De todos los presidentes que ha habido en Chile desde el retorno de la democracia, Ricardo Lagos representa el modelo más atractivo a seguir para José Antonio Kast. Al igual que Lagos, Kast busca marcar un punto de quiebre con el pasado de una forma que garantice estabilidad social y política y que tranquilice a aquellos que temen un giro demasiado radical. Si Kast logra replicar ese aire republicano de fortalecimiento institucional y reformas graduales y razonables que caracterizó el sexenio de Lagos, el primer presidente de derecha conservadora que tendrá Chile en estos 36 años de democracia podrá sentar las bases de una alternativa viable y atractiva de futuros gobiernos conservadores.
El gran éxito de Ricardo Lagos consistió en combinar políticas económicas ambiciosas que promovieron el crecimiento y la inclusión social con avances ponderados, pero también significativos en la agenda valórica progresista. Lagos impulsó la profundización del modelo exportador y del libre comercio, promoviendo la inversión extranjera y doméstica, y el desarrollo de infraestructura a través de proyectos de cooperación público-privado. Sus políticas económicas tranquilizaron a un sector empresarial que temía que el primer Presidente izquierdista desde Allende promoviera políticas estatistas y de regulación excesiva. A la vez que buscó calmar a los escépticos, Lagos también impulsó ambiciosas reformas progresistas que buscaban ampliar la libertad y las oportunidades. La legalización del divorcio, el fin a la censura previa en el cine y la eliminación de varios enclaves autoritarios de la Constitución con las reformas de 2005 permitieron a Lagos dibujar un país más liberal, justo y progresista, y a la vez ganarse la confianza y los aplausos de sectores que se habían opuesto a su campaña y habían dudado de la conveniencia de que un socialista llegara al poder.
Hoy, Kast enfrenta una situación similar a la que enfrentó Lagos en 2000. Hay dudas equivalentes en sectores importantes de la población sobre algunas de las reformas que prometió Kast en campaña y sobre algunos de los puntos centrales de su agenda valórica. En un país que ha abrazado una agenda más bien liberal, Kast aspira a impulsar valores conservadores asociados a la familia tradicional, al orden y las tradiciones. Para poder avanzar su proyecto de largo plazo, Kast deberá tranquilizar a la población ofreciendo resultados de corto plazo en política económica.
La capacidad que tendrá Kast para darle viabilidad a su visión de mundo conservadora dependerá en buena medida del rumbo que tome la economía. Si el país recupera el sendero del crecimiento y se multiplican las oportunidades laborales para la población, la gente mirará con más curiosidad la promoción de valores tradicionales y costumbres de respeto y civilidad que parecían ser parte del pasado en Chile y que Kast busca volver a posicionar como prácticas comunes. Si bien los chilenos no apoyarán fácilmente medidas que limiten sus derechos individuales, el respeto a las tradiciones y las buenas costumbres bien pudiera volver a ganar popularidad. Los excesos performativos que caracterizaron la salida del clóset de las minorías sexuales en los últimos años (recordemos el vergonzante acto artístico presumiblemente sexual que incluyó el inusual uso de la bandera nacional durante el cierre de campaña del Apruebo en el referéndum constitucional de septiembre de 2022) serán menos aceptables para las grandes mayorías. En cambio, la cultura del respeto y la civilidad ganarán adeptos. Las marchas violentas, la destrucción de propiedad pública y privada, el uso de overoles blancos y los rostros cubiertos en las manifestaciones serán objeto de condena popular. En cambio, las marchas pacíficas, el respeto a los carabineros y a los servidores públicos en general ganarán adeptos y se convertirán en la única forma aceptable de expresarse políticamente.
Pero para que ese país respetuoso, tolerante y civilizado se comience a manifestar y legitimar, primero será necesario que la economía avance por el sendero correcto. No bastará que Kast impulse medidas que logren controlar la inmigración ilegal y que reduzcan el crimen y la inseguridad. Si bien esas promesas han sido claves para el éxito electoral de Kast, el éxito del gobierno dependerá también de que la economía vuelva a crecer y aumente el empleo. De poco sirve que disminuya la inmigración ilegal y la delincuencia si la situación económica sigue estancada.
Por eso, si quiere que su visión de mundo conservadora y tradicional comience a ganar adeptos, Kast debiera aprender de lo que hizo bien Ricardo Lagos cuando fue Presidente. Primero deberá centrarse en producir resultados económicos y darle estabilidad al país y luego podrá avanzar de forma gradual y sensata su agenda valórica conservadora. Así como Lagos logró mover al país hacia posiciones más progresistas de forma gradual, Kast podrá mover al país hacia posiciones más conservadoras si la gente comienza a percibir que el país avanza por el sendero correcto en el ámbito económico.

Siiii, vale. Lo que sí, comparar un escenario de Lagos años 2000 a 2006 y la oposición decente de esa época la que incluso lo salvaron a él de una acusación constitucional por tema sobre sueldos ilegales a sus ministros, con actual cuadro crítico de seguridad y la existencia de una parte de la oposición de tipo golpista y antidemocratica, parece un claro despropósito. Tengo la duda si ese despropósito es con buena o mala intención. Parece un error muy burdo para creer que es bien intencionado
En la práctica el primer presidente de derecha después del Gobierno Militar fue Ricardo Lagos.
Si se observan sus obras, abstrayéndose de sus partidos políticos, no cabe duda de que presidió un gobierno de derecha.
Dentro de todos los Gobiernos, una vez que el Presidente Pinochet, entregara el país a una Democracia, concuerdo plenamente que al menos Lagos fué el que realizó un buen Gobierno.
Sí, realizó un buen gobierno pero pagamos caro por ello. Ahí se plantó la semilla de la corrupción. No hay que olvidar que no sólo fueron los sobresueldos, también las cuentas en el MOP y los trenes comprados en España, mismos trenes que fueron regalados a Colombia. España se deshizo de esos trenes porque no cumplieron las exigencias del funcionamiento y se descubrió que tenían falencias técnicas que acortaban su vida útil. Etc., etc.