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Sigo creyendo que lo más probable es que ganará el A favor a pesar de que en las últimas encuestas que se están publicando esta semana aparezca todavía ganando el En contra. El motivo es que la tendencia a subir del A favor es suficientemente fuerte cada día, mientras el porcentaje de votos por el En contra, decrece. Creo que esto se acentuará. Muchos creen que en el corto plazo que queda el A favor no alcanzaría a superar al E contra. Pienso distinto; lo superará, basado en la proyección matemática de la tendencia reciente, no sólo de la última semana sino desde hace 9 semanas. De aquí mi conclusión.

Para mostrarlo, me basaré en la encuesta Cadem que señala que la votación por A favor llegaba a 38% el domingo pasado, 24 de noviembre, mientras por el En contra alcanzó 46%. Pareciera superarlo por mucho: 8 puntos de distancia. Pero la tendencia del En contra es a la baja: cayó 3 puntos (desde 49%) la última semana. En cambio el A favor subió 6 puntos  (desde 32%). La brecha entonces se redujo de 17 a 8 puntos en siete días. Si este resultado se repite esta semana, el domingo 3 de diciembre el A favor tendría 44% y el En contra 43%. 

El A favor pasaría a estar ganando, faltando dos semanas para la votación. Esto no se notará todavía porque puede ser más lento inicialmente el traspaso. Pero suponiendo que éste sigue las tendencias promedio menos pronunciadas de las últimas 6 o 9 semanas (-1,2 por semana el En contra, y +1,7 el A favor) el resultado es que igual ganaría el A favor. La gente se decidirá a última hora, cuando se acelerará el trasvasije. Y el refrán hípico de “caballo pillado, es caballo ganado” puede ampliar esa diferencia hacia el A Favor, porque a la gente le gusta votar a ganador.

Cabe agregar la consideración de que la encuesta Cadem muestra que el traspaso de votos hacia el A favor no proviene principalmente de los indecisos sino de gente que antes expresaba preferencia por el En contra. De los 17 puntos que subió el A favor desde hace 9 semanas (22 de sept.), sólo 4 vinieron de los antes Indecisos y los otros 13 de quienes entonces pensaban votar En contra. Fue semejante las últimas seis semanas aunque menos marcado.

¿Qué puede estar haciendo mover así la preferencia de los ciudadanos?  Un viaje reciente al sur me permitió conversar con gente común y corriente que forma la gran mayoría de nuestros compatriotas. Lo primero que encontré es que casi ninguno tenía decidido por qué votar. Les preocupaba no saber, y señalaban que irían a votar de todos modos. Indagando un poco más sobre qué les inclinaría hacia el A favor o el En contra, señalaron en su gran mayoría que lo determinante para ellos/as sería votar por lo que “termine esta cuestión”. No quieren saber nada más de “los políticos” y sus propuestas, menos de seguir con este “cuento de la Constitución”. “No les creo nada”, solían agregar.

A la pregunta de si acaso creían que el triunfo de una de las alternativas lograría terminar antes y de verdad este “tema de los políticos”, la mayoría creía que lo terminaría más el triunfo del En contra. Ante mi sorpresa por esta respuesta, para mí contradictoria con la evidencia histórica, al preguntar por qué motivo creía eso la respuesta habitual fue: “No sé, estoy en contra”. Tampoco quieren que sigan perdiendo el tiempo pasando nuevas leyes para implementar la nueva Constitución. Recién allí encontré casi siempre de parte de mis interlocutores el interés por “¿Qué piensa usted?”.

Varios de mis entrevistados plantearon que esperaban que los políticos se dedicaran a solucionar los problemas reales de “la gente como nosotros” y no sigan con las “peleas y temas de ellos”. Aquí solían aparecer fuertes críticas al gobierno actual. Esta semana he leído diversas encuestas que muestran el predominio de opiniones como las que escuché.

Mi impresión es que los partidos de gobierno se están dando cuenta que estarían perdiendo el plebiscito por el hastío (“choreo”) de la gente con los temas señalados arriba. Por eso sacaron esa declaración que ellos no votarán por otro proceso constitucional (aunque pocos le parecen creer). 

Estimo que los partidarios del A favor, para asegurar su triunfo, necesitan enfatizar principalmente cinco puntos: uno, que «el cuento de la Constitución y sus discusiones entre políticos» se terminará con más seguridad si gana el A favor. Dos, que eso permitirá abocarse a los temas que preocupan a la gente: la inseguridad ciudadana, la inmigración, la mala atención de salud y de gestión del gobierno en general, la corrupción y recuperación del dinero robado por las Fundaciones, la educación estancada, etc. Tres, sacar declaración que no darán prioridad a apurarse por sacar leyes para implementar la nueva Constitución. Cuatro, que la nueva permite lo más importante para que este país se ordene, reduzca la violencia y vuelva a crecer: reducir el número de partidos políticos chicos y de parlamentarios irresponsables tipo “Florcitas motudas”. Y cinco, que la nueva Constitución es muy parecida a la que tuvimos con las reformas de la Concertación en el período en que Chile progresó en crecimiento y equidad como jamás antes en su historia, entre 1990 y 2015.

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