Todos los gobiernos recientes, excepto el que ahora termina, han hecho algo relevante por la mantención o recuperación de capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.
El gobierno que finaliza el 11 de marzo de 2026 literalmente no hizo nada de importancia. Se limitó a los llamados presupuestos de continuidad, que no eran otra cosa que darles lo mínimo a las Fuerzas Armadas, y cumplir en forma parcial las exigencias que establece la ley de financiamiento de capacidades estratégicas. No hubo compras de buques o submarinos, o de material aéreo o militar, como sí los hubo en los gobiernos anteriores.
Si bien es cierto que este gobierno firmó la política de construcción naval y dijo que la renovación de la Escuadra debía realizarse en astilleros nacionales, esa acción no se manifestó en la firma de decretos que permitieran entre otras cosas, la construcción y financiamiento de los buques logísticos 3 y 4 del proyecto Escotillón IV, o del reemplazo de los submarinos 209, o del reemplazo de la fragata Williams, y así muchas cosas más en el ámbito marítimo o aeronaval.
En lo que se refiere a material aéreo, los aviones E-3 Sentry de la FACH fueron gestionados por el segundo gobierno de Piñera y recibidos durante el primer año de la actual administración. Tengo mis serias dudas de que se haya dispuesto del financiamiento para la modernización de los F-16 MLU y Block 50, y del reemplazo de los helicópteros más antiguos de la Fuerza Aérea. En el caso del Ejército salvo compras del tipo material rodante, no tengo registros de renovación de blindados o de material del tipo drones y misiles que dan capacidades operativas significativas.
Hubo compras menores de material para vigilancia de fronteras, y el centro espacial de la FACH si bien se inauguró en este gobierno, se autorizó y financió en el segundo gobierno del Presidente Piñera, el que a pesar de haber tenido que gobernar un país estresado por la pandemia y las revueltas sociales–delictuales, igual compró las fragatas australianas que pasaron a llamarse Prat y Latorre, y firmó el decreto de la construcción de los dos primeros buques logísticos destinados a reemplazar el Aldea, Aquiles, y las dos barcazas.
Lejos están los días en que los presidentes Frei y Lagos autorizaron y financiaron las compras de submarinos, fragatas, aviones F-16, tanques Leopard 1 y 2, carros blindados Marder, piezas de artillería autopropulsadas de 155mm, sistemas de mando y control, y así muchas otras cosas más, incluyendo los niveles de amunicionamiento correspondientes.
Bachelet que había sido ministra de Defensa con Lagos y tenía estudios en la materia, participó de los procesos recién mencionados, y si no me equivoco, algo tuvo que ver con el buque científico Cabo de Hornos y el rompehielos Viel.
Es cierto que en su minuto a fines de los 90s y comienzos del milenio hubo ofertas muy interesantes en los mercados, pero lo importante es que ellos actuaron con visión de Estado y mirando el largo plazo. Entendían la importancia de la Defensa Nacional como garantes de nuestra soberanía, como protectoras del territorio, los mares, aire y espacio de Chile, como también de su interés nacional donde sea que esté ubicado.
En su primer gobierno Sebastián Piñera no dudó en reconstruir la Base Naval de Talcahuano y de todo lo dañado por el Tsunami del 27 de febrero del 2010, como también en que el poder naval estuviera en condiciones de disuadir efectivamente al Perú en la época del diferendo de la Haya, ya que existía la posibilidad de que se entusiasmaran con el resultado y quisieran ir por más.
Podríamos seguir eternamente demostrando todo lo hecho en gobiernos anteriores y lo poco o nada que este gobierno saliente hizo por las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional, que se suma a los pobres presupuestos de hambre con que las Fuerzas Armadas han tenido que operar. El actual gobierno decía que su prioridad era el saneamiento de las finanzas públicas, pero eso es parcialmente correcto.
El área social no tuvo impactos en sus presupuestos, pero en cambio con las Fuerzas Armadas no tuvieron problemas para ajustarles el presupuesto operativo, o no autorizar los proyectos de renovación o mantención de capacidades a pesar de que había fondos de la ley de financiamiento de capacidades estratégicas disponibles.
Literalmente perdimos cuatro años. Es algo de lo cual el Presidente electo y su ministro de Defensa Nacional recientemente designado se tendrán que hacer cargo. Claro que hay emergencias en el ámbito de la seguridad y la economía, pero también estamos ad portas de una en lo que se refiere a las capacidades estratégicas de Chile.
Si nada se hace, muy prontamente, y antes de lo que se piensa, vamos a tener que comenzar a dar de baja submarinos y fragatas, material del Ejército y de la Fuerza Aérea. Ya no se trata de gestionar su reemplazo. Estamos hablando derechamente de perder capacidades que hasta ahora nos han dado más de 20 años de paz y tranquilidad, y cuya readquisición posterior claramente saldrá más cara si no se hace ahora en forma ordenada y planificada.
Presupuestos de continuidad más desinversión en defensa no son una buena idea, algo que esperamos el nuevo gobierno se haga cargo y corrija a la brevedad. No tenemos otros cuatro años y debemos tomar acción de inmediato. No estamos hablando de completar los fondos de las cuentas de capacidades estratégicas o de contingencias. Estamos hablando de tomar acción, firmar decretos y avanzar.
El mandatario saliente acusó a la nueva administración de querer sacarse fotos con inauguraciones financiadas por su gobierno, pero se olvida que en lo que a defensa se refiere, se sacó fotos en la recepción del Viel al servicio naval, o en el Centro Nacional Espacial, ambos autorizados y financiados por gobiernos anteriores, dando la impresión de hacer muchas cosas, pero que de suyas nada tenían.
Tenemos la esperanza de que el gobierno de las emergencias, uno que promete ser de acción, tome el toro por las astas y arregle la situación en que recibe a las Fuerzas Armadas y las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.

Así es, muy de acuerdo. Comenzaría y priorizaria con recuperar las dotaciones de contingente y soldados tropa profesional y las capacidades de OPERAR, MOVERSE……
El gobierno que finaliza el 11 de marzo de 2026 forma parte de aquellos sectores políticos que pretenden destruir a las Fuerzas Armadas.
Evidentemente, no se trata de destruirlas físicamente, sino que moralmente; de hacer que ellas dejen de ser lo que son, que ellas dejen de ser lo que tienen que ser: fuerzas al servicio de la nación y no al servicio del gobierno; y las garantes, en última instancia, del orden institucional de la República.
Se trata de destruirle a los militares su capacidad moral para volver a intervenir y asumir el poder político, en caso de que nuevamente se produjesen en Chile situaciones como la ocurrida en 1973, cuando estuvieron en gravísimo peligro intereses vitales de la patria.
Se trata de eliminar el escollo que representan las FF.AA. para convertir a Chile en un Estado socialista; mediante su destrucción o neutralización, y así lograr que se abstengan de actuar en caso de una nueva asonada revolucionaria como parte del proceso insurreccional en curso.
Contribuye a que tales sectores políticos logren su propósito el desconocimiento generalizado de la ciudadanía sobre las Fuerzas Armadas: ¿qué son?, ¿para qué sirven?, ¿cuál es la función específica de ellas en una sociedad? Estas preguntas son esenciales.
Al respecto nos podríamos preguntar: ¿qué lugar ocupan, en la realidad social, las Fuerzas Armadas?
Cuando se habla de Fuerzas Armadas, como expresa Julián Marías, “lo primario no son las armas ni siquiera las fuerzas. Esto es paradójico. Lo primario es la organización, es el orden, es la cadena jerárquica, es, en definitiva, la autoridad; pero la autoridad como poder moral, es decir, a última hora, como poder espiritual. Las Fuerzas Armadas, si lo son, lo que no pueden ser jamás es fuerza bruta, en modo alguno; si las Fuerzas Armadas se reducen a fuerza bruta, entonces ya no son lo que son, ya no son lo que tienen que ser, justamente es la violación radical de lo que las constituye.
La fuerza militar no es fuerza bruta sino espiritual. Lo único que puede mover racionalmente al enfrentamiento armado y a soportar debidamente los sacrificios que impone es la ilusión de un ideal por el que valga la pena luchar, y éste sólo puede provenir del espíritu. Si ese ideal no existe o se pretende crear de manera artificial, la ilusión no se produce y el móvil desaparece reduciéndose así los ejércitos a fuerza bruta, incapaz de cumplir satisfactoriamente las misiones para las que fueron creados.
Vivimos en una época de crisis, una crisis dentro de la sociedad. Estamos en un mundo definido por una crisis general de legitimidad de la autoridad. Pues bien, en épocas de crisis social y especialmente de crisis de la legitimidad, las Fuerzas Armadas frecuentemente son el resto de la legitimidad: por lo que tienen de organización jerárquica, por lo que tienen precisamente de autoridad, suelen ser lo que queda, el resto de la legitimidad en crisis.
Yo creo que esto es lo más valioso que tienen, y lo más necesario para una sociedad.
Diríamos así que en este sentido, en estas circunstancias, las Fuerzas Armadas representan el rescoldo de una legitimidad más amplia que ha estado comprometida, o que está apagada; el rescoldo para volver a encenderla. A veces se puede, sobre las cenizas, sobre el rescoldo de un fuego que ha ardido, volver a encenderlo y pueden brotar nuevamente las llamas. Esta es la función capital que tendría ese precioso, inestimable rescoldo de la legitimidad”.
Las Fuerzas Armadas son una institución especializada para resguardar y asegurar, en última instancia, los valores sagrados de una sociedad. Ellas constituyen el último círculo jerarquizado de la sociedad, capaz de salvar de su disolución a una comunidad política.
Los institutos armados son la fuerza, la coacción organizada para mantener dentro y fuera de la nación el orden, es decir, el Derecho, sin el cual no existe orden social alguno.
Sin el respaldo de la fuerza no hay interés defendido ni objetivo alcanzable ni, en suma, política posible.
Las Fuerzas Armadas existen para apoyar la política exterior e interior de los Estados. Ellas no tienen más ideología y norma que el servicio a la patria, y como meta una misión de convivencia pacífica internacional y de paz interna.
Las Fuerzas Armadas sirven para garantizar la paz en libertad de la nación, protegiendo los irrenunciables intereses nacionales.
Se ha definido a las Fuerzas Armadas como “una institución especializada para resguardar y asegurar, en última instancia, los valores sagrados de una sociedad”.
Las Fuerzas Armadas constituyen la reserva moral de la nación y la instancia final a la que ésta recurre en las situaciones más extremas y cuando una crisis política amenaza su sobrevivencia.
Adolfo Paúl Latorre
Capitán de navío E.M.
Abogado
Magíster en ciencia política
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