El impactante triunfo de José Antonio Kast sobre Jeanette Jara convoca a un análisis profundo de los nuevos paradigmas que comienzan a instalarse en Chile. No se trata sólo de un resultado electoral: es una señal política, cultural e institucional de gran magnitud.

Este triunfo castiga con claridad el intento refundacional, wokista e identitario que se inicia en octubre de 2019, impulsado por el actual oficialismo, sus partidos aliados y también por una Democracia Cristiana que, al renunciar a su tradición reformista y republicana, terminó diluyéndose en un proyecto ajeno a su historia.

El llamado estallido social, que para muchos justificó la violencia, prometía resolver problemas estructurales. No resolvió ninguno. Por el contrario, los profundizó: la inseguridad se expandió, la economía se estancó y la confianza en las instituciones se deterioró gravemente.

Esa clase media, que ha perdido y ha sido postergada en este gobierno, necesita algo esencial: un buen gobierno. Necesita certezas. Necesita empleo, crecimiento y la posibilidad real de proyectar su vida con esfuerzo y dignidad, sin miedo a perderlo todo por la improvisación política.

Tampoco lograron derrocar al Presidente Sebastián Piñera. Intentaron hacerlo por la vía de la presión callejera, la deslegitimación permanente y el vaciamiento de la autoridad. Fracasaron. Más aún: con el paso del tiempo, y a la luz de los resultados, sus dos gobiernos han sido evaluados en encuestas como los mejor valorados del período reciente. El proyecto refundacional tampoco logró imponerse democráticamente: la ciudadanía lo rechazó de manera clara, reiterada y contundente.

Los tres poderes del Estado deben funcionar con eficacia, eficiencia, responsabilidad y ética. La ciudadanía exige saber que el Estado no será un nido de acomodos para personas sin experiencia ni mérito. No quiere más Estado; quiere un mejor Estado: uno que se concentre en lo necesario y lo haga bien -seguridad, salud, educación-, con seriedad y profesionalismo.

Existe también una demanda profunda por justicia ejemplar. Esta elección es, en parte, una derrota a las malas prácticas judiciales: a las demoras interminables, a las injerencias indebidas, al tráfico de influencias y a la corrupción. Las personas quieren sentir que la ley se cumple, que quien delinque recibe castigo efectivo y que las condenas se cumplen. Sin justicia, no hay convivencia posible.

El Poder Legislativo tampoco queda al margen de esta interpelación. Los parlamentarios fueron electos para legislar, no para boicotear. Deben asistir, dar quórum, discutir y legislar con responsabilidad. Amenazar al Ejecutivo con “hacerle la vida imposible” no es política: es espectáculo. Y Chile ya se cansó del espectáculo.

Ordenar la casa tranquiliza. El orden no es autoritarismo: es condición básica para la libertad, el progreso y la vida en común.

Un cambio de paradigma total es que los derrotados se quedan sin consignas callejeras. “No son 30 pesos, son 30 años”, “no más AFP”, “no más Isapres”, el perro matapacos: todo eso murió en las urnas. No porque los problemas no existan, sino porque esas consignas demostraron ser incapaces de resolverlos.

Este gran quiebre abre un nuevo ciclo político. Surgen otras necesidades, otros clivajes y otra forma de trabajar y pensar Chile. Pero este cambio impone una responsabilidad mayor a la clase dirigente en su conjunto: gobernar, legislar y juzgar a la altura del mandato ciudadano, sin excusas, sin cálculos pequeños y sin nostalgias ideológicas.

Chile no necesita revanchas ni trincheras. Necesita unidad en lo esencial, trabajo serio y sentido de urgencia. Como advirtió Aristóteles, “la política no es el arte de lo posible, sino el deber de hacer posible lo necesario”. Hoy lo necesario es recuperar el orden, la confianza y el futuro.

Este no es sólo el fin de un ciclo: es una advertencia. Cuando la política se aleja de la realidad, la ciudadanía responde. Y cuando responde, no hay consigna que la detenga.

Economista. Ex embajadora de Chile en Uruguay

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3 Comments

  1. Importante reconocer que Kast es el hombre para esta etapa. Tiene la fuerza y tendrá los equipos. Viva Chile.

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