Mirando para el frente, mirando para el lado
Una sucesión de grandes cambios políticos se ha verificado después de la última elección municipal y de gobernadores del 2021. Tocaba la puesta al día con esta nueva realidad. La emergencia de Republicanos y del Frente Amplio es posterior y ahora ocupan los dos primeros lugares.
Las autoridades electas tenían una importante representación de independientes y ahora comienzan a predominar, lo que muestra un deterioro mayor de nuestro sistema de partidos. El pasado reciente ha llegado a ser pasado remoto y superado.
Esta elección permite distinguir entre los partidos que quedaron mirando para el frente y los partidos que quedaron mirando para el lado.
Los primeros son aquellos que lideran sus respectivos sectores y pueden encabezar opciones presidenciales; los segundos son aquellos que quedaron ubicados en el límite de la existencia legal y tienen que decidir con quienes otros unirán fuerzas a fin de poder seguir existiendo, pero dentro de una agrupación.
Por mucho que se le interprete, este no ha sido un empate, sino un triunfo de la oposición, pero no es un resultado que deje todo resuelto.
Desde el punto de vista político, y no solo electoral, los dos grandes sectores de la oposición encontrarán razones para confirmar la estrategia que cada uno ha seguido.
La relación entre quienes tienen candidatos presidenciales en competencia dentro de la derecha estará lejos de haber iniciado un período de fraternal comunicación. Eso incluso seguirá siendo una realidad aun considerando que el mes que viene les permita unirse y ganar un amplio número de gobernaciones.
La competencia entre ellos se encuentra a mitad de camino y no hay quién la entienda como zanjada. No se ve cómo pueda detenerse porque Republicanos parece dispuesto a marcar presencia ante cualquier otro actor político, por cercano que pueda parecer para otros ojos.
El oficialismo entró a la competencia sin conducción
No existe un buen momento para desordenarse, pero iniciar un periodo electoral entre pugnas de partidos es la peor oportunidad posible.
Por el lado de la centroizquierda, lo que está claro es aquello que ha dejado de funcionar o, no ha llegado nunca a funcionar. La dirección de los partidos ha tenido todas las oportunidades imaginables de dar conducción colectiva, sin que lo hayan aprovechado. Menos podrán hacerlo ahora ya han empezado a confrontarse.
A esto se ha añadido la pérdida de prestigio que ha experimentado el Presidente Boric en el episodio Monsalve, donde dejó de operar como un factor de unidad interna al concentrarse en un intento de recuperar su imagen, pero en solitario, confiando en la improvisación y en que sus actuaciones más cuestionables fueran olvidadas por medio de declaraciones correctas a destiempo.
En política se pueden cometer muchas faltas, pero las peores son las que no se pueden compartir y quedan alojadas en casa. No puede ser indiferente el hecho de que, en los dos días de votación, en las transmisiones de televisión el nombre más repetido fuera el de Monsalve, más que el de ningún candidato.
El caso Audio y derivados impactó en un centro neurálgico de la derecha, comprometió a figuras de primer orden y se instaló por largo tiempo, causando un efecto nocivo que se mantiene hasta hoy. Sus consecuencias, sin embargo, no se circunscribieron a su lugar de origen. El desprestigio agravado de la política no tiene demarcaciones precisas y las fallas de unos se irradian rápidamente al resto.
En cambio, la acusación a Monsalve queda circunscrita a su lugar de origen. En política se perdonan muchas cosas, pero nunca la agresión contra un militante “puro y sincero”, un adherente leal de una familia leal. La falla del exsubsecretario fue ética; el error político fue de La Moneda, los adherentes fueron desalentados para entregar su respaldo y eso tuvo una expresión electoral.
El descontento se canalizó por la oposición moderada
De las expectativas, se cumplieron casi todas: los partidos en posiciones polares destacan como los principales, la derecha se derechiza y la izquierda se izquierdiza, la oposición como sector vuelve a su representación de los buenos tiempos. Sin embargo, algo inesperado ocurrió.
La diferencia estuvo en que el número de nulos y blancos disminuyó en vez de aumentar ampliamente, tal como se esperaba. El rechazo a la política fue activo, no pasivo. Y fue canalizado prácticamente en su totalidad por la derecha.
Los candidatos moderados que buscaron ampliar su apoyo más allá de las fronteras de su sector de origen tuvieron éxito. Lo sorprendente es que eso ocurrió en la gran mayoría de las oportunidades beneficiando a candidatos de la derecha, como en el caso de Desbordes o Sichel. Muy probablemente lo que impidió que ocurriera lo mismo con quienes hicieron la apuesta de romper el cerco desde la centroizquierda, como en el caso de Claudio Orrego, fueron los últimos acontecimientos que afectaron al oficialismo.
El análisis pormenorizado de los próximos días nos mostrará, comparando la votación de gobernadores, alcaldes y concejales, que las fronteras políticas fueron cruzadas en varias ocasiones por los mismos electores.
La evaluación de cada votación fue diferente, las preferencias en bloque y por el mismo sector ya no es un dato obvio.
Tal vez lo más esperanzador sea que quedó demostrado que agredir al propio electorado nos sale gratis y no tiene perdón. Cubillos ofendió al electorado de derecha y por eso pasó de candidata favorita a candidata rechazada. La falta de Monsalve y la falla de respuesta política apropiada posterior, pasó factura al oficialismo y a las candidaturas de centroizquierda. De otro modo los resultados no resultan explicables.
La mejor lección que se puede sacar de esta jornada electoral es que las cuentas iniciales no lo son todo, que los resultados están completamente abiertos a los acontecimientos que ocurren en lo inmediato, y que los malos pasos tienen castigo en el propio sector al que se pertenece.
Las segundas vueltas tenderán a favorecer a la oposición y tendremos un mes más de polarización garantizada. No obstante, el futuro del país depende de que los moderados de ambos sectores sigan considerando que la gobernabilidad del país depende de su entendimiento, no de ampliar la confrontación.
Un electorado despierto, abierto a los acontecimientos y crítico de los cercanos se está consolidando y la centroizquierda debe ir a su encuentro si quiere recuperarse.
