Cuando el gobierno parece comenzar a encontrar su equilibrio a 100 días de asumir el poder y cuando la izquierda aparece desorientada e inclinada a convertirse en una oposición inútilmente obstruccionista, la derecha debería estar atravesando por un momento de crecimiento y consolidación. Lamentablemente, una tendencia autodestructiva parece estar apoderándose de un sector de la derecha. En vez de hacer fuerzas para avanzar en todos los temas que comparten, como el crecimiento económico, la creación de empleo, el imperio de la ley y el orden y las libertades individuales, algunos irresponsables líderes de la derecha prefieren promover una guerra civil sobre las posiciones que algunos partidos del sector tomaron durante y después del estallido social. Incapaces de entender que el sector debe aprovechar la inmejorable oportunidad política que se presenta en Chile para consolidar y profundizar ideas de derecha, esos líderes activamente buscan sabotear y arriesgan desperdiciar la mejor oportunidad que ha tenido la derecha para convertirse en una mayoría electoral estable y duradera en el país.
El estallido social fue un momento oscuro en la historia de Chile. La errada decisión de emprender un camino de refundación constitucional llevó a Chile al borde del abismo. La torpe decisión de renunciar a defender la Constitución y las leyes para intentar apaciguar la violencia en las calles desencadenó un proceso constituyente que estuvo a punto de hundir al país en un caos institucional. Afortunadamente, los chilenos votaron en septiembre de 2022 por rechazar la propuesta de Constitución redactada por la irresponsable Convención Constitucional.
Comprensiblemente, muchas personas quieren establecer responsabilidades e identificar culpables de haber llevado al país por ese camino profundamente equivocado de refundación institucional. Aunque la historia deberá consignar claramente quiénes fueron cómplices del intento por refundar Chile en base a modelos estatistas que nunca han funcionado en ninguna parte y quienes se opusieron valientemente a llevar al país por el camino de la autodestrucción, la realidad política hoy obliga a dejar esa tarea a los historiadores. El país todavía está en una situación demasiado delicada como para centrar los esfuerzos en buscar responsables por la lamentable situación actual. Cuando un país se salva de caer al abismo, la tarea inmediata es ayudar a que la república vuelva al sendero correcto a la brevedad. Cada minuto que se dedica a buscar responsables de haber desviado el rumbo, es un minuto que se pierde en la carrera por recuperar el liderazgo en crecimiento y desarrollo en América Latina.
Es insensato que los líderes de derecha dediquen su tiempo a acusarse mutuamente por los errores cometidos que nos llevaron al lamentable proceso constituyente cuando la amenaza de volver a caer por la ladera resbaladiza del estatismo refundacional no termina de desaparecer. La visión de futuro que une a la derecha debiese ser mucho más fuerte que el revisionismo histórico que quieren hacer algunos sobre las razones que nos llevaron a estar a punto de caer al abismo en el proceso constituyente.
Esto no quiere decir que debemos olvidar el pasado. Los que tempranamente se opusieron al proceso constituyente pueden orgullosamente recordarnos todas las veces que quieran de su acertada y valiente decisión. Enhorabuena por ser visionarios.
Pero las urgencias que enfrenta Chile hoy requieren que todos comencemos a remar en la misma dirección. Aquellos que votaron por evitar una victoria de la candidata del Partido Comunista en la segunda vuelta de 2025 pueden tener muchas diferencias ideológicas y programáticas —y por cierto pueden tener distintas lecturas sobre los dos fallidos procesos constituyentes. Pero la amenaza que representa para Chile la alternativa política que quiere abolir la propiedad privada e imponer una economía dirigida por el Estado es demasiado real y concreta como para que todos aquellos que creen en el modelo de libre mercado y en una democracia liberal se pelen entre ellos por sus distintas interpretaciones sobre la historia reciente del país.
Aquello que une a la derecha siempre ha sido más poderoso e importante que las legítimas diferencias que existen en el sector. Cuando la amenaza de volver a caer en la trampa de la refundación constitucional y retomar el sendero de la violencia, el caos y la refundación sigue vigente, los que quieren reconstruir un Chile que se desarrolle y crezca con oportunidades para todos, con democracia liberal, estado de derecho y respeto por las leyes y el orden necesitan trabajar juntos. El país necesita que todos los que quieren retomar el buen sendero remen con fuerza en la misma dirección. Ya habrá oportunidad para que los historiadores establezcan las responsabilidades individuales y colectivas por la negra noche que se inició con el estallido social y terminó con el fracaso de los dos procesos constituyentes. Hoy, la urgencia es alejar a Chile lo más rápido posible del abismo al que estuvimos a punto de caer durante el proceso constituyente.

El segundo proceso lo ofrecieron, corrieron a ofrecerlo y lo delinearon los mismos pusilanimes que entregaron la CPR, no busquemos empates truchos