Un regalo griego (Ascanio Cavallo). Una trampa perfecta (Francisco Covarrubias). Un regalo envenenado (Daniel Mansuy). Una candidatura inviable (Gonzalo Cordero). Una emboscada diplomática (Jorge Ramírez). Una jugada maestra (Max Colodro). La política de la “encerrona” de los hechos consumados (Jorge Schaulsohn). Estas son, entre otras, las duras expresiones que escribieron algunos columnistas de la plaza respecto a la candidatura de Michelle Bachelet para la Secretaría General de las Naciones Unidas.
No son opiniones subjetivas ni formuladas en ausencia de atendibles razones. Son, hay que reconocerlo, manifestaciones de un problema mayor que no conviene soslayar, tratándose de un tema de estado mucho más que uno de la política partisana. Se trata ni más ni menos que de la viabilidad de su candidatura, que asoma dudosa cuando no por momentos inalcanzable. Al respecto, se suele invocar el poder de veto que podría ejercer Estados Unidos respecto de un candidato o candidata que no sea de su preferencia, asumiéndose que este podría ser el caso de Michelle Bachelet. Pero se olvida que ese mismo poder lo tiene China y nada asegura que dejaría de ejercerlo si lo estimara conveniente para sus fines. Lo menos que puede decirse es que las posibilidades de la expresidenta se encuentran inevitablemente condicionadas al talante geopolítico de las superpotencias y de sus gobernantes, en un momento en el que el poder mundial está experimentado una reconfiguración cuyos contornos son todavía imprevisibles.
Por otro lado, de acuerdo a estudios de opinión pública sólo una minoría de los chilenos estaría de acuerdo con la candidatura de la expresidenta a la Secretaria General de la ONU, lo que es revelador de la erosión que su figura pública ha sufrido desde que fuera, con distancia, el personaje político chileno más popular de las últimas décadas. Cuando las encuestas mostraron que su candidatura a la Presidencia de la República en 2025 no era competitiva, Bachelet no dudó en abandonar una carrera presidencial que asomaba extraordinariamente conveniente para el progresismo. El costo de la derrota para la imagen de la expresidenta habría sido demasiado alto para alguien que ganó dos elecciones presidenciales y gobernó la nación durante ocho años. Ahora sabemos que de haber mantenido su candidatura esa derrota pudo ser igualmente expresiva que la sufrida por Jeannette Jara en diciembre pasado.
“La expresidenta no se ha inscrito para perder” escribió Ascanio Cavallo en La Tercera el pasado domingo. Pues bien, si lo que estaría asomando en esta oportunidad es también una derrota -infligida ahora por alguno de los vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU-, lo que vendría a “cerrar su carrera política de manera impropia” (Cavallo), entonces no sería improbable que la propia Bachelet considerara la conveniencia de renunciar a su candidatura. Y no solo por el alto riesgo de una derrota, sino porque su candidatura se instaló sin guardar las formas y fondo de un tema de Estado y, en cambio, se parece más a un impulso partisano de la izquierda local apoyada por los izquierdistas gobiernos de Brasil y México, no faltaba más, limitando severamente las posibilidades de un apoyo transversal.
Si la iniciativa fue al fin “una jugada maestra” del actual oficialismo, como lo sostiene Colodro, para infligir la herida del cuchillo al Presidente electo al decir de Francisco Covarrubias -“si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata”-, entonces la maniobra fue despojada en su origen del más elevado objetivo de servir a los fines de la nación para transformarse en una mera “encerrona” política, en un “regalo envenenado” o en un perfecto “amarre”, tornándose en un intríngulis de alto costo para la propia Bachelet y para el sistema político que nada bueno podría sacar de todo esto.

Así se ve. Huele a mafioso
Quien sea el candidato que el país presentase para Secretario General de la Naciones Unidas debiera ser una persona que uniera a la nación.
Michelle Bachelet, mas que nadie, la divide.
Creo muy buena la salida del gobierno electoral de «mirar» los apoyos de diversos países (sobretodo americanos) para sumar otra causa de inviabilidad o retraso de tiempo, para finalmente pasar «sin pena ni gloria» ….
Ojala que Kast no apoye finalmente esta candidatura. Es perdida de tiempo y plata.