Imagen cuenta X @ZelenskyyUa

La prensa internacional ha reportado extensamente la batalla verbal librada por el Presidente y el Vicepresidente de los Estados Unidos, contra el Presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky. Normalmente tales reuniones se inician o concluyen dando acceso a la prensa, en la misma oficina presidencial o en el césped adyacente de la Casa Blanca, para algunos comentarios del Presidente y los invitados, que no pasan de manifestar la importancia del encuentro, agregando las normales cortesías entre los Jefes de Estado. Naturalmente el resto de la entrevista es de carácter privado.

Esta vez, sin embargo, la prensa y la TV tuvieron acceso pleno a toda la conversación, de un carácter extremadamente agrio, en el cual Trump y Vance regañaron al Presidente ucraniano por su insuficiente agradecimiento por el apoyo de Estados Unidos, por criticar su negociación con Putin sin participación de Europa, por la solicitud de garantías de Estados Unidos en cualquier proceso de paz y por las dudas que manifestaba sobre la voluntad de Rusia de llegar a un buen acuerdo. El tono del diálogo llevó a Trump a denunciar a Zelensky por no desear verdaderamente un acuerdo, en circunstancias de que no tenia ninguna carta ni fuerza que jugar para mantener la guerra. Esas cartas (esos recursos), decía Trump, las tenía Putin y era quien podía ponerlas, mientras Zelensky no las tenía e insistía en mantener una guerra en la que no disponía ya de fuerza propia.

La reunión concluyó de mala manera, sin suscribir acuerdo alguno, con la exigencia del Vicepresidente Vance de que Zelensky presentara excusas por su conducta, la indicación del Presidente norteamericano de que no había nada más que hablar, y la retirada del Presidente ucraniano de la Casa Blanca, sin más. Lo ocurrido en los días siguientes ha mantenido el tono alzado, con el apoyo de un número importante de países de Europa a la posición ucraniana, solicitando el retorno a la negociación; mientras Estados Unidos ha seguido sosteniendo que la paz es posible, pero que Zelensky no está dispuesto a alcanzarla, a pesar de no tener recursos para continuar la guerra. La conclusión evidente se dio hace algunas horas, con el anuncio de la Casa Blanca de la suspensión de la cooperación militar de Estados Unidos con Ucrania.

Trump ha dicho varias veces que Estados Unidos ha dado a Ucrania más apoyo que la suma de los demás miembros de la OTAN, pero más allá de la veracidad o no de estas afirmaciones, parece cierto que, sin la ayuda de Washington, el esfuerzo de mantener la guerra quedaría solamente en manos europeas y aunque hay países fuertes como Gran Bretaña, Francia, Alemania y España, cuyos gobiernos apoyan incondicionalmente a Ucrania, hay otros que tienen dudas de hacerlo.

A estas alturas, por lo tanto, el fin de la Guerra parece cercano y demoraría solamente el tiempo que Donald Trump requiera para convencer a Vladimir Putin de omitir algunas de sus pretensiones territoriales y políticas. Básico para Rusia sería el no ingreso de Ucrania en la OTAN y la retención de Crimea. En discusión podría estar la pretensión ucraniana de unirse a la Unión Europea; la retención de algunos territorios del Donbas que Rusia ya ocupa; y los costos de la reconstrucción. Sobre crímenes de guerra, cometidos de manera abundante, si bien no se menciona el asunto, es necesario recordar que ni Rusia ni Estados Unidos reconocen a la Corte Penal Internacional.

Pero más allá de asignar errores, derrotas o victorias, el resultado posible de la guerra es el debilitamiento de la Unión Europea, del sistema internacional en general y la parálisis o terminación de la Alianza Atlántica.

Al comienzo, la crisis de Ucrania pareció unificar a Europa, siempre temerosa de la amenaza del gigante del continente. Rusia no sólo es la nación de mayor tamaño del mundo sino, desde el protagonismo que tuvo en todo el siglo XX, la mayor amenaza a la seguridad de Europa. La OTAN fue creada con participación de la mayor parte de los países del occidente de Europa, como la mejor protección de la democracia europea liberada del nazismo, pero amenazada por el comunismo. Caído el Muro de Berlín, no fue difícil incorporar a esa parte de Europa y a la OTAN a los países socialistas; luego, con la disolución de la URSS, accedieron casi todas las repúblicas que habían formado parte de ella; y recientemente se agregaron los dos países que habían permanecido neutrales, Suecia y Finlandia. Ese bloque compacto sólo excluye hoy a cuatro repúblicas europeas Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y Georgia. Si Estados Unidos se margina de la Alianza Atlántica, la OTAN pierde esa base de apoyo, en un momento en que algunos de sus propios miembros dudan además de su pertenencia a la Unión Europea.

Este análisis europeo ha sido también la doctrina de los grandes socios de ultramar, Estados Unidos y Canadá. Para todos ellos, la unidad europea es esencia en la fortaleza internacional y en la estructura actual de la comunidad internacional. La OTAN es una pieza central del sistema internacional. Pero Donald Trump no lo ve así. Para él, como para muchos otros analistas, el centro de la política se mueve desde Europa hacia Asia y el Pacífico, donde radican las dos superpotencias que es preciso considerar: Rusia y China. Aunque es mucho menos de lo que fue en los tiempos de la URSS, es aún el país de mayor tamaño, dueño de armas nucleares y camino estratégico hacia China, la India y el Oriente en general.

Los movimientos de Trump tienden a reducir la influencia europea y de la OTAN, pero no parece posible que se separe completamente de ella, por dos razones: la opinión pública de Estados Unidos es muy negativa a dicha separación, porque la mayor parte de los estadounidenses tienen antepasados europeos y porque en Europa en general hay fuerzas de derecha que se sienten distantes de la Unión Europea (Hungría, Italia, Francia, Polonia, Holanda, Alemania) que aunque no están aún todos en el gobierno, crecen inevitablemente en sus países. Si se deja del lado el mito de calificar a Vladimir Putin como gobernante de izquierda, se puede entender mejor la evolución europea al respecto.

Y en cuanto a los organismos internacionales creados para mantener la paz, el debilitamiento es evidente. Las Naciones Unidas han revelado su incapacidad para gestionar acuerdos en asuntos en que no hay unanimidad entre los cinco miembros del Consejo de Seguridad. Los votos de China y Rusia en el caso de Ucrania, como los de Estados Unidos en el de Gaza, muestran la debilidad intrínseca del sistema actual para hacerse cargo de la evolución del escenario político global. 

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1 Comment

  1. Se maneja bien don José Miguel.
    Sería buen mediador entre Volodimir Z. , Vladimir P. y Donald T.

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