El primer semestre de 2024 ha concluido con una curiosa situación dentro del gobierno del Presidente Gabriel Boric. En el Ministerio del Interior se le pidió la renuncia al histórico dirigente comunista Juan Andrés Lagos, provocando zozobras, declaraciones cruzadas y contradicciones que no logran ocultar un tema de fondo que parece estar desarrollándose en el Ejecutivo: los problemas entre el gobierno y el Partido Comunista, que fue uno de los ejes fundacionales de la actual administración.
Es habitual en estos casos dar explicaciones más amplias sobre el problema puntual que se ha presentado. Y por eso surgen dudas sobre el carácter democrático o antidemocrático de los comunistas, su apoyo casi aislado hacia las dictaduras de Cuba o Venezuela, el fomento o aceptación de la violencia en hitos como la revolución de octubre de 2019 y las repetidas discrepancias con el gobierno del cual son parte, por parte de sus dirigentes y parlamentarios: destacan, en las últimas semanas, las visiones respecto de la guerra entre Rusia y Ucrania, así como en el caso de las tarifas eléctricas.
¿Qué nos dice la historia chilena sobre la participación de los comunistas en distintas administraciones? ¿Cómo evaluar la situación actual del centenario Partido Comunista en La Moneda? ¿Hacia dónde evolucionarán las dificultades internas que se aprecian en la coalición de gobierno? El tema es de una enorme complejidad y no admite una respuesta fácil y única, tiene experiencias diferentes e incluso contradictorias. Por último, muestra una situación en marcha, cuyos altibajos y lucha de fuerzas deja un final abierto, en medio de presiones internas –dentro del gobierno– y externas.
Después de muchas décadas fuera de La Moneda, el PC retornó al gobierno bajo el liderazgo de Michelle Bachelet –con quien tenían una buena relación– y la Nueva Mayoría, en 2014.
Acabo de terminar de leer hace unos días un libro notable, del historiador Jorge
Rojas Flores: Los comunistas durante el gobierno de Gabriel González Videla
1946-1952 (Biblioteca Nacional de Chile/Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2022), sin duda un ejemplo de rigor, acopio documental y análisis crítico. Ahí aparece la unión de los comunistas con González Videla, que los llevó a La Moneda, en un momento en que terminaba la Segunda Guerra Mundial y Stalin ampliaba su espacio de influencia en Europa; la participación del PC en el gobierno con diversos cargos, incluso ministeriales; las disputas internas, las huelgas y la exclusión de los comunistas a través de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia; asimismo, las estrategias del comunismo en la ilegalidad. Por cierto también hay otros temas de interés: la demanda por una Asamblea Constituyente (idea repetida en la historia), las relaciones internacionales del PC y un anticomunismo creciente (incluso de parte de muchos socialistas). En síntesis, una experiencia histórica en el gobierno que terminó mal, con distanciamiento recíproco, odios y disputas que sucedieron a la alianza.
La situación cambió durante la Unidad Popular, que agrupaba a diferentes partidos de la izquierda chilena. Existe un cierto consenso en el sentido de que fue precisamente el Partido Comunista el más alineado y leal con las posiciones del presidente Salvador Allende, en el plano doctrinal y programático, muy distante de las continuas discrepancias del radicalizado Partido Socialista de Altamirano. Así lo recuerda Luis Corvalán, entonces secretario general del PC, cuando ya estaba desatada la crisis en 1973: “Hicimos cuanto estuvo en nuestras manos por remontar las dificultades. Promovimos más que nunca el apoyo de las masas, respaldamos decididamente al Presidente Allende en la búsqueda del diálogo y el acuerdo con la Democracia Cristiana…” (ver De lo vivido y lo peleado. Memorias, LOM, 1997). Por cierto, se podría ahondar más en el tema.
Después de muchas décadas fuera de La Moneda, el PC retornó al gobierno bajo el liderazgo de Michelle Bachelet –con quien tenían una buena relación– y la Nueva Mayoría, en 2014. Es interesante ver un valioso libro editado por Augusto Varas, Alfredo Riquelme y Marcelo Casals, El Partido Comunista en Chile. Una historia presente (Catalonia, 2010). En portada aparecen en un amistoso gesto la presidenta Bachelet y el líder del PC Guillermo Teiller. En 2014 la diputada comunista Camila Vallejo anunció que el partido estaría con un pie en La Moneda y otro en la calle, si bien mantuvieron una actitud leal “con el programa” –una posición que proviene precisamente de tiempos de González Videla– y empujaron las transformaciones prometidas, como el fin al lucro, el copago y la selección, la gratuidad universitaria o las “40 horas”.
Es preciso tener claro que el Partido Comunista vive y vivirá problemas al interior del gobierno y en la política chilena en general.
El 2022 el Partido Comunista regresó al gobierno, ahora en una nueva coalición liderada por Gabriel Boric, tras unas primarias en que derrotó al candidato del PC Daniel Jadue. Coexistía una generación sobreviviente de las persecuciones después de 1973 con jóvenes crecidos al alero de las movilizaciones del 2011. Desde el comienzo la agrupación obtuvo importantes cargos en el Ejecutivo, como ilustra que la vocera de gobierno sea precisamente Camila Vallejo, además de liderar otras carteras (Educación y Trabajo, por ejemplo) y ser relevante en diversas áreas, como se puede apreciar en el ministerio de Defensa. A ello se pueden sumar las embajadas, por cierto. El contexto, de alguna manera, es favorable en otro sentido: el PC lidera comunas importantes, como Santiago, bajo Irací Hassler, y no se puede desconocer la importancia de Recoleta en la última década, a pesar de la situación judicial presente, que puede significar una derrota decisiva. Adicionalmente, la presidenta de la Cámara de Diputados es Karol Cariola, una destacada y activa militante elegida con el apoyo de toda la coalición de gobierno y de otros parlamentarios.
Con todo, el problema del Partido Comunista en La Moneda es más profundo en la actualidad. La agrupación suele denunciar la existencia de anticomunismo frente las críticas que reciben, las contradicciones hacia sus posturas e incluso por los despidos como el de Juan Andrés Lagos. Me parece que no es necesario ocultarlo, porque es obvio: existe un importante anticomunismo en Chile –que por lo demás es histórico–, que en algunas personas es visceral y en otras se ve más racional y argumentada. Puede deberse a la lucha política cotidiana, a las actitudes o decisiones de los comunistas, a sus permanentes apelaciones a paros y el apoyo a las tomas de establecimientos educacionales o a su actitud frente a la revolución de octubre de 2019 y sus llamados a terminar anticipadamente con el gobierno del presidente Sebastián Piñera. Otros enfatizan la trayectoria internacional comunista, su adhesión a las revoluciones y regímenes totalitarios que encabezó el PC en diferentes continentes, la adhesión a veces servil a figuras como Lenin, Stalin y Fidel Castro, entre otros dictadores de talla internacional. Por último, podríamos mencionar la permanencia de la lealtad comunista a la dictadura de Cuba y de Venezuela, cuya repartición de la miseria y negación de las libertades ha tenido un costo humano inmenso.
Por todo ello, el tema seguirá vigente. Vale la pena estudiar por qué en Chile
existe un Partido Comunista más grande y sólido que en la mayoría de los países occidentales. También por qué sigue siendo alternativa política y de gobierno, por
ejemplo hacia el 2026. Se pueden avanzar un par de cosas: el PC trabaja con más
fuerza en muchos ambientes que otros desechan, olvidan o minusvaloran; muchos
de sus militantes tienen un fervor casi religioso y una dedicación intensa a la
causa; cuentan con una renovación generacional que conviene analizar y
comprender; tienen liderazgos importantes y logran instalar temas en la agenda
pública a través de sus figuras (en materia educacional, leyes del trabajo y otras).
Por otro lado, es evidente que subsisten e incluso se incrementan algunos problemas sociales que son tierra fértil para la prédica comunista.
Es preciso, en cualquier caso, tener claro que el Partido Comunista vive y vivirá problemas al interior del gobierno y en la política chilena en general. En parte por su deslealtad con el presidente Gabriel Boric (o al menos por sus discrepancias públicas), por los problemas judiciales de su mayor líder público hasta hace poco (el alcalde Daniel Jadue), porque ha crecido y tiene que defender los puestos alcanzados y también por otros asuntos más prosaicos pero también interesantes: los recursos que llegan a sus militantes a través del Estado son cuantiosos, y bajarán sustancialmente en caso de un cambio de administración en 2026. No debemos dejar de mirar con atención un tema que se advierte de alguna manera, pero que requiere un análisis mayor: el surgimiento de un choque generacional en el partido de Recabarren y Neruda, así como la existencia de diferencias internas que podrían tener una mayor dificultad de ser procesadas. La foto de Lautaro Carmona con Juan Andrés Lagos manifestando su discrepancia con la salida de este último muestra una cosa que tiene mucho del pasado, quizá heroico para sus militantes, pero pasado; la imagen de Camila Vallejo en La Moneda, siempre de acuerdo con el Presidente de la República –como lo exige su cargo, por lo demás– va por un camino diferente y aspira a representar el futuro y cierta renovación dentro de la ortodoxia. No sabemos dónde ni cómo terminará esta historia, pero vale la pena seguirla con atención.

Alejandro, Favor enviar un email donde te pueda enviar un comentario sobre esta columna. Atentamente. Alejandro Novoa del Rio
Si no existiera comunismo, en la forma en que lo conocemos, no existiría el anticomunismo que, en gran medida, es sólo una reacción defensiva ante el porfiado intento de subvertir el orden y usar la democracia para hacerse con el poder para obsequiarnos con el paraíso en la tierra.
El PC tiene una relevancia política mayor a su importancia como partido. Incluso en muchos casos decide importantes temas del gobierno o al menos presiona para imponer sus posturas.
Entonces surge la pregunta de porqué el PC tiene un rol tan decisivo en el gobierno, considerando su obsesión por estatizarlo todo y la consiguiente restricción de la libertad de los chilenos.