El Presidente José Antonio Kast está atrapado en un innecesario laberinto de su propia creación. Incapaz de asignar claramente responsabilidades y obligaciones a cada uno de los miembros de su equipo de ministros y asesores, Kast se encuentra ahora abocado a tratar de poner orden en su equipo de gobierno y a determinar quién tiene poder para tomar distintas decisiones y quiénes serán la voz oficial del gobierno.
Si Kast quiere ser exitoso en su intento por poner al país en el camino correcto, primero tendrá que golpear la mesa y establecer el rol de cada uno de los cargos con poder en el gobierno. El Presidente debe determinar quién tiene poder para tomar decisiones y debe dirimir los conflictos que inevitablemente se producen en cualquier gobierno. Si no demuestra pronto que sabe mandar, Kast difícilmente podrá convencer a los chilenos que crean que su gobierno tiene un plan factible para que este país vuelva a funcionar como debe.
Los gobiernos siempre tienen problemas en su rodaje inicial. Como muchos cargos tienen mandatos amplios y como muchos temas incumben a varios ministerios y reparticiones, siempre hay ajustes necesarios que se deben hacer cuando se inicia un gobierno. En los primeros meses siempre se producen tensiones entre ministros que aspiran a aumentar su poder y entre burocracias que tradicionalmente compiten por influencia. La tensión entre el segundo piso -donde están los asesores directos del Presidente- y los ministerios es casi inevitable. De igual forma, los gallitos entre los Ministerios de Hacienda, Interior y Secretaría General de la Presidencia son una constante cuando se inicia el gobierno y después de cada cambio de gabinete. La vocería de gobierno, en el Ministerio Secretaría General de Gobierno, también es objeto de críticas, especialmente de otras reparticiones que resienten que las vocerías se concentren en una sola voz.
Así que nada de lo que ha venido ocurriendo en los dos primeros meses del gobierno de Kast es nuevo o inesperado. En todos los gobiernos, desde el retorno de la democracia, con distintos matices, se han observado tensiones similares. La oposición siempre ha aprovechado esos desencuentros y desajustes para criticar al gobierno y la prensa a menudo magnifica los conflictos y tensiones para conseguir mayor audiencia en una opinión pública que inevitablemente empieza a perder el interés en la política cuando el gobierno ya ha asumido y, presumiblemente, se empieza a dedicar a su tarea de administrar y sus objetivos de implementar reformas.
Pero hay algo especialmente preocupante en esta nueva iteración de los conflictos políticos que se dan cuando se inicia el gobierno. En esta ocasión, parte de la responsabilidad por las peleas y enfrentamientos al interior del gobierno es directamente atribuible al Presidente José Antonio Kast. El Mandatario se ha demorado demasiado y ha sido poco claro en dirimir y asignar poder a algunos mientras se los quita a otros. Kast parece estar dejando que los conflictos se solucionen solos o que los involucrados terminen por solucionar sus disputas entre ellos.
Habiendo crecido en una familia de 10 hermanos, y siendo él el menor, Kast bien pudiera sentirse cómodo cuando hay conflictos y tensiones. Pero la clase política, y la opinión pública en general, no toman bien los conflictos en un equipo de gobierno. Cuando no está claro quién toma las decisiones y quién tiene la última palabra, la clase política se desordena y las cosas dejan de fluir. Nadie quiere asociarse a las altas autoridades que terminarán de perdedores en los conflictos y, como no queda claro quién ganará y quién perderá, porque el Presidente se demora demasiado en dirimir, la clase política toma palco y decide esperar que se solucionen las tensiones antes de mostrar sus cartas.
En la política, la incertidumbre siempre hace daño. Es mejor que quede claro pronto quién gana y quién pierde en una confrontación para que el resto de los actores puedan empezar a mover sus piezas. Si los conflictos sobre quién tiene poder y quién deberá tomar un papel secundario se prolongan demasiado, la clase política en su conjunto se ve obligada a esperar que se dirima el conflicto al interior del círculo de poder antes de poder cerrar acuerdos y formar bandos para apoyar u oponerse a las distintas iniciativas de gobierno.
En su primer día de gobierno, el Presidente Kast visitó un colegio, enviando la señal de que, igual que Pedro Aguirre Cerda, su gobierno cree que gobernar es educar. Pero gobernar en realidad es tomar decisiones y asignar cuotas de poder, dirimiendo conflictos que se generan en los equipos de gobierno. Kast debe comenzar a juzgar con sabiduría los conflictos al interior del gobierno y dirimir quién tendrá poder en distintos ámbitos y dimensiones. Mientras no lo haga, seguirá atrapado en un laberinto construido por sus propias indefiniciones y dudas. Lo que es peor, el país no podrá salir del estancamiento en que se encuentra. La principal crisis que habrá en el país será la que afecta a un gobierno en el que no se sabe quién tiene y quién no tiene poder.
