gabinete

El Presidente electo José Antonio Kast nombró un gabinete que sugiere que liderará un gobierno de personas más que un gobierno de partidos. Aunque es comprensible que, dada la impopularidad de los partidos, Kast prefiera cultivar las lealtades personales en su equipo de gobierno, la necesidad de amarrar el apoyo de los partidos políticos en el Congreso hace poco recomendable que el gabinete no refleje adecuadamente la composición partidista de lo que será la coalición de gobierno. Para un Presidente que dice querer recuperar el buen camino de certidumbre y desarrollo por el que transitó Chile en las primeras tres décadas después del retorno de la democracia, el énfasis que está poniendo Kast en su liderazgo personal y en las lealtades personales en la conformación de su gabinete constituyen una señal de advertencia y preocupación.

No ninguna señal más clara y poderosa sobre el tipo de gobierno que liderará el próximo Presidente que la composición de su primer gabinete. Al nombrar el grupo de personas que lo acompañarán en la primera etapa de su gobierno, los mandatarios despejan dudas sobre el tipo de liderazgo que quieren ejercer, su forma de entender las lealtades personales y el tipo de política que ejercerán mientras estén en el poder. Tradicionalmente, los presidentes en Chile dieron un peso sustantivo a los partidos políticos que forman la coalición oficialista en la composición del gabinete. Aunque todos los presidentes se aseguraron de nombrar también algunas personas con las que tuvieran cercanía personal, tempranamente entendieron que, para poder avanzar sus agendas legislativas en el Congreso, necesitaban formar un gabinete que reflejara el peso relativo que tendrá cada partido en el poder legislativo. Después de todo, para poder convertir sus promesas en reformas concretas que produzcan resultados, los presidentes necesitan construir apoyo mayoritario en el Congreso.

Desafortunadamente, el Presidente electo Kast parece haber olvidado que solo obtuvo un 23.9% de los votos en la elección de primera vuelta. Es verdad que Kast ganó cómodamente la segunda vuelta con un 58.2% de la votación. Pero esa votación de segunda vuelta se explica más que nada porque millones de chilenos creyeron que, ante la opción de tener una Presidenta del Partido Comunista, la opción de Kast era solo el mal menor. En la formación de su gabinete, no demostró capacidad para entender que solo uno entre cuatro chilenos lo consideró como su primera opción para la Presidencia de la República.

La incapacidad de Kast para sumar al gabinete a Johannes Kaiser, el líder del derechista Partido Nacional Libertario y quien terminó en cuarto lugar en la elección presidencial, refleja falta de habilidad política. Si siempre hay que tener a los amigos cerca, a los adversarios políticos, especialmente aquellos que comparten afinidad ideológica, hay que tenerlos más cerca. En 1994, hábilmente, Eduardo Frei logró incorporar al líder de la izquierda democrática Ricardo Lagos al gabinete. En 2000, Lagos también sumó a Soledad Alvear, la mujer que entonces parecía mejor posicionada como carta de recambio en la Concertación. En 2010, Piñera sumó a Joaquín Lavín, carta presidencial histórica de la UDI. En 2006, cuando no había un liderazgo alternativo claro en la centroizquierda, Bachelet nombró ministros que representaban incuestionablemente a los partidos más importantes de su coalición.

Al no hacer un mayor esfuerzo por sumar a Kaiser, Kast pudiera haber pensado que estaba minimizando las chances de conflicto en el gabinete. Pero al dejar a Kaiser afuera, Kast está creando un problema similar al que tuvo Piñera en su segundo gobierno, cuando nunca pudo lidiar con la oposición que representó Kast desde la derecha más dura.

De igual forma, aunque los partidos tradicionales estén muy disminuidos, al no incorporar con fuerza a esos partidos a su gabinete, Kast va a tener serios problemas para sumar apoyos en el legislativo. Si los partidos tradicionales de derecha no se sienten parte central del gobierno, no van a jugársela con la misma fuerza para avanzar la agenda de reformas del gobierno. En vez de tener un ejército relativamente disciplinado de legisladores apoyando sus proyectos de ley, el gabinete compuesto por muchos independientes y militantes más leales a Kast que a sus partidos van a tener serios problemas para sumar valiosos votos en la tramitación de los proyectos de ley del ejecutivo.

Al nombrar a su gabinete, Kast privilegió las lealtades personales que la amplitud partidista e ideológica. Comprensiblemente, quiso sentirse rodeado de amigos y aliados. Pero en política, para gobernar exitosamente, hay que sumar voluntades. El Presidente electo cometió un error parecido al que cometió Boric cuando nombró su gabinete a comienzos de 2022, en vez de privilegiar diversidad y distintas posturas ideológicas y experiencias generacionales, Boric nombró un gabinete -especialmente en el comité político- compuesto por personas que compartían su ideología y experiencias generacionales. Al dejar pasar la oportunidad de sumar diversidad de origen, ideología y experiencias de vida al gabinete, Kast comete un error que refleja tanto falta de experiencia en la buena gobernanza como falta de confianza en sus propias ideas y visiones de mundo. En vez de sumar diversidad a su gabinete, Kast sumó lealtades personales y homogeneidad ideológica como si sus propias convicciones no fueran ya lo suficientemente firmes.

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Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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