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La última vez que el país creció sostenidamente, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, lo hizo a un promedio de un 5,3%, una expansión económica que ahora asoma inalcanzable. La actividad, principalmente impulsada por la reconstrucción del terremoto del 2010, creó empleo con una intensidad que no hemos vuelto a experimentar -de hecho, el desempleo se redujo entonces a un inimaginable, visto con los ojos de hoy, 6,9%. Ese tiempo, en muchos sentidos ampliamente satisfactorio para vastos grupos de la sociedad, parece ahora una época lejana e inasible, un Chile que va quedando en el espacio nostálgico de nuestras añoranzas. Fue el capítulo final de un extraordinario cuarto de siglo cuando, viniendo de la medianía del subdesarrollo, el país se convirtió en miembro del exclusivo club de la OCDE.
Al comienzo de la década pasada el consenso del crecimiento económico como pilar fundamental de nuestra estrategia de desarrollo todavía no había sido seriamente desafiado, aunque el movimiento estudiantil de 2011 entregó las primeras señales de alerta. Los jóvenes líderes que lo dirigieron -muchos de ellos ahora en el gobierno- se oponían a la modernización capitalista, que le había dado a Chile los mejores años de su historia.
Lo cierto es que esos fueron los últimos momentos de un paradigma -sintetizado en el lema de Aylwin “crecimiento con equidad”-, que en lo sucesivo iba a ser abandonado por la centroizquierda, convirtiendo a la superación de la desigualdad en el nuevo impulsor de sus políticas públicas. El segundo gobierno de Bachelet hizo suyo ese objetivo, sacrificando el crecimiento en aras de la redistribución de la riqueza. Fue así que el crecimiento promedio en esa administración, que sucedió al de Piñera en 2014, fue de un 1,9%, el peor desde la recuperación de la democracia en 1990. A partir de ahí la economía inició un ciclo de estancamiento cuyo fin no se avizora en un plazo previsible. Un relumbrón de tiempos mejores en el primer año de Piñera 2 no hizo verano. El dinamismo que hemos perdido en la última década ha dejado un vacío que los chilenos, sobre todo los grupos medios, sobrellevan con un malestar creciente.
Para colmo, los electores de la última elección presidencial eligieron a un gobierno de poquísimas convicciones, si es que alguna, en materia de crecimiento económico. ¿Cómo se puede explicar esto? El economista Ricardo Caballero plantea que cuando los países dejan de crecer, la mentalidad de la gente empieza a cambiar en una dirección que se conoce como suma cero, esto es, cuando las ganancias de las personas no son apreciadas como un avance para el país, sino que como el resultado del fracaso de otros. Lo que ganan unos sería a costa de lo que pierden otros. Y cuando eso ocurre los electores comienzan a votar a favor de medidas que frenan el crecimiento económico, agravando el estancamiento. Es otra forma de describir lo que se conoce como la trampa de los países de ingresos medios.
Adicionalmente, debe tenerse en consideración que el contexto de la última elección presidencial fue uno de bonanza económica como fruto de masivas transferencias a las personas desde el Estado y de los retiros de sus ahorros previsionales -“un exceso de demanda agregada de proporciones monumentales”, en palabras de Caballero. Como era previsible, la continuidad de ese estímulo más bien artificial era insostenible y llegó a su fin junto con la segunda administración de Piñera.
La generación de los “30 años” fue extraordinariamente exitosa para dar vida a un ciclo de crecimiento sostenido que permitió a millones de chilenos salir de la pobreza y gozar de los bienes materiales y simbólicos, generados por la mayor creación de riqueza que haya experimentado la nación en su historia reciente. Alcanzar el desarrollo pleno requiere crear las condiciones para un nuevo ciclo de características semejantes. Es la tarea , la más exigente en mucho tiempo, que deberá emprender una nueva élite de chilenos, más temprano que tarde, antes que la impaciencia, la desconfianza y el malestar crónico nos hundan aún más en el vacío del estancamiento.

Excelente, así es todo lo descrito