Sucede que a veces me canso de ser elector

Vivimos tiempos de cambios acelerados. Hasta hace poco los electores se cansaban de sus candidatos presidenciales poco después de que resultaran electos, ahora se cansan de ellos poco antes de tener que elegirlos.

Es necesario recordar que venimos de una elección presidencial donde quienes iban en la primera posición cambiaron más de una vez y pocos se imaginaron que tendrían que optar entre las dos alternativas que se abrieron camino hasta el final.

Más importante que ir primero en las encuestas, resulta la capacidad de ir renovando la confianza en un liderazgo permanentemente reforzado.

Como tantos acontecimientos recientes dejan alguna enseñanza, nadie se extrañaría en los dos sectores del espectro que los segundos pasen a ser primeros.

En la derecha esto ha llegado a ser casi una predicción compartida y no sin razón. Para algunos el dato significativo es que Matthei continúe durante un par de años encabezando las encuestas. En cambio, lo que debiera llamar la atención es que Kast se hubiera mantenido en segundo lugar, sin aflojar la presión sobre la candidata de Chile Vamos. La distancia debió ir creciendo, no acortándose.

A este resultado se ha llegado en tiempos relativamente tranquilos y hay que pensar en lo que pasará en la etapa más exigente de la campaña.

El virtual empate tendrá que decantarse por el mejor desempeño personal de uno de los aspirantes. Y la candidata que ha tenido una conducta más errática no ha de pasar esa prueba de mejor manera que un perseguidor cada vez más cercano.

Se da el extraño caso de que los retadores a ambos lados del espectro son los más atentos a mantener un tono moderado en sus intervenciones, mientras que los más propensos a hablar golpeado son los que lideran las encuestas.

Lo usual es que ocurra al revés y eso revela que no se experimenta la primera posición como algo consolidado. Nunca los candidatos polares se habían visto tan moderados y nunca los moderados se habían mostrado tan agresivos.

En la oposición, el escenario es un equilibrio mucho mayor entre dos opciones principales por un trasvasije de preferencias en beneficio de Kast. Sin embargo, las tres candidaturas de derecha no están recibiendo apoyo adicional, sino que se están repartiendo las preferencias ya conseguidas de distinta forma.

Puede ocurrir que los votos favorables se dividan por parejo entre las dos candidaturas principales de la oposición, con resultado incierto. Si la centroizquierda se presenta unificada, puede sorprender por su buen desempeño en primera vuelta.

La centroizquierda quiere pasar por el ojo de una aguja

Pocos dudan en el oficialismo de que la competencia más estrecha se está dando entre Carolina Tohá y Jeannette Jara. Como es la candidata social demócrata la que ha salido a promover la polémica en las diferencias, algo más propio de un retador que de una primera opción, significa que la carrera se ha vuelto muy estrecha.

Si vas ganando, no cambias. En las primarias se han de mostrar discrepancias para darle razones a los ciudadanos para optar, pero no tantas como para que los convocados duden de ir a apoyar a cualquiera en un grupo tan desunido.

Las encuestas alcanzaron a detectar algo cercano al empate y, aún cuando las posiciones no hubieran cambiado, es la proyección de la tendencia la que dio pie al cambio de tono. Sin embargo, no parece que el cálculo estuviera bien hecho.

La combinación perfecta para desincentivar la participación en primarias consiste en convertir el diálogo en una discusión de política entre políticos, concentrarse en polémicas del pasado y hacer que predomine un ambiente agresivo.

Cuando el debate se polarizó, la respuesta negativa del público hizo obligatorio el retornar a los márgenes tolerables de disenso. El puesto más agresivo fue ocupado sucesivamente por uno y otro de los cuatro, sin que las dos oponentes principales se enfrentaran al mismo tiempo, así que la sangre no llegó al río.

Los partidos también aportaron su cuota de desubicación participando de una polémica que pudo quedar circunscrita y resuelta por los comandos, pero también fueron llamados al orden, esta vez por La Moneda.

Frente a la oposición se muestra una mayor capacidad de procesar diferencias o no se está exhibiendo ninguna ventaja específica en cuanto a comportamiento colectivo. Agregar conflicto puede llamar la atención, pero no hará que más personas, fuera de los interesados habituales, quiera ir a votar.

Los factores que harán la diferencia

Las primarias son un evento masivo y voluntario que excede la capacidad de cualquier partido de zanjarlo a su favor movilizando a sus militantes y su área de influencia. Las organizaciones partidarias alcanzan a poner en movimiento algunas decenas de miles de adherentes. Las primarias son eventos que mueven a centenares de miles de personas. Un número significativo e inusual de ciudadanos se está informando de que es convocado a tomar una decisión. Claro que una cosa es que se enteren y otra es que se interesen, lo que depende de las candidaturas.

Esta es una competencia entre la más apropiada, la más cercana, el más parecido y el más tradicional. Tohá se presenta como quien tiene las mejores condiciones personales para ejercer el cargo. Jara es también alguien muy capaz y próxima al ciudadano común. Winter es el más parecido a Boric. Mulet es el más tradicional. Lo que había que ofrecer está presente, veremos si el conjunto resulta elegible.

Los mejores resultados en ambos sectores los están consiguiendo quienes se preocupan de que sus planteamientos sean bien entendidos por los electores y que tanto sus gestos como actitudes denoten calma y proximidad. Son ellos los que se mueven hacia el ciudadano común buscando acercarse a su vida cotidiana.

En cambio, y siempre hablando en comparación, quienes ocupan los primeros lugares son propensos a obligar a que sean los electores los que tengan que moverse hacia ellos para poder entenderlos y quienes ponen en discusión temas nítidamente políticos. En otras palabras, fatigan más rápido.

Las primarias deben mostrar candidatos dialogando, no partidos peleándose. Los que aumentan su grado de agresividad es porque están perdiendo posiciones o no están consiguiendo sus objetivos.

Una competencia más estrecha promueve la participación en las primarias; pero un aumento de la conflictividad produce el efecto inverso, al menos entre los moderados. El efecto no es parejo. Un aumento de la agresividad contra Jara movilizará a los electores de izquierda y aumentará la simpatía de otros lo que, dado el bajo nivel de movilización de los partidos, llegaría a ser el factor decisivo.

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