Cuando juegas en equipo debes aceptar la diversidad. Que no todos tienen las mismas habilidades, creencias o convicciones pero que a pesar de ello se puede abordar una empresa común. Aprendemos, sin saberlo ni quererlo, que en la diversidad está la riqueza. Debes apoyar al más débil del equipo, cuidar al talentoso, entender que no eres nadie sin tus compañeros. Te acostumbras a jugar bajo unas reglas y respetarlas. Conoces el éxito y la frustración y aprendes que a la vuelta del camino siempre la vida te ofrece nuevas oportunidades y desafíos. El fútbol es una enseñanza de vida que nos une y convoca.
El fútbol nos invita a soñar ser el Zamorano del Real Madrid, el Vidal del Juventus, el Gari Medel del Inter, el Alexis del Barcelona, el Bravo del Citi y el gran Charles Aránguiz, que de jugar en las canchas de Puente Alto pasó a ser el gran capitán del equipo alemán Bayer 04 Leverkusen.
Los Vidal, Alexis, Bravo, Isla, Aránguiz son fruto de mucho trabajo y dedicación. Supone atreverse, tener una mirada hacia adelante, limpia, sin complejos. Una mirada que no se fija en el de al lado, en el oponente, sino en las propias virtudes y cómo estas pueden ayudarlos a superar las dificultades. ¡Qué monumento de personas son los antes mencionados! Pusieron su voluntad en superar las limitaciones que el medio les impuso. No se quedaron en la queja, ni se escudaron en las estructuras. Aprovecharon las oportunidades que se les dieron. Entendieron que para progresar hay que trabajar mucho y duro.
Cuando juegas en equipo no importa si Alexis o Vidal ganan más, inmensamente más que el resto de los jugadores, porque sabes que ellos son los que te permiten ganar, y que, si gana el equipo, todos ganan.
A nadie se le ocurre sostener que cuando a la selección le va bien es porque todos los jugadores tienen los mismos ingresos y cuando les va mal es por la gran diferencia de remuneración que perciben algunos de sus jugadores.
A nadie, salvo a un sector muy extremo de la sociedad, se le ocurre dividir al equipo, imponiendo a los más talentosos, Alexis y Vidal, un impuesto a su patrimonio como una forma de mejorar el rendimiento de la selección.
Somos un país pequeño, con un mercado pequeño. Si no salimos al mundo, como salieron nuestros mejores jugadores, no habrá progreso. Si solo pensamos en limitar, constreñir a los que generan el juego y por tanto la riqueza, en vez de crear, las generaciones que vienen estarán perdidas. Practicarán un fútbol plano, en la medianía de la cancha, sin recibir goles ni hacerlos. No habrá recambio para los Cornershop, Tika y Not Mayo.
El fútbol es como la vida, solo que algunos nunca aprendieron a jugarlo.
