educación

Para la izquierda, que exista educación de excelencia es sinónimo de anatema. La primera señal de esto la expuso el exministro de educación Nicolás Eyzaguirre durante Bachelet II cuando prometió “sacarle los patines” a los alumnos de la educación privada que corrían más rápido que el resto, para igualar las condiciones; o sea, emparejar hacia abajo y fomentar la mediocridad.

Acto seguido prohibieron la creación de nuevos colegios subvencionados y la selección por mérito, creando un sistema de selección al azar mediante una tómbola que ha causado infinitos problemas a padres y apoderados, por no lograr matricular a sus hijos en el colegio deseado e incluso dejando a muchos sin matrícula hasta bien entrado el año, poniendo fin así a la libertad de elegir y al derecho inalienable de los padres de decidir como educar a sus hijos.

No contentos con todo eso, durante el segundo gobierno del Presidente Piñera, comenzaron a transformar los liceos emblemáticos como el Instituto Nacional en centros de activismo político radical con la aparición de los overoles blancos, la violencia con molotov en las calles, la captura de los recintos por “estudiantes” violentistas que impedían la realización de clases y la normalidad educativa. Luego coparon el Metro, se saltaron los torniquetes, bloquearon los andenes y comenzó el octubrismo que pretendió derrocar al gobierno.

El gran “logro” de todo eso es que el Instituto Nacional pasó de ser el noveno mejor colegio del país a ocupar el lugar 303 en el ranking de admisión a las universidades.

Esto que podría haber generado alguna reflexión para intentar revertir esa situación, no sólo que continúa hoy tal cual, sino que ya están nuevamente en la calle generando violencia y destrucción en los propios colegios, como ocurrió recientemente en el Liceo Lastarria. Y cómo olvidar que se quemaron 35 alumnos en el INBA preparando molotov en el baño.

Acabando con los emblemáticos, le tocó el turno a las Universidades. El actual gobierno prometió terminar con el CAE a como dé lugar. Consecuencia de esa promesa, la morosidad por razones obvias aumentó a un 60,1%. Para qué pagar si van a condonar las deudas y entonces, la actual promesa es el nuevo Financiamiento de la Educación Superior (FES).

La amenaza del FES es nada más ni nada menos que a la autonomía universitaria. El concepto de la izquierda es que cualquier deuda pasa a ser injusta, por lo tanto eliminan el copago hasta el noveno decil y además de fijar los aranceles a las carreras, eliminan las becas por mérito académico y limitan el crecimiento de las vacantes a primer año por ley, a sólo un 2-3% anual, con lo cual los enormes recortes al financiamiento universitario ponen en riesgo no sólo la autonomía sino que también la calidad de la educación que reciban los estudiantes, puesto que si las universidades no tendrán recursos suficientes, no podrán atraer o sostener a los mejores profesores y tampoco podrán financiar proyectos de investigación, con lo cual, la excelencia académica se destruye.

Y si con todo esto no quedara clara la intención del gobierno y de toda la izquierda, un reciente dictamen de la Superintendencia de Educación obliga a los colegios subvencionados a mantener la matrícula de los estudiantes, aunque los padres no paguen la mensualidad. El ministro Cataldo minimiza el efecto, porque habría que presentar incapacidad de pago, pero eso es letra muerta porque el incentivo perverso a no pagar queda instalado, tal como ocurrió con el CAE.

“No puedes ir más rápido que tu pueblo” dijo Boric después de la derrota del plebiscito del 4-S. Por eso, lento pero seguro están destruyendo la educación de excelencia. Primero prohibieron nuevos colegios particulares subvencionados; eliminaron la selección por mérito, luego fueron por los liceos emblemáticos y ahora van por las Universidades privadas y asfixiar a los subvencionados que aún quedan aportando a la educación de nuestros niños.

La destrucción de la educación de excelencia es un nefasto legado de la izquierda y de este gobierno en particular. Por eso, hoy más que nunca, Chile requiere urgentemente un cambio que vuelva a permitirle a la educación la posibilidad de brindar excelencia académica y a los padres el derecho de decidir con libertad el proyecto educativo que desean para sus hijos. 

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