, lo que hacía necesario un estudio riguroso, serio y actualizado.

En diciembre pasado, al presentar los tomos 7, 8 y 9 de la Historia de Chile 1960-2010, Cristián Zegers recordó algunos aspectos relevantes de la vida y la obra de Luis Cordero, quien tuvo la iniciativa de esta obra colectiva. Zegers señaló que Luis Cordero en parte vinculaba la pasión por la historia con su amor a Chile; sus deseos de comprender esta etapa como una necesidad de abordar años decisivos de profunda de división y transformaciones; todo ello se insertaba dentro de un proyecto universitario serio y necesario. En efecto, en buena medida la presentación de esos tres tomos –que llegaron a completar los primeros nueve tomos publicados en esta colección– permiten consolidar el avance de un proyecto que sigue adelante y que su gestor alcanzó a ver en una etapa crucial de su desarrollo.

La Misa en San Francisco de Sales el pasado lunes 10 de junio, fue un símbolo elocuente en la hora de la partida de Luis Cordero, con un templo que estaba lleno y emocionado, triste y agradecido a la vez. Así quedó reflejado en la homilía de monseñor Juan Ignacio González, en las palabras de su hijo José Tomás y en la despedida de Andrés Chadwick, a nombre de los amigos. También en las palabras de la Junta Directiva de la USS, que manifestó que “Luis Cordero deja un legado imborrable y un recuerdo que inspirará de ahora en adelante”. Y así quedará reflejado en las muchas personas que lo conocieron, quisieron y pudieron apreciar su amor a Dios y a Chile.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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1 Comment

  1. En lo espiritual, que descanse en la paz del Señor y Dios lo acoja en su Santo Reino. En lo terrenal, una persona admirable, recta, y que la USS pueda proyectar esa visión integral del hombre : libertad, desarrollo, familia, patria, orden, meritocracia, solidaridad social, justicia, estado de derecho, Dios

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