No es lo mismo antes que después
Las buenas autoridades ponen la alerta frente a una contingencia que está por ocurrir y es pronosticable; las malas dan explicaciones por la decisiones que están tomando apresuradamente luego que una contingencia ya se hizo presente.
Por ejemplo, el ministro de Justicia, Luis Cordero, se ha anticipado a señalar que la sobrepoblación en las cárceles es un problema crítico, que se arrastra desde hace mucho, que puede provocar todo tipo de dificultades en cualquier momento y que tiene un inicio de solución con la construcción de cárceles.
Puede que igual se desate alguna de las crisis previstas, incluso pueden llegar a ser graves, pero lo que todos tendrán en cuenta será que fue advertido con antelación, que lo humanamente realizable en corto tiempo está siendo ejecutado y que las autoridades del área están pendientes y atentas.
Cuando un ministro o subsecretario aparece adelantándose a la ocurrencia de los hechos estamos seguros de que tiene el timón firme en sus manos, cuando tiene que responder por una contingencia que se desborda, irá siempre a remolque de lo que está sucediendo, con lo cual se generará un ambiente de incertidumbre que es letal para cualquier responsable de una tarea en el Estado.
Lo que sentenció la salida de Fernando Araos fue una combinación de lo anterior. Dio la impresión de haber llegado tarde, mal y de que informó de manera muy deficiente sobre la muerte de un niño, donde se comprobó una gestión no realizada.
Cuánto de lo ocurrido se pudo anticipar siempre será discutible. La exministra de Salud, Helia Molina, lo señaló con precisión: “Deberían haber puesto mascarillas en abril, pero prever esto no era tan fácil”. Un juicio equilibrado, aunque el número de especialistas que dieron la alerta fue muy superior a los responsables ministeriales que fueron proactivos. Cuando hay que dar respuestas, no bastan las explicaciones.
La consecuencia de no estar alerta hace que el gobierno se enfrente a un problema duplicado: la emergencia y el cuestionamiento del responsable de dar la alerta a tiempo y actuar con eficiencia después.
La misma Helia Molina saca la conclusión ineludible: “Cuando se comienza a hacer ruido y generar mucha incertidumbre y desconfianzas, hay que dar un paso al costado”. Este tipo de moraleja es mucho más pertinente que una fácil y no justificada descalificación generacional.
La juventud no es el problema, validarse sólo por serlo sí lo es
¿Significa esto que los jóvenes no pueden asumir las principales responsabilidades gubernamentales? De ninguna manera. Significa que hay que reunir requisitos para que esta incorporación tenga éxito. Buenas experiencias hay muchas.
En el gobierno de Frei Montalva una nueva generación de recién egresados asumió una cantidad importante de puestos de primera línea. Pero fue el último eslabón de una cadena. El programa estaba muy afinado desde hacía tiempo, porque era la segunda oportunidad en que se había presentado esta candidatura presidencial; los equipos profesionales y técnicos ya estaban afiatados, y la conducción presidencial era experta. Teniendo todo a favor, lo que se requería era la voluntad de vencer obstáculos y la juventud no se arredra ante ninguno. Combinación virtuosa.
Es decir, cada cual aportó lo que tenía y se tenía suficiente de todo. Cuando se llega antes de tiempo al poder, porque los demás no supieron estar a la altura de ser alternativa, la combinación entre experiencia y juventud tiene que ser diferente.
Si se tiene un propósito común definido, adelante con lo nuevo; si se está buscando un propósito por definir, ante todo experiencia. El país no puede ser empleado como plan piloto para que algunos terminen de aprender cómo funciona un Estado al que hay que conocer primero antes de intentar cambiarlo.
Quienes están al tanto de lo que es el Estado por dentro, tienen como característica compartida el que aprenden a cuidarlo. Hemos tenido gobiernos de derecha, de centroizquierda y de izquierda, pero la nota común es la entrega al servicio y la posterior salida silenciosa y sin recriminaciones. Salcedo vuelve desde el silencio sobre la actuación de sus sucesores y desde la continuación del servicio público.
El contraste más evidente es con Izkia Siches, que hace un año encabezaba al gobierno y ahora le pide al Colegio Médico que le pegue. No hay ningún problema en que opine de este modo. El problema consiste en que alguien con estas característica haya llegado a conducir el gabinete, entrara y saliera sin saber en dónde estaba. Si lo hubiera sabido, no hubiera salido con tanta anticipación y practicaría las virtudes del silencio. La historia, cuando no se aprende, se repite.
Decir que no hay espacio para errores, es un error
El Presidente Boric dijo que “no hay margen de error posible”, lo que es imposible de cumplir, pero sí señala la necesidad que tiene el gobierno de establecer los criterios con los cuales su administración aquilata a sus principales figuras.
La derecha no colabora a que el gobierno evalúe mejor su actuación sectorial al permitirse realizar una crítica combinada a un ministro junto a su desempeño. Si un miembro del gabinete es atacado en su condición, en vez de por su gestión, o la frontera queda completamente borrada, no queda más que su defensa.
La exhibición de prejuicios mezclado con intolerancia no puede presagiar nada bueno.
Sin embargo, el Ejecutivo debe tener sus propios criterios de evaluación y aplicarlos. A cualquier miembro del gabinete se le puede pedir que mantenga las prioridades programáticas, sea efectivo en la acción principal y otorgue credibilidad y confianza pública a sus acciones. Si las fallas afectan estos puntos, se está fuera.
Si los colaboradores inmediatos de un Mandatario no se focalizan en lo más importante, nadie lo hará. Si no lo comunican bien y a tiempo, no habrá cómo conseguir que los demás se enteren. Si no controla las acciones de sus subordinados, lo que hagan estos lo controlarán a él o ella.
Este es un gobierno que tiende a desconectarse de la coyuntura porque lo que más lo motiva es el rumbo histórico de la nación, pero como la ciudadanía vive en el presente es mejor no descuidar que los próximos 60 días son de crisis sanitaria.
Si no se adapta a la contingencia no podrán mantener el norte. El mismo Boric buscó en su muy extenso mensaje a la nación, iluminar el camino de los próximos años, pero no mencionó para nada la crisis estacional de salud, los preparativos inmediatos y los llamados a colaborar. Así que es mejor que el margen de error exista, porque con la vara que mides serás medido.
