Enade 2023 (Agencia Uno)

Es curioso cómo la agenda política va y viene no necesariamente a través de los temas más relevantes, sino que muchas veces está determinada por lo anecdótico. Fue lo que ocurrió con la frase del Presidente Gabriel Boric, “más Narbona, menos Craig”, que se entendió poco y tuvo a algunos ministros confundidos e intentando explicar esa salida de libreto. Más importante todavía, trajo a la discusión el tema de la relación entre los empresarios y el Gobierno, así como los eventuales prejuicios del mundo empresarial hacia la administración Boric.

Por supuesto, como suele ocurrir en todos estos temas, el asunto es mucho más complejo, sobre todo cuando hace poco el gobernante llamó a abandonar el “paternalismo” empresarial en sus críticas a su administración, sin duda un tema en que se advierten las molestias del oficialismo, sin que necesariamente haya una oposición hacia el Presidente Boric.

Es bueno recordar un par de circunstancias, que se remontan a los meses previos al comienzo del actual gobierno. Primero, el 13 de enero de 2022 se realizó un encuentro de la Enade, que es una de las reuniones empresariales más importantes que se desarrollan en Chile. En esa ocasión el Presidente electo Gabriel Boric afirmó que realizaría cambios graduales, con responsabilidad fiscal, crecimiento sostenible y con un amplio diálogo. Las reacciones del mundo empresarial –se puede revisar la prensa de esos días– fue ampliamente favorable hacia el joven nuevo gobernante, quien recibió generosos aplausos. Lo mismo ocurrió con el economista Mario Marcel cuando fue designado como ministro de Hacienda: hubo prácticamente unanimidad para felicitar su nombramiento, reconocer su capacidad y esperar buenos resultados de su gestión. En otras palabras, en los dos casos hubo un prejuicio positivo, tanto hacia el Presidente de la República como hacia su ministro de Hacienda.

Por otra parte, hay algunos temas de fondo que es necesario comprender. Primero, en términos generales, los empresarios no son opositores a los gobiernos. A las personas que están en el mundo de los negocios les interesa que al país le vaya bien, que exista seguridad jurídica, condiciones para invertir, crear riqueza, impuestos adecuados, obtener ganancias, crear empleos y generar un aporte específico a la sociedad a través del emprendimiento, la libre iniciativa y el funcionamiento de los mercados. En este sentido, más que un gobierno específico, importan las condiciones para realizar negocios, que es la actividad de los empresarios.

En segundo lugar, hay una lectura muy diferente entre algunos sectores de la izquierda –en este caso se podría incluir al Frente Amplio y al Partido Comunista– con una visión más integrada de la realidad. Para los primeros, ideológicamente y en muchos casos en la práctica, la historia y la realidad se presentan como lucha de clases, de manera que lo obtenido por los empresarios (la burguesía, el capital o los dueños de los medios de producción, como se ha dicho en algunas ocasiones) es para aumentar las ganancias propias, en perjuicio de los sectores del mundo del trabajo (obreros, proletarios u otros). En otras palabras, es la fórmula tradicional de la lucha de clases.

Tercero, Chile está viviendo una nueva fase de su historia desde hace algunos años, lo que ha llevado no solo a dejar de lado los consensos de la transición y de la democracia, así como también sus consecuencias: el ambiente de acuerdos, la posibilidad de presentar los problemas comprendidos como tareas nacionales y no exclusivamente partidistas y la certeza de que el trabajo común genera mejores resultados que la lucha de clases o las permanentes querellas recíprocas.

Es evidente que los socialistas chilenos de los años 90 y 2000 –seguramente también los democratacristianos– no procuraban la inversión extranjera y el crecimiento económico para que unos cuantos empresarios se hicieran más ricos. La visión de fondo que tenían los antiguos líderes de la Concertación era que el crecimiento económico, una viga maestra del progreso nacional durante años, era una clave para el desarrollo de los más diversos grupos y personas en la sociedad: la ciudad y el campo; la minería, la construcción, la educación y la agricultura; las mujeres y los hombres. En definitiva, el conjunto de una sociedad destinada a tener mejores niveles de vida y mayores oportunidades para su gente.

El problema de Chile no son los empresarios –por cierto, tampoco los trabajadores – sino que son de otra naturaleza. Ahí están, demoliendo la convivencia nacional, el narcotráfico y la delincuencia; ahí están, como lacras contra la justicia, una mala educación y las listas de espera en salud; ahí están, como símbolos de la mediocridad, el estancamiento económico y la falta de creación de empleo. Es evidente que existe un problema económico en un país que celebra un crecimiento del 0,2% en 2023 y que solo supera a Argentina y a Haití en este plano, cuando antes esos números iban entre el 5% y el 7% durante años y le permitieron a Chile compartir estándares de la OCDE y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Como en otras ocasiones, debemos repensar hacia dónde dirigir los dardos, a qué dar prioridad, cómo concentrarnos en lo esencial, para no vivir dando manotazos o haciendo críticas inconducentes. En materia de crecimiento económico y progreso social el gobierno y los empresarios deben ser aliados, como muestran los mejores momentos de la economía chilena y de lucha contra la pobreza y otros males sociales. Suponer lo contrario refleja un desconocimiento histórico y una falta de sentido de futuro. 

Chile requiere más acuerdos sociales y menos enfrentamientos inútiles, más sentido de futuro y menos querellas del pasado, más progreso y menos ideología. Se requiere menos chimuchina y más grandeza, menos mediocridad y más crecimiento económico, menos pobreza y mayor calidad de vida, más trabajo formal y menos cesantía y trabajo informal. Eso es lo que Chile necesita y en ello deben concentrarse los esfuerzos de las autoridades políticas y del mundo privado, por el bien de tantos compatriotas que lo están pasando mal y que merecen un futuro mejor.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

Participa en la conversación

1 Comment

  1. Estando de acuerdo con lo expresado en la columna, pienso que no vale la pena quedarse con el «Narbona-Craig», ya habrá otras parecidas frases para el bronce. Cuando se intenta ser sublime, es fácil caer en el ridículo ya que la línea que los separa es muy tenue.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.