La derrota del oficialismo en la elección presidencial, precedida acaso de una más amarga en septiembre de 2022, ha impulsado un proceso de autocrítica en la izquierda que apenas comienza. Fuera del poder, lejos de las intensas luces que brillan para sus ocupantes hasta el último día, se dejará sentir en toda su magnitud el yerro histórico en el que incurrió el sector y que le pasó la cuenta electoral más elevada en más de medio siglo.

Ese grueso error político -se propuso refundar el país más desarrollado de América Latina, aquel que exhibía los mejores indicadores sociales de la Región- apenas asoma en las más bien tímidas autocríticas del Presidente Boric o en el inventario de errores que expone Giorgio Jackson en su documento “El fin de un ciclo, ¿qué esperar ahora?”.

Muy poco, casi nada, para una severa derrota política cuyas causas están a la vista, pero que el sector se resiste a considerar seriamente. Es el ejemplo perfecto de la metáfora del elefante en la habitación: un problema o tema que todos conocen, pero que evitan discutir, fingiendo que no existe para no confrontar la incomodidad o las posibles consecuencias negativas de enfrentarlo. En este caso se trata de la creación de riqueza, quizás el problema capital de la política, sobre todo en un país que aún no alcanza el desarrollo pleno, y en el que el crecimiento económico sigue siendo una indiscutible necesidad para generar empleo y bienestar. Desde Aylwin hasta el primer gobierno de Piñera la política pública explícita o implícita fue una de “crecimiento con equidad”, que en los hechos fue un proceso modernizador pletórico de reformas e iniciativas orientadas a crear riqueza sobre la base del sistema capitalista -en corto, la modernización capitalista-.

Pues bien, fue precisamente con esto que los sectores autoflagelantes de la Concertación comenzaron a reñir cuando ya gobernaba por segunda con el Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Más tarde, en la década pasada, sus hijos más señalados, la llamada nueva izquierda, desahució a la modernización capitalista sin ambages, cuando aspiró a sepultar el neoliberalismo, sin advertir la crisis ideológica que subyacía a la refundación que se proponía para superarlo -y que se plasmó en la propuesta Constitucional de 2022-. Ese vacío no se encuentra resuelto ni mucho menos: mientras la Concertación no tuvo dudas -la creación de riqueza se alcanza a través de la modernización capitalista, no hay otra forma de hacerlo- la nueva izquierda del Frente Amplio todavía sueña con superar de alguna forma el capitalismo, incluso cuando semejante prospecto refundacional asociado al decrecimiento ha sido ampliamente rechazado por los electores.

Las resonantes derrotas electorales de 2022 y 2025 se gestan en el vacío ideológico de un pensamiento económico discernible y consistente con el desarrollo del país, agravado si acaso la autocrítica se abstiene de orientar los pasos hacia una necesaria reparación. Es lo que brilla por su ausencia en ese proceso que ya da sus primeros pasos. Mientras el elefante en la habitación -la modernización capitalista- siga siendo soslayado podría ser que el fuego de la refundación -no completamente apagado- resurja de las cenizas para alimentar la única propuesta política que las izquierdas han sabido apoyar sin reservas desde la década pasada, la misma que en dos ocasiones ha sido derrotada por amplio margen en las urnas. Sería una verdadera lástima para el país que algo así pudiera pasar.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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3 Comments

  1. Sería una lástima?
    Va a ocurrir inevitablemente!!!!!!
    Esa gente no tiene remedio: pseudo certezas provenientes de una educación mediocre + soberbia + narcisismo: Cóctel muy embriagador.

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