Acorde al mundo en que vivimos, la Copa Mundial de Fútbol 2026 se inicia con las características de un mundo segregados y cada vez más xenófobo, con ribetes supremacistas que se expresan sin pudor.
En efecto, se inicia una copa que no pretende ser sinónimo de unidad y ejemplo de fair play, puesto que uno de sus organizadores ha manifestado su voluntad discriminatoria, mientras que la FIFA se acomoda por medio del silencio e inacción a sus objetivos lucrativos.
Así queda de manifiesto en la denuncia del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artán, quien fue deportado en el aeropuerto de Miami, impidiéndole participar del torneo mundial. Este árbitro es considerado el mejor en África, pero la FIFA acató sin mayores reparos los dictámenes contrarios a los valores que decía representar este certamen.
Las delegaciones de Senegal y Uzbekistán han denunciado haber sido sometidas a un excesivo registro a su ingreso a territorio estadounidense, lo cual resulta absolutamente discriminatorio en relación con el trato recibido por otras delegaciones amigas de los anfitriones.
Capítulo especial tiene el trato vejatorio realizado por Estados Unidos al equipo de Irán, ya que a extendido el campo de guerra al torneo futbolístico. Ello, de alguna manera, es coherente en la agresión que la Casa Blanca realiza contra sus enemigos en todos los frentes, sin embargo, en ello se desvanece el sentido que dio origen al encuentro mundial de futbol: crear un espacio de fraternidad en torno a una competencia deportiva.
En la era del posfutbol resulta evidente que priman los intereses económicos a los deportivos, sin embargo, lo que resulta realmente trágico es que se utiliza el torneo como una extensión de las políticas tendientes a reeditar la visión supremacista del mundo. Una que establece compromisos y relaciones jerárquicas según el color, porte de la billetera y la cultura de las personas.
Las políticas antideportivas son notorias desde el inicio en este mundial. Un delantero del equipo iraní, Aymen Hussein, fue interrogado por siete horas al ingresar a Estados Unidos (Chicago), mientras la Federación Internacional de Futbol Asociado prefiere no protestar por estas medidas arbitrarias.
Los dirigentes de la FIFA también callan frente a la prohibición de pernoctar en suelo estadounidense a la selección iraní, situación que les obliga a viajar después de los encuentros rumbo a México. Acción antideportiva que vicia el certamen en su totalidad.
En consecuencia, esta Copa será recordada por la exhibición de políticas discriminatorias y raciales, asemejándola a los juegos olímpicos de 1936, encuentro deportivo celebrado en el epicentro de la corriente supremacista de aquel entonces, la Alemania nazi. Sin embargo, toda su propaganda no consiguió amilanar al corredor afrodescendiente Jesse Owens en el atletismo, quien con la bandera de Estados Unidos dio una lección a la ideología imperante. ¿será que la historia se repetirá?

Me da la leve impresión que no le agrada EUU y menos el Pdte Trump. Dios quiera que sus clases no sean tan categoricamente sesgadas.
Carlos …. ¿ Por qué denostar al Sr. Abedrapo si lo que dice es claramente antideportivo o debe callarse ?