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Al tercer año nadie está en rodaje

Uno de los hechos más importantes de los últimos meses consiste en algo que no ha ocurrido. Ahora que importa tanto la cohesión de los conglomerados, se puede identificar el discurso presidencial como la última oportunidad en que, desde la Presidencia, se da una señal ambigua o contraproducente.

Es opinable el impacto neto que tuvo el incorporar de sorpresa al debate los temas valóricos porque tiene efectos en todas direcciones. Sin importar la opinión que se tenga sobre el episodio, se puede concordar que fue controversial también en el oficialismo, mientras que unió a la oposición y por eso se ve como una falla.

Pero esa no es la evaluación que más importa, sino lo sorprendente que resulta constatar que ya llevamos casi dos meses desde entonces y, en todo este tiempo, no existe un error importante que se le pueda adjudicar a la conducción política de La Moneda. Es el período más largo de “buen comportamiento” del que se tenga registro en esta administración.

Hay razones para pensar que esta disminución de errores no forzados se mantendrá en el tiempo.

Primero, porque los gobiernos son siempre necesarios, pero lo son más cuando hay grandes dificultades que afrontar y el invierno ha sido pródigo al respecto. Segundo, porque se ve a la administración de Boric más actuando que opinando, lo que ha redundado en su favor. Tercero porque la agenda internacional ha sido muy positiva para el Mandatario, y episodios como el de la instalación argentina de paneles solares en territorio nacional le ha permitido al Presidente “envolverse en la bandera”, como decía Ricardo lagos.

Y, por último, y lo más importante, porque nadie se mantiene como recién llegado al poder al tercer año de ejercicio. A estas alturas se ha alcanzado cierto oficio y solvencia. A nadie más se le ha vuelto a ocurrir el diletante uso del término “habitar el cargo”, que es algo propio de quien entra a un sitio por primera vez.

No ponerse las pelucas empolvadas antes de tiempo

De manera casi insólita la inexperiencia se trasladó al comando de Matthei. El equipo cercano de la candidata fue constituido en la etapa en que el gobierno parecía querer colaborar frecuentemente con la oposición dada su importante cuota de faltas, incluso cuando no se veía cómo podía cometerlas. Llegó a verse como un dato, como una característica permanente del oficialismo.

Esto le hizo daño a la oposición porque se preparó más para un paseo que para una competencia dura. El resultado fue que el equipo cercano es una mezcla de corte palaciega anticipada junto a un comando real con oficio en la refriega.

Como consecuencia se tiene una sobredosis de adulación cortesana y una preparación demasiado esquemática de las apariciones públicas, lo que se está expresando en errores gruesos, reparables, pero que empiezan a reiterarse.

Siempre sorprende que equipos experimentados puedan involucionar de esta forma, pero hay que rendirse a la constatación. Poner personas solventes en un área a cargo de otra en la que no lo son, produce este “milagro”.

Matthei cometió una doble falta, al señalar un vínculo de la política y el narcotráfico a lo que no pudo darle continuidad en denuncias concretas, y, luego, acusando al gobierno de haberle entregado información de delincuentes venezolanos vinculados al secuestro de Ojeda, sin que se hiciera ningún uso de ella, lo que fue solventemente contestado por el subsecretario Monsalve.

Lo que evidencia la falla del equipo cercano es que, increíblemente, el patinazo inicial no ocasionó un giro para enmendar, sino que se optó por la reincidencia lo que es mucho peor. Con inflexibilidad no se rectifica nada. En todo caso, si se quiere seguir chocando con las paredes, se sugiere el uso de cascos de moto.

Como consecuencia el gobierno es ahora el que emplaza, el que pide clarificar dichos y es la candidatura de centroderecha la que queda a la defensiva. O sea, la fuente constante de errores cambió de bando. Y eso no es muy compatible con la imagen de seguridad que se quiere proyectar. Todo esto alimenta las esperanzas de Republicanos y dificulta las negociaciones en curso.

El aliado es, al mismo tiempo, un competidor

A partir de ahora, siempre estaremos en doble campaña, porque se tienen elecciones municipales y de gobernadores, pero como a través de ellas se expresan los posicionamientos de los presidenciables, siempre se considera la situación en que quedan los abanderados a través de los triunfos y derrotas de sus apadrinados.

Como, si su comando se lo permite, la posición privilegiada de Matthei se mantendrá (aunque con oscilaciones) estos meses en las encuestas, a lo que aspira Kast es obtener algunos triunfos emblemáticos de la oposición que se vean asociados a su figura. Se trata de que, al final de las contiendas locales, se tenga la impresión de que la distancia entre ambos contendores se ha empezado a estrechar.

Mientras Republicanos se concentra en perfilarse como la mejor opción frente al mal radical imperante, el tema escogido es bien distinto en la centroderecha.

A cada paso se comprueba la gran diferencia política existente entre estos dos actores tan próximos en el tablero, pero con cabezas que funcionan de un modo muy diferente. Aquí están abocados en conseguir que la oposición se comporte de la forma más parecida a un bloque compacto cuando, en realidad, la llamada “unidad” se consigue en los casos en que no se afecte su verdadera condición: la de un sector en competencia presidencial.

En esta disputa, la decisión del equipo de Matthei ha sido la de ocupar espacio en el electorado duro de su sector, para evitar el crecimiento de Kast. Como ya la posición inicial de toda la oposición era muy crítica, el cargar aún más las tintas se está mostrando como algo difícil de implementar. De allí los tropiezos cometidos.

Además, atacar a un gobierno débil no es lo mismo que hacer frente a un gobierno que se está fortaleciendo y que ya pagó todos los noviciados imaginables.

De manera que hacer uso de ambos brazos, en vez de uno solo, mirado con objetividad, no aparece como una mala opción. La búsqueda de acuerdos con el gobierno debiera retomarse. Tal vez lo propio de la centroderecha sea más el diálogo que el propinar garrotazos.

A estas alturas, la oposición está comprobando que está en condiciones de ganar, pero no de vapulear a sus adversarios.

Antes que ponerse a gozar de un triunfo que no ha conseguido, la derecha tendrá que volver al trabajo. Descubrirá que es más lo que le sobra que lo que le falta y que varios generales de videojuego debieran abandonar sus funciones. Una tercera denuncia poco fundamentada de Matthei no tendría perdón de Dios.

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