La semana pasada tuvo lugar el Encuentro Nacional de la Empresa (Enade) cuyo lema fue “Tempus Invertendi”, Tiempo de invertir. Hubo una fuerte “arenga económica” por parte del Presidente José Antonio Kast llamando a invertir para revertir el estancamiento y pesimismo económico del país. Las cifras de Chile no son buenas con un Imacec negativo y tasa de desempleo que roza el 9,6%, lo que fue calificado por el presidente de Icare, Renzo Corona como algo “inmoral”. Ciertamente lo es, por lo mismo es imperativo enmendar el camino. Chile lo hacía bien, decidió hacerlo mal y hoy, hay que recuperar la senda del crecimiento.
Se habló de la necesidad de reglas claras, plazos razonables e instituciones que funcionen para lograr atraer capitales a largo plazo y crear empleo formal. Esto implica no querer refundar el país constantemente, a lo que Corona afirmó que “los países serios no se reinventan cada cuatro años”. Más allá de este llamado, no se ha acelerado el revertir porque los quórums debilitados para hacer cambios constitucionales que quedaron en Chile tras la intentona octubrista y la salida de los que siempre ceden ante los violentistas, siguen vigentes. Es eso lo que explica que, aunque el intento refundacional de la Convención fracasó y más allá de que hoy haya un gobierno de derechas, la inversión esté rezagada en un Chile que no puede esperar. No basta la megarreforma, que por supuesto ayuda, se necesita certeza jurídica. Es decir, saber antes de invertir que no vendrá un próximo gobierno que quiera cambiar las reglas del juego.
Se habló, por supuesto, de los desafíos de la Inteligencia Artificial, la que debe ayudar a resolver problemas nuevos potenciando empleos de calidad, más que abaratar costos. En este punto hay que comprender que las leyes laborales, la fuerza sindical militante y las leyes que han enrarecido los ambientes laborales, como la “ley Karin”, no ayudan para que no se busque abaratar costos, todo lo contrario. La presidenta de la CPC, Confederación de la Producción y del Comercio, Susana Jiménez, por su parte, dijo con fuerza: “Ahora es el momento de salir, volver a invertir, jugarnos por nuestro país”. Apuntó a reactivar los motores de inversión privada y fortalecer el empleo formal frente al estancamiento de los últimos meses. El mismo Presidente de la República reconoció que Chile está “nadando contra la corriente”, debido a los factores internacionales y el alto desempleo. Por lo mismo, llamó con fuerza a sacudirse el pesimismo generalizado. Hizo énfasis en el hecho que la línea de su administración es pro-mercado y llamó a los empresarios a actuar indicando que “ el empleo no lo crea el Estado, lo crean ustedes”.
La línea está bien, pero faltan las certezas. ¿Por qué alguien invertiría en un país sin certezas, donde las reglas están constantemente cuestionadas? Es por eso que, si bien el Presidente apunta a una realidad, es el sector privado el que crea riqueza y empleo, es el sector público el que gasta lo que éstos producen. Lo cierto es que las reglas del juego que puedan dar las certezas jurídicas necesarias para que alguien esté dispuesto a arriesgar lo propio para construir país dependen del Estado, de los poderes del Estado. Por lo mismo, la primera prioridad es lograr que esas certezas se logren y, para eso, hay que asegurar que la Constitución y las leyes no dependan del gobierno de turno. Esa debe ser la prioridad, de lo contrario toda arenga es vacía. No habrá frutos.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defendió las metas de recuperación de cara a 2027, asegurando que preveían un crecimiento de un 3,3% y dijo que “ no temía equivocarse por ambicioso”. Eso sería una gran noticia, ya que lo esperado es dejar el mandato con el país creciendo al 4%, si eso es así, el rumbo se recupera y con eso también la política. Cuando la economía funciona, la política también. Cuando la economía no funciona la política colapsa. Esa es la razón por la que, mirado en retrospectiva y teniendo en cuenta que le pasó a Chile, pareciera ser que la destrucción económica producida por las reformas del segundo gobierno de Michelle Bachelet, habrían sido deliberadas y no un colateral no deseado. A ese “río revuelto hubo ganancia de pescadores”. El costo fue enorme, 10 años de retroceso y miles de sueños y vidas frustradas. Por lo mismo, sí, enmendar el camino es un imperativo moral. Pero no habrá inversión sin certeza jurídica.
