reparto

¿Cuándo “reparto” se convirtió en una mala palabra para la derecha? No lo sé, pero me temo que fue más o menos al mismo tiempo que la izquierda comenzó a utilizar la palabra “solidaridad” como una de su exclusiva propiedad, como una palabra que si la utilizaba alguien de derecha la convertía en una mentira.

Una buena palabra convertida en mala palabra. Durante la semana que pasó se especuló bastante sobre ese infeliz destino. Hubo complejas interpretaciones de su significado profundo y de su proyección ideológica. Se dijo que se trata de una palabra que encierra mucho más de lo que aparenta, incluso que representa una concepción particular de la condición humana, nada menos. Algo así como la presencia de genes perversos o un destino del que no podía escapar y que la ha llevado al arroyo en que ha terminado sus días.

Pero también es posible que no sea más que otra víctima de la coyuntura. Una que en nuestro país ha llevado a que las opiniones y actitudes políticas se estén situando progresivamente en extremos opuestos, hasta tornarse aparentemente irreconciliables. Yo mismo, desde este espacio, pronostiqué que, con la excepción de materias relativas a seguridad pública, la oposición no iba a aprobarle nada al gobierno a fin de no entregarle triunfos a su adversario en los dos años previos a la contienda presidencial de 2025. Es lo que estaba ocurriendo con el destino del 6% de cotización adicional en el sistema de pensiones, en donde terminó por no haber espacio para el consenso entre los partidarios del “reparto” -aquella mala palabra- y los de la “cotización individual”, una mala palabra para otros o aún peor: dos palabras que juntas se convierten en un mal concepto.

Pero la coyuntura es dinámica y los políticos pueden -es más, deben- ajustarse a la realidad. Así, resulta que en la pugna sobre el destino del 6% de cotización adicional en el que había terminado por concentrarse el conflicto, el gobierno finalmente cedió y abandonó el reparto. El último reducto en el que se había refugiado, que era destinar la doceava parte del 6% de cotización adicional (0,5%) a reparto, cayó abatido. Lo último que se conoció como posición oficial del gobierno es que ya no insistía en que esa doceava parte se dedicara a la “solidaridad intergeneracional” (o sea “reparto”), sino a equiparar las pensiones de hombres y mujeres. Y como la igualación de las pensiones de hombres y mujeres es un objetivo que comparten el oficialismo y la oposición (aparentemente al menos), ahora sí se podría llegar a un acuerdo sobre la reforma del sistema: todo consiste en encontrarle un adecuado financiamiento a esa igualación de las pensiones de unas y otros.

Al gobierno le resultará fácil aceptar otra fuente de financiamiento (se habla del seguro de invalidez y sobrevivencia), pues podría proclamar que ha obtenido el objetivo de avanzar en la igualación entre géneros, en tanto que la oposición habrá vencido en su propósito de destinar el 6% completo de cotización adicional a las cuentas individuales de los afiliados… y como bono adicional, aunque quizás sea el objetivo principal: un futuro gobierno de la oposición comenzará su ejercicio sin el problema de la reforma de pensiones, que ya estaría resuelto.

Pero esa posibilidad de acuerdo deja en mala posición a aquellas posiciones políticas que se sitúan en los extremos del escenario: a aquellos que quieren que nada cambie y a aquellos que quieren que cambie todo. Republicanos se aprovechó del desliz del diputado Guillermo Ramírez, presidente de la UDI, que en una entrevista deslizó la mala palabra y, como esos simpáticos perritos que una vez que muerden no pueden destrabar las mandíbulas para soltar a su presa, no aceptó sus excusas –“quise decir otra cosa”, dijo él- y ha seguido mordiendo hasta el día de hoy, acusándolo de partidario del reparto. Y es que Republicanos busca desesperadamente diferenciarse de Chile Vamos y encontró en esta coyuntura un filón para explotar, de modo que seguramente seguirá en esa línea hasta la elección presidencial con la esperanza de pasar a segunda vuelta y repetir la situación de la anterior elección, con las chilenas y chilenos debiendo decidir por uno de los extremos… con la esperanza de que ahora los elegidos sean ellos.

Y en la trinchera opuesta ocurre algo semejante. El Partido Comunista y el Frente Amplio no pueden renunciar al último bastión que les queda de aquello que alguna vez fue su programa de gobierno. Por el suelo rodaron todos los contenidos de la reforma constitucional que los resumía y han visto aprobarse leyes sobre temas que les son tan repugnantes como la seguridad pública. De la idea de “no más AFP” no se habla desde hace mucho y sólo les quedaba el reparto, aquella mala palabra que ahora el gobierno lleva a batir en retirada. De ahí que el PC haya comenzado a hablar de “estar con dos pies en la calle y dos pies en La Moneda” -lo que convierte al senador Daniel Núñez, autor del enunciado, en el primer senador cuadrúpedo de la República-, mientras el Frente Amplio protagonizó un “volanteo masivo” el pasado jueves. Ambas acciones, y otras que vendrán, no tienen más objeto que hacer presente las diferencias y dejar en claro que la decisión del gobierno no es decisión de ellos.

¿Que por qué el gobierno cedió? Es que no cedió. Quienes están cediendo son el socialismo democrático y el Presidente Gabriel Boric. El primero, porque ya es hora de que termine de marcar su diferencia con el bloque PC-Frente Amplio de cara a una próxima primaria presidencial. Y la única razón para seguir pegados a ese bloque, con el que poco han tenido que ver a lo largo del actual gobierno, es su aspiración de encabezar con uno o una de los suyos una próxima candidatura presidencial del ahora oficialismo… y los votos para conseguirlo no están en la izquierda, sino en el electorado de centro que seguramente va a aplaudir el acuerdo sobre pensiones y cualquier otro. ¿Y Boric? Pues este es su gran momento, el de su mayor decisión. Hasta ahora todo parece indicar que va a favorecer un acuerdo que elimina la mala palabra. De hacerlo habrá terminado de girar hacia el socialismo democrático, con todas las consecuencias que ello ha de tener para su futuro político. La gran interrogante es ¿podrá resistir la presión del PC y el Frente Amplio?

Y como suele ocurrir cuando la política encuentra su propia solución, hasta la técnica se alinea. La Mesa Técnica de Pensiones, que entregó su informe el pasado miércoles, ha coincidido con la posible solución política e hizo una proposición en la que una parte del 6% adicional va a financiar a los actuales pensionados, pero la condición de seguir siendo parte del ahorro previsional de los actuales cotizantes en sus cuentas individuales queda garantizada por el hecho de que su uso es un préstamo que les será devuelto debidamente, incrementado en el monto de los intereses que genere.

Y de la palabra “reparto” nunca más se supo. Si las cosas salen como todo parece indicar que saldrán, ella terminará siendo la única víctima de este episodio de 12 años.

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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2 Comments

  1. Lo que nunca entendieron es que “reparto” era lo mismo que robar algo que pertenecía a otra persona, a su trabajo, y lo disfrazaron de reparto.

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