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Al igual que todos los años, este 15 de octubre se celebra en nuestro país el Día Nacional del “Anciano y del abuelo. Más allá de que no todos los abuelos y abuelas son “ancianos” y que no todas las personas mayores (las que antes eran llamadas “ancianas”) tienen nietos, vale la pena reflexionar sobre la importancia de los abuelos, sobre todo las abuelas, en el cuidado de los nietos.

La prolongada sobrevivencia de las mujeres después de la menopausia (al menos treinta años luego de terminada la vida fértil), es una característica casi exclusiva de nuestra especie. Se ha postulado que la existencia de estas mujeres mayores contribuía notablemente a la alimentación de su descendencia, contribuyendo así a la fertilidad de sus hijas: al no tener hijos pequeños, ayudaban a alimentar a los hijos de sus hijas y sobrinas (Hawkes, 1998). Esta ayuda fue especialmente importante para el bienestar nutricional de los niños recién destetados, ya que con la llegada de un nuevo recién nacido sus madres buscaban menos alimento; debemos recordar que al menos en nuestra especie, los pequeños son incapaces de alimentarse de forma independiente. Esto es lo que se ha llamado, desde el punto de vista evolutivo, la “Hipótesis de la abuela”, la cual se refiere a la idea de que las abuelas intervienen para alimentar a los niños pequeños y realizar otras tareas maternales para que las madres puedan concentrar sus energías y recursos en tener más hijos y en intervalos más cortos. El resultado final es que una abuela facilita el nacimiento de más descendientes, aumentando las copias de sus genes en las generaciones posteriores.

¿Tiene validez este rol de las abuelas en la sociedad contemporánea? A primera vista uno diría que no, ya que es innecesario tener a las mujeres mayores recolectando bulbos para alimentar a las nuevas generaciones y sus hijas tampoco parecen estar tan preocupadas en tener numerosa descendencia. No obstante, las abuelas sí siguen teniendo un rol importante en la vida social y laboral de sus propias hijas. Un reciente estudio en Argentina mostró que la jubilación de las abuelas impacta de manera significativa en el empleo de las madres, especialmente si las abuelas viven en el mismo hogar familiar, puesto que en lugares donde la cobertura de servicios de cuidado infantil es escasa, las redes familiares son fundamentales para mantener el empleo femenino. A su vez, el estudio chileno “Abuelas cuidadoras chilenas: voces de niños, niñas y abuelas que conviven en contextos de vulnerabilidad social”, mostró que un “40% de los/as adultos/as mayores declara cuidar nietos/as”. Las abuelas, además del cuidado mismo de los nietos, entregan espacios de recreación compartidos, transmiten valores, tradiciones y conocimientos a las nuevas generaciones, convirtiéndose en un “referente en la crianza”. Los niños consideran que sus abuelas son “cercanas, afectuosas y protectoras” incrementando en ellas la sensación de seguir siendo útiles.

En Chile las abuelas lo son a edades relativamente jóvenes en comparación con otros países de la OCDE; por consiguiente, suelen ser activas y gozar de buena salud cuando se convierten en abuelas, estando en condiciones adecuadas para apoyar a sus hijas o nueras con las responsabilidades de cuidado. No obstante, considerando la postergación de la maternidad, en una o dos generaciones más, esa realidad cambiará y no habrá abuelas jóvenes interactuando con sus nietos.

Docente-Investigadora en Bioética, Universidad del Desarrollo

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