Para decir las cosas con toda franqueza, los primeros seis meses del gobierno de José Antonio Kast han sido francamente malos. El desempleo ha alcanzado un 9,5% (10,5% en el caso de las mujeres), en total un millón de personas sin empleo, y el Banco Central acaba de reducir su proyección de crecimiento para 2026 a un rango de entre 0,25% y 0,75%. Quizás lo más grave y lo que explica que la encuesta Cadem al evaluar estos primeros seis meses registre un 62% de personas que consideran que el desempeño del Gobierno ha sido peor de lo esperado, es que no sólo no ha corregido o superado la condición que llevó al candidato Kast a hablar de “emergencia”, sino que notoriamente la ha empeorado: la economía no va a crecer durante este año o va a crecer menos de lo que creció durante los años de gobierno de Gabriel Boric, a quien en campaña se fustigaba casi como destructor de la economía nacional y responsable de esa “emergencia”.

Las críticas al gobierno frente a esa evidencia no provienen solamente de la oposición o de sus adversarios. Probablemente las más severas y las recomendaciones más apremiantes para modificar las formas y contenidos de su gestión provienen de analistas independientes y de una centroderecha que empieza a mirar La Moneda con creciente incomodidad. Y a ellas se ha agregado la voz de El Mercurio, que en agosto advertía sobre los “errores de diseño” y la necesidad de corregir con prontitud ciertas descoordinaciones y el domingo pasado elevó el tono de urgencia al advertir “es finalmente obligación del presidente hacer los ajustes”.

Pero el Presidente Kast, parte de sus ministros, su partido y muchos de sus seguidores no reaccionan a estos reclamos y más bien se muestran convencidos de que poseen una verdad que sólo necesita tiempo para imponerse. Por ello hablan de inversión y celebran el ingreso de proyectos al sistema de protección ambiental repitiendo que allí está el futuro. Y en cada momento expresan una fe absoluta en sus convicciones. Una fe que convierte las ideas propias en evidencia y las objeciones ajenas en ruido, porque cuando se tiene la convicción de que se posee la verdad, la política comienza a parecer innecesaria. Si yo tengo razón, ¿para qué escuchar al otro? (“Pero si ayer me senté al lado de la senadora Vodanovic, decía jocoso el ministro Quiroz a El Mercurio, el miércoles pasado). Y, sobre todo, ¿para qué hacerle caso? La negociación deja de ser una virtud política y pasa a ser una concesión a quienes están equivocados. Es posible que buena parte de las reformas económicas introducidas por el gobierno rindan frutos en el largo plazo. Pero la inversión futura, prometida o esperada, no se come, no paga el arriendo de este mes ni devuelve el trabajo perdido la semana pasada.

No basta con tener razón a años plazo si en el intertanto a la ciudadanía sólo se le pide paciencia, esperanza y silencio. Y eso es lo que el gobierno ha hecho durante las últimas semanas. El Presidente lo hizo en las entrevistas radiales que ofreció durante una semana completa, en sus palabras en el Te Deum Evangélico del pasado domingo y hasta en la paya con que inauguró las fondas en el Parque O’Higgins (“y quiero acabar mi paya con esperanza y con amor/le digo a todo Chile tranquilos/no solo vamos a estar bien/sino que vamos a estar mucho mejor”). Pero en todas las ocasiones sus palabras, serenas y dichas con humildad, no pueden dejar de revelar la manera como él ve el fenómeno político: a sus afirmaciones de que siempre se debe hablar con la verdad, que la verdad duele, y que es cierto que “pasamos por un momento duro”, sólo agrega que hay que mantener la esperanza y la confianza (la suya) y que los efectos de lo que se ha hecho se verán en el futuro.

A ese esfuerzo se asoció su ministro de Hacienda en un artículo de opinión publicado el pasado martes, en el que ofreció una versión tecnocrática del mismo credo: no cambiar la estrategia, apenas ajustar la táctica. La frase suena razonable, pero en realidad esquiva la pregunta decisiva. ¿Cuál táctica? ¿Qué alivio? ¿Qué respuesta concreta para el desempleado y desempleada de hoy, no para el trabajador hipotético de la inversión que llegará mañana? La estrategia puede ser impecable en el Power Point presentado en Madrid o Londres, pero un gobierno no se evalúa por la belleza de su modelo o por el buen humor del ministro. Se evalúa por lo que hace cuando la realidad grita desde la calle.

Chile ya conoció una experiencia en que técnicos y políticos tuvieron una fe semejante en sus ideas. Los llamados Chicago Boys, que emprendieron una transformación profunda de la economía chilena, estuvieron dispuestos a someter al país a años de privaciones para demostrar que tenían razón. El proceso tuvo enormes costos sociales y conoció tasas extraordinariamente elevadas de desempleo: en la crisis de 1982-83, la desocupación llegó a niveles cercanos al 30%. Finalmente lograron transformar la economía y, con el tiempo, también la conducta de buena parte de la sociedad. Pero, y esta es la diferencia fundamental con la realidad en que hoy actúan el Presidente y su ministro de Hacienda, los Chicago Boys pudieron hacer lo que hicieron porque operaban al amparo de una dictadura: un régimen que no necesitaba escuchar, que podía administrar el sufrimiento como un costo que quizás estimaba necesario y que no debía enfrentar elecciones periódicas. La sordera política era parte del sistema.

La democracia es otra cosa. La democracia no exige renunciar a las propias convicciones. Tampoco obliga a abandonar las reformas estructurales porque sus resultados demoren. Pero sí exige gobernar teniendo presente simultáneamente el futuro y el presente, la convicción y la realidad política. Y, sobre todo, exige escuchar. Quizás ese sea hoy el verdadero dilema del gobierno de José Antonio Kast. No si sus reformas económicas terminarán produciendo los resultados que espera. Eso sólo se verá con el tiempo. El problema inmediato es saber si estará dispuesto a hacer aquello que deba hacerse mientras ese tiempo transcurre.

Ese es el punto que el gobierno parece no terminar de entender. Una estrategia que puede triunfar en dictadura puede autodestruirse en democracia. Kast puede creer todo lo que quiera en su programa. Puede incluso tener éxito en el largo plazo. Pero si pretende gobernar la emergencia sólo con fe, confianza y paciencia, se enfrentará en el futuro próximo a una oposición mucho más amplia, dura e inteligente que la que lo ha enfrentado hasta hoy y, quizás, con la realidad de que su gobierno está inmovilizado e impotente ante esa oposición. Porque la democracia no castiga la convicción: castiga la sordera.

La pregunta que en consecuencia debieran hacerse analistas y políticos no es solamente cuánto tiempo necesitará la estrategia del Gobierno para producir sus frutos. Es ¿hasta dónde estará dispuesto el Gobierno a mantener un estilo de hacer política que puede funcionar en una dictadura, pero no en una democracia?

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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5 Comments

  1. Para decir las cosas con toda franqueza, la columna del señor Briones me parece francamente mala. Llena de errores conceptuales. Estuve presente en Madrid y presenciar las exposiciones de los ministros esta semana. Grata impresión de inversionistas extranjeros que aumentarán su presencia en Chile. El corto plazo y el populismo han reinado en las “democracias” que tanto alaba. En España hay democracia y el país está gobernado por un personaje de terror. O se referirá el señor Briones a la democracia de Allende en donde se le usurparon las empresas y los campos a sus legítimos dueños. De dictadura este gobierno nada. Lo que está tratando de hacer el presidente es resolver los severos problemas que el gobierno de Boric dejó impregnados en el país. Lo explicado por el ministro Quiroz respecto de la herencia dejada por el gobierno anterior lo entiende cualquiera. Codelco en estado calamitoso. Salud y educación colapsada y la seguridad interna muy debilitada. ¿Qué propone el Señor Briones? Lleva 6 meses el gobierno y está trabajando honradamente intentando hacer más eficiente el Estado. Ciertamente el zurderio está desesperado pues cuando no gobierna se quedan sin pegas y la ONU y filiales están contratando menos. El tiempo dirá como le va al gobierno, pero después de ver la Parada Militar volví a tener esperanza en nuestro lindo país.

  2. Esperaba un poco más del Sr Briones. Siempre he creído que es una persona que intenta hacer bien las cosas, pero no puede pues nunca sigue principios que orienten su actuar. Él cree ser de “ Centro derecha”, pero es un claro embajador de lo que la diputada Ossandon denominaría la “ derechita reguleque”. Parte criticando los gravísimos problemas de desempleo, que el actual Gobierno no ha podido solucionar, pero olvida que éste lleva solo un puñado de meses, habiendo heredado un país en ruinas, destruido desde Bachelet 2 en adelanta ( sin excepción), y desfalcado por el des-gobierno anterior. Un poquito de seriedad, por favor, Sr Briones.

  3. Equivocado el Sr. Briones. Lamentablemente no pude ver la Parada Militar, pero a pesar de ello no solo tengo la esperanza de Andres Montero sino que la certeza que a nuestro lindo país le irá mejor, derechamente bien, con las políticas que se encuentra implementando el Gobierno del Presidente Kast.
    Tiempo al tiempo!!

  4. Bueno, para no ser abusivo y que no sea capotera, un gusto en saludar a todos los comentaristas.

  5. Sr. Briones: Antes de criticar al Gobierno Militar y todo lo que hizo e implemento en Chile; en una epoca en donde nuestra nacion debia salir a flote y que debia proyectar a Chile hacia el futuro.
    Y usted lo compara con la realidad de hoy, de un Chile del Siglo XXI; con otras preocupaciones, anhelos y proyecciones.
    Ahora, usted alaba a la democracia liberal que se creia en Occidente que era todopoderosa y milagrosa; y hoy aparece debil, vacilante y en franco retroceso.
    Por ultimo, en el Chile del Siglo XX habia pobreza, analfabetismo, incertidumbre, diversas interrogantes. Pero, bajo el Gobierno Militar tuvimos orden, seguridad y tranquilidad.
    Todo eso Chile lo perdio ostensiblemente a partir del año 1990 hasta hoy con la democracia liberal.

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