desempleo

Las noticias que nos llegan en torno al desempleo son lamentables y se extienden ya por demasiado tiempo. Cerca de un millón de compatriotas no encuentran trabajo, en cifras que suben del 8% desde hace años y que en el caso de las mujeres es todavía mayor, llegando al 10%. Todo eso es verdad. A ello se suma que el problema se ha extendido por largos años, al punto de que el Presidente de la República, José Antonio Kast, ha llegado a hablar de que Chile enfrenta una “emergencia laboral”. 

El problema tiene varias dimensiones, y habitualmente se registra la clave económica, por el mayor efecto se produce en perjuicio de las personas y sus familias en términos de ingresos, así como lo que representa en cuanto a la falta de dinamismo en la economía y la afectación al mercado laboral. Con todo, me parece que el principal problema del desempleo es profundamente humano y por cierto tiene expresiones en la economía. En la práctica, en Chile hay cientos de miles de personas que podrían hacer una gran contribución a la sociedad a partir de sus estudios, su experiencia o simplemente sus ganas de trabajar, pero que hoy no tienen empleo o no lo están haciendo de manera formal, por diferentes razones. Con ello, Chile se priva de obreros, intelectuales, personas del mundo de los servicios, gente del campo, incluso deportistas o artistas, que no encuentran dónde trabajar para ganar su sustento, para vivir su vocación, para aportar al país en diversas áreas que requieren personas. El problema se repite en diversas áreas de la vida nacional.

Por lo mismo, no podemos ser indolentes frente a esta situación. Cuando el país lleva años con la misma tendencia negativa, es preciso reaccionar con más rapidez y con medidas concretas. Parece claro que el camino ha sido al revés de lo necesario y las consecuencias están a la vista. Una parte importante del Plan de Reconstrucción y Desarrollo Económico presentado por el Ejecutivo se dirige a modificar no solo ciertas normas puntuales, sino también un objetivo de fondo, una de cuyas expresiones más claras es la necesidad de ampliar las posibilidades de trabajo, facilitar la inversión, reactivar la economía y fortalecer las diversas y valiosas riquezas del país, comenzando por su gente.

Chile no debe seguir desperdiciando talentos, ganas y formación, sino que debe potenciar todo ello con decisión. Esto vale para el trabajo, pero se extiende en diversos planos. Uno de los más notorios es la educación, especialmente a nivel escolar, que muestra problemas repetidos desde hace años, con consecuencias lamentables para el país y especialmente para los sectores de menos recursos. La enseñanza municipal o de los SLEP ya no tiene aquellos buques insignia de la educación estatal, lo que es una pérdida importante para la calidad de los establecimientos y para la movilidad social de los estudiantes. Por otra parte, los establecimientos estatales, en general, tienen malos resultados en pruebas en la enseñanza básica o al egresar de la enseñanza media. A ello se suman algunos temas de fondo: todavía es muy grande el porcentaje de niños que no entiende lo que lee incluso en Cuarto Básico. Algunos mencionan la brecha como otro factor relevante, aunque ello en realidad tiene su expresión negativa en los malos resultados de aprendizaje en los sectores populares, más que en los resultados positivos en los sectores de más altos ingresos.

Aquí, nuevamente, nos encontramos con un problema de fondo. Lo anterior significa que hay numerosos niños y jóvenes en Chile que no logran desarrollar todo su potencial, que podrían obtener buenos resultados, pero deben conformarse que otros magros. No es justo con las familias que el sistema se esté resignando a mantener ciertos patrones y resultados mediocres, en vez de trabajar por revertir la situación de manera urgente. Sin embargo, en la discusión pública el tema sigue postergado, no hay objetivos de aprendizaje exigibles como factor de mejora, que puedan ser medibles en plazos breves y con una medición adecuada. En otras palabras, si no hay medidas de cambio, seguramente los resultados seguirán siendo los mismos. Todo ello deber ser hecho con urgencia y determinación.

Un tercer ejemplo es la salud. Millones de personas están en listas de espera, a lo que se suman los cientos miles en la misma situación para ser operados. La lentitud en la atención, las operaciones que no se realizan a tiempo y la gente que muere esperando, son todas manifestaciones de problemas que nuevamente implican una pérdida para el país, de personas que podrían trabajar y servir al país en diversos planos, pero que quedan meses e incluso años fuera del sistema laboral o en circunstancias que hacen muy difícil enfrentar las contradicciones. 

El desperdicio de talentos es un gran problema de la sociedad chilena. Una sociedad debería aspirar al mayor desarrollo material y espiritual posible de todos y de cada uno de sus miembros. El progreso social no debe ser una alternativa, sino un objetivo fundamental. Seguir observando desde la galería cómo miles de niños y jóvenes no reciben la educación que corresponde constituye un verdadero suicidio social; mirar desde lejos la situación que vive casi un millón de personas sin trabajo es ilustrativo de un problema grave y persistente; la situación de las listas de espera en salud es una de las manifestaciones más graves de la indolencia y el fracaso que existe en el país en esta materia.

Chile requiere establecer objetivos tan ambiciosos como factibles, que sean a la vez claros en sus planteamientos y que nos lleven por una marcha ascendente hacia un futuro mejor. Algunas de estas orientaciones podrían lograrse con las normas existentes o con algunas reformas institucionales y económicas, pero en otros casos se requiere una convicción más extendida y ojalá un amplio consenso nacional sobre las posibilidades de Chile y los caminos para lograr los objetivos. La tarea no es fácil, considerando las contradicciones experimentadas por la sociedad en los últimos tres lustros, así como por los caminos escogidos libremente, que han ralentizado el progreso y han permitido el mencionado desperdicio de talentos que ha experimentado el país.

Chile puede ser mejor y los chilenos deberían poder aspirar a una vida mejor. Pero ello requiere un giro en el camino y una seria decisión de no seguir desperdiciando talentos.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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1 Comment

  1. Buen artículo. Creo que es el momento de plantear una transformación del sistema escolar en Chile. En los últimos 15 años lo único que ha mejorado es la mayor inversión en educación sin que se traduzca en mejores resultados.
    Si seguimos haciendo lo mismo… obtendremos los mismos resultados !!!

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