Fuerzas Armadas

El capítulo para las Fuerzas Armadas ha vuelto al debate constitucional, discusión necesaria, sobre todo si consideramos que éstas constituyen un pilar fundamental para el desarrollo del Estado y la democracia. Sin embargo, el argumento de los representantes de izquierda en el Consejo Constitucional no se conecta con tan importante debate, sino que más bien responde a un contexto político que difícilmente dará continuidad a un texto de esa envergadura.

Afirmar que es imposible aceptar un gesto así en el momento en que se conmemoran 50 años del golpe de Estado, no sólo es mezclar peras con manzanas, sino que también, es no entender el lugar que las instituciones militares tienen en el desarrollo del Estado-Nación.

Éste, nace en 1648 con la firma de la Paz de Westfalia que pone término a la Guerra de los Treinta Años, pero el surgimiento de esta figura puede encontrar antecedentes de organización social y política incluso en la Edad Media cuando los feudos se van consolidando entorno a sus ejércitos gracias a la seguridad que éstos les brindan. Con el paso de los años comienza a surgir la burocracia, encargada de cobrar los impuestos y la administración se va haciendo más compleja hasta llegar a lo que hoy conocemos como Estado.

Los cuerpos militares han jugado un rol fundamental en el desarrollo de las distintas formas de administración política que ha visto el mundo durante los siglos y hoy, son los encargados de entregar le estabilidad necesaria para el desarrollo de la democracia. En ese sentido, el capítulo de las Fuerzas Armadas en la Constitución más que un gesto, tiene que ver con la comprensión del rol que estas instituciones tienen.

Presentes en las distintas constituciones, las Fuerzas Armadas son reconocidas como protectores de los intereses, territorio y soberanía de los Estados a los que pertenecen. Respondiendo al liderazgo político protegen a los ciudadanos, su sistema de gobierno y al Estado transformándose en un pilar clave para éste. Junto a la labor tradicional que llevan a cabo los militares, éstos también tienen una función diplomática no menor.

A través de las agregadurías de defensa, militar, naval y aérea, los integrantes de las Fuerzas Armadas contribuyen a la labor de Política Exterior que lleva a cabo la Cancillería, permiten estrechar lazos con otras instituciones militares, representar al país y construir confianzas. Por eso, limitar la discusión a los “50 años” no sólo demuestra el poco valor que los representantes de izquierda les otorgan a estas instituciones, sino que también la poca intención de sostener un debate serio, con altura de miras y donde el país y su futuro ocupe un lugar central.

Esos “50 años” son parte de la historia política de Chile, mientras que la discusión sobre el lugar que nuestras Fuerzas Armadas ocuparán en la Constitución tiene que ver con el futuro del país, donde hay un solo objetivo: elaborar un documento que permitirá el pleno funcionamiento del Estado para volver a poner a Chile en la senda del desarrollo. En esa meta, las Fuerzas Armadas no pueden estar fuera, ni menos relegadas a un papel secundario.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

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