Un nuevo semestre termina hoy, 30 de junio. A pesar de que la aprobación del Presidente Boric creció en las dos últimas semanas hasta un 36%, una amplia mayoría de chilenos desaprueba su gestión, lo que ha sido la tónica durante todo su mandato.
Sin entrar en el análisis más técnico por área de gestión, una mirada macro del país nos muestra un Chile estancado, retrocediendo en liderazgo, sin visión, sin ideas que permitan mirar el futuro con optimismo, con un gobierno que no tiene como propósito llevar a Chile al desarrollo, donde el crecimiento económico no es prioritario y con graves falencias de gestión en orden y seguridad, en migración, educación, salud, economía, cultura, diplomacia, energía, vivienda, reconstrucción -por nombrar las más evidentes- sin olvidar su “superioridad moral”, que demostró ser nada más que una altanera y arrogante soberbia sin sustento alguno, como quedó demostrado con el olvidado “Caso Convenios” que suma hasta ahora $90,000MM de corruptela.
Los meses que faltan para que este gobierno termine estarán fuertemente influenciados por las elecciones, período en el cual, la capacidad de los gobiernos de innovar, de legislar para reformar, es muy limitada, porque los incumbentes pretenden reelegirse y, por lo tanto, su gestión está focalizada en hacer campaña, en contactar son sus electores y menos preocupados de aprobar los proyectos que pueda presentar el Ejecutivo.
Sin embargo, como los gobernantes pretenden entregarle el poder a alguien de su misma coalición, lo que se podría esperar son iniciativas populistas orientadas a agradar a la ciudadanía para conseguir sus votos, pero nada de peso que permita decir que vamos por el camino adecuado para superar los graves problemas que nos preocupan.
La única forma de que el país vuelva a retomar el camino del desarrollo es lograr que la coalición gobernante no sea reelegida.
Para que eso ocurra, se requiere que la oposición actual tome conciencia que no hay elección ganada hasta que se cuente el último voto, los que divididos y fraccionados no ganan elecciones. Lamentablemente parece que no todos lo tienen así de claro pues no paran las disputas por la prensa; no cesan de aparecer egocéntricos personajes que pretenden competir como independientes aunque eso pueda terminar favoreciendo a los candidatos de izquierda; no terminan las críticas entre unos y otros y pareciera ser que lo que prima es lograr la hegemonía del sector y obtener la mayor cuota de poder posible, sin pensar que con esa actitud, el daño auto infligido ante la ciudadanía es nefasto pues sólo incrementa la desconfianza hacia la política, hacia los partidos y hacia los políticos en general, todo lo cual afecta seriamente la institucionalidad y la democracia, y permite el surgimiento de populistas que ofrecen terminar con todo aquello.
Sin duda el país se encuentra en un momento crítico y de no hacerse las cosas bien, no sería sorprendente que la izquierda terminara siendo reelegida, con lo cual, el destino de Chile estaría en manos de quienes han demostrado una total incapacidad para conducir el país por la senda del desarrollo y más bien lo que han logrado es un grave retroceso en todo sentido, lo que hace que exista una negativa visión sobre el futuro del país, con bajas expectativas de consumo personal, de la posibilidad de encontrar empleo, de que la economía mejore y, por cierto, una muy negativa percepción de la seguridad, a lo que se agrega una severa crisis en educación que hace temer por el futuro de Chile, puesto que 676.000 estudiantes están con inasistencia grave en el primer semestre y la cifra de jóvenes que están en la delincuencia es alarmante.
Hoy termina el primer semestre del tercer año de gobierno de Gabriel Boric, mostrando un balance de gestión pobrísimo. El país funciona por inercia, sin visión de futuro y estamos ad portas de un nuevo gran ciclo electoral, lo que señala el comienzo del fin del actual gobierno, pues se le acabó el tiempo para generar reformas, de innovar y de desarrollar iniciativas que permitan volver a transitar por las avenidas que conducen al tan ansiado desarrollo.
Es de esperar que la oposición entienda lo que está en juego y dejen de lado las pequeñeces, los egos, las ambiciones personales y partidarias y se dediquen a pensar en cómo sacar a Chile del marasmo en que estamos, para ofrecerle a la ciudadanía esperanza y optimismo en un futuro mejor.

Un lamentable pero real análisis de en cómo estamos. Si no tomamos conciencia y enmendamos rumbos vamos a pasar a competir igual a igual con Haití. Doloroso pero cierto.