Los errores comunicacionales son inevitables en cualquier gobierno. Pero cuando un error comunicacional logra descarrilar la agenda de reformas del gobierno y le da vida a una oposición que andaba confundida y perdida, el gobierno debe demostrar que ha tomado las medidas necesarias para evitar tropezar de nuevo con la misma piedra.
La filtración de un oficio emitido por la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda que sugería eliminar 142 programas dependientes de 22 ministerios presumiblemente mal evaluados, con el objetivo de avanzar hacia una reducción de $6 mil millones de dólares del presupuesto fue un regalo caído del cielo para la oposición. Como el oficio explícitamente menciona una serie de programas especialmente importantes en áreas particularmente sensibles como salud y educación -y a programas tan populares, sensibles y conocidos como el programa de alimentación escolar- la oposición ha usado este documento que, aparentemente, pretendía ser un primer paso en el esfuerzo gubernamental para ajustar el cinturón del gasto fiscal, como prueba irrefutable de que el gobierno de José Antonio Kast quiere quitarle el pan de la boca a los niños más necesitados del país para poder bajarle los impuestos a las empresas.
Aunque el gobierno se haya apurado en salir a aclarar que no tiene ninguna intención de cortar los programas que van en ayuda de los más necesitados, el solo hecho que el Presidente Kast haya tenido que aclarar que “no tenemos ninguna intención de cortarles el alimento a los niños” refleja el enorme daño que se ha autoinfligido el gobierno. Cuando un Presidente de la República necesita repetir que no quiere quitarle las ayudas a los más necesitados, es evidente que la autoridad no está manejando bien la política comunicacional. Peor aún, cuando los propios aliados del gobierno llaman a La Moneda a “tomar las riendas” para evitar nuevos errores, es evidente que el barco del gobierno está haciendo aguas. El llamado del Presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, entidad política que fundó y en la que Kast militó hasta antes de asumir la presidencia, a que el gobierno mejore su estrategia comunicacional ya no es una advertencia de problemas que se van a venir, sino un grito de desesperación de que la capacidad misma del gobierno de avanzar su agenda está en entredicho.
A menos de dos meses de iniciado el gobierno, La Moneda ya ha tenido dos crisis asociadas al manejo económico. La primera fue producto de la guerra en Irán y, aunque incluyó una cuestionable decisión del gobierno de pasar el aumento en el costo del combustible directamente a los consumidores, sin un esfuerzo por amortiguar el duro golpe, no puede ser atribuida al propio gobierno. Aunque se declare amigo de Donald Trump, Kast no tuvo nada que ver con la crisis que produjo el severo aumento en el precio de los combustibles.
Pero esta nueva crisis que se desató el fin de semana ha sido íntegramente autoinfligida. Cuesta imaginar que nadie en el equipo político del Ministerio de Hacienda haya advertido sobre lo inconveniente que resultaba distribuir un oficio que mencionara eliminar programas altamente populares y esenciales para las personas de menos ingresos del país. La incapacidad política—y la falta de tino y sentido común—que se evidencia al distribuir un documento que sugiere, literalmente, eliminar un programa que financia la alimentación de niños en las escuelas es inaceptable en un gobierno que, presumiblemente, llegó preparado y determinado a cortar los recursos públicos mal gastados.
Los líderes de oposición han aprovechado la filtración de este oficio para rearticular la caricatura de que Kast representa una amenaza para el bienestar de los más necesitados. Cuando la oposición puede mostrar documentos oficiales del gobierno para justificar su caricatura, la gente comienza a pensar que la advertencia de la izquierda pudiera tener asidero. Si a una persona le advierten que un vecino es ladrón y esa persona ve al vecino entrar furtivamente a una tienda por la ventana cuando el local está cerrado, inevitablemente se alimentan las sospechas.
Hay un riesgo real de que esta polémica derribe la iniciativa de reforma tributaria del gobierno. Resulta muy difícil convencer a una opinión pública incrédula de que la reforma tributaria no es para los ricos cuando los propios documentos filtrados del gobierno hablan de recortes al gasto público que incluyen la alimentación de los niños en las escuelas. Es verdad que el gobierno se ha esmerado en buscar aclarar y explicar, insistiendo en que no habrá cortes en el gasto social para los más necesitados. Pero el costo de este error no forzado del gobierno va a ser muy alto. Está incluso en juego la viabilidad de la miscelánea que ha presentado el gobierno y que incluye una disminución de los impuestos a las ganancias de las empresas.

Quizás hay problemas de señal con EEUU donde ud reside, o problemas horarios, el punto es que una vez más el comentario es extemporáneo, ya está todo aclarado………
Coincido en que falta control comunicacional. Ya son varias oportunidades en que se ha tenido que salir a explicar para aplacar los escándalos subsecuentemente aprovechados por la oposición.
Es obvio que Patricio tiene razón ….. La comunicación no es el fuerte del gobierno …. Al 1er comentario le faltó decir «para mí» en su frase inicial …. Me recordó el cuento del rey desnudo y quién /cómo es el peor ciego ….