Este jueves 8 de mayo fue elegido el cardenal Robert Prevost como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Para muchos fue una sorpresa, para otros representa un nuevo escenario que hay que mirar con atención. En el caso de algunos opinólogos vaticanistas, tendrán que revisar sus análisis. Por su parte, en los medios, entre los fieles y la sociedad en general deberemos acostumbrarnos a hablar del Papa León XIV, nombre adoptado por el nuevo obispo de Roma.
La elección del nuevo Papa es un acontecimiento de relevancia mundial. En diversos lugares del mundo los diarios han llevado en su portada al Santo Padre, que también ha sido objeto de programas de radio y televisión, presencia permanente en las redes sociales, sea a través de información, opinión o preocupación de millones de personas.
En segundo lugar -para alegría de muchos y decepción de otros tantos- en la jornada del 8 de mayo los cardenales eligieron a un Papa, a un Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Esto parece obvio, pero no lo es: se ve que algunos esperaban a un nuevo líder político, a un personaje que contribuyera a sus respectivas agendas, a un hombre que fuera un buen sociólogo, economista o politólogo. No fue así, como se notó desde el comienzo
La gente común, los fieles que asistieron a la Plaza de San Pedro, mostraron una prueba muy clara de lo que había ocurrido cuando salió humo blanco: los cardenales habían elegido al Papa. De ahí las oraciones y los aplausos, la alegría y la esperanza. No se trataba de si el nuevo Pontífice era progresista o conservador, como se dice en clave política; tampoco si provenía nuevamente de América Latina o de Europa, o si quizá volvía a ser italiano; si era mayor o más bien joven; más doctrinal o más pastoral. Era simplemente el Papa, de ahí los aplausos y oraciones.
Hay derecho a preguntarse cuál será el énfasis de León XIV. Algunos asocian su nombre quizá a una actualización o preocupación por la doctrina social de la Iglesia, como el recordado León XIII. A eso podría agregarse el énfasis en la enseñanza de la doctrina de Santo Tomás de Aquino -que tanto relevo el Papa de fines del siglo XIX- y la importancia de la educación católica a nivel superior, que se manifestó incluso en la fundación de la Universidad Católica de Chile en 1888. Todo eso es muy importante, pero me parece que son consecuencias de una definición previa: la centralidad de Cristo en el mensaje y en la tarea del sucesor de Pedro y en la vida de los católicos: “Estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús salvador”, dijo en su primera homilía, en lo que representa un verdadero programa para su pontificado. Nada de esto obsta a que en su magisterio vayan emergiendo los problemas sociales, los asuntos propios del mundo contemporáneo o las relaciones con distintas instituciones y países.
La definición esencial tiene consecuencias prácticas, que nuevamente son de carácter religioso, y no político o sociológico, tampoco comunicacional. Lo refleja muy bien una reflexión de su primera homilía: “No faltan tampoco los contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido solamente a una especie de líder carismático o a un superhombre, y esto no sólo entre los no creyentes, sino incluso entre muchos bautizados, que de ese modo terminan viviendo, en este ámbito, un ateísmo de hecho”. Se trata de una creencia permanente de la Iglesia Católica, pero que León XIV ha considerado necesario reforzar desde un comienzo, precisamente debido a la mundanización de la figura de Jesús, que se suma a una general secularización de las sociedades en el último siglo, en especial en aquellas que en el pasado eran predominantemente católicas (es el caso de Chile, entre otros).
Vale la pena señalar brevemente algunos temas puntuales. El primero es que se trata de un Papa cuyo origen es Estados Unidos de Norteamérica, y que tuvo una labor misionera importante en Perú. Sin duda, son dos elementos constitutivos de su personalidad y de su historia, de su forma de ver la realidad y la vida de la Iglesia. El segundo es qué Robert Prevost es un agustino, heredero de la rica tradición legada por San Agustín hace dieciséis siglos, con nociones que conservan plena vigencia, que van desde los motores de la historia, la situación de los católicos en el mundo y la necesidad de la conversión personal. El lema episcopal también da una orientación de sus definiciones principales, al señalar “In illo uno unum”, es decir, “En Cristo, somos uno”. Adicionalmente, se trata de un hombre que tiene experiencia en el gobierno episcopal, como prueba su prefectura en el Dicasterio de los Obispos. Como se puede ver, se trata de una personalidad muy completa, lo que sin duda debería incidir en el estilo que impondrá León XIV a su pontificado. Y hay otras cosas que ya han ido emergiendo y que habrá que tener en cuenta, bajo la premisa que a León XIV le corresponderá gobernar una institución compleja en un mundo que también lo es.
El Papa puede ser inteligente, capaz y con experiencias relevantes, pero sería un error suponer que basa su proyección en las propias fuerzas o prestigio. Lo resumió muy bien en una de las reflexiones más relevantes: “cualquiera que en la Iglesia ejercite un ministerio de autoridad, desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado (cf. Jn 3,30), gastándose hasta el final para que a nadie falte la oportunidad de conocerlo y amarlo”. Nuevamente verdades permanentes que se actualizan con ocasión de la elección de un nuevo Papa.
En las últimas semanas hemos tenido una saturación de debates políticos o sociológicos respecto de la elección del Santo Padre o el fallecimiento del Papa Francisco. Al comenzar el nuevo pontificado ha hablado nuevamente la religión, ciertamente minoritaria pero todavía influyente. Desde ahora en adelante las cosas volverán a la normalidad, aunque podrá haber noticias con ocasión de algún viaje, una encíclica o algún problema importante. Por mientras, ha valido la pena poner la prioridad en las cuestiones fundamentales, que de buena manera orientan el camino que ha comenzado.

Muy acertado su reportaje profesor …. Desde un principio dije que las visiones políticas y sociológicas u otras no tenían razón de ser en esta elección, siendo que como católico creo es una elección bendecida por el Espíritu Santo ….