¿Es cierto que Cieplan sólo vino a darle “un rostro humano al modelo económico neoliberal”, como lo sostienen diversos académicos y dirigentes ligados a la izquierda en Chile? ¿De dónde vino la fuerza e influencia que logró tener Cieplan por décadas en los gobiernos de la Concertación? Estas son algunas de las preguntas que parece relevante contestarse ahora que esta gravitante institución decide cerrar sus puertas.
Empecemos por la primera y, antes, por transparentar mis vínculos y especiales afectos. Llegué a trabajar a Cieplan en la Universidad Católica en 1971, a meses de iniciarse el gobierno de la Unidad Popular. Fui de sus primeros economistas detrás de Alejandro Foxley, Ricardo Ffrench-Davis y Oscar Muñoz, primeros maestros en mi labor profesional. Compartí trabajo con ellos hasta 1980, pasando por la UP, el Golpe y la primera mitad de la dictadura de Pinochet. Lo conocí por dentro y por fuera. De allí las raíces de una cercanía y amistad estrecha que perdura hasta hoy.
Los rasgos más distintivos y sobresalientes de Cieplan fueron creándose desde muy al inicio. Por ejemplo, la visión de Foxley de conformar un centro relativamente abierto para esa época, con personas de distintas profesiones y sectores políticos. Los otros tres de ese grupo de seis que empezamos en la calle Las Urbinas, Providencia, fueron el politólogo Bosco Parra, luego diputado de la UP; Crisóstomo Pizarro, sociólogo de la Izquierda Cristiana y Ramón Downey, agrónomo de la DC. Su segundo rasgo distintivo, fue la investigación realizada siempre en torno a problemas relevantes y concretos de la economía y la sociedad chilena del momento. Y tercero, el rigor intelectual y excelencia académica con el cual realizar esa investigación. Esto último también le generó credibilidad, prestigio y capacidad de atraer a los mejores egresados de las escuelas de economía de Chile. Cieplan nunca fue un centro encerrado sólo en lo económico y tampoco en una determinada visión ideológica o partidista. Conservó así su independencia y apertura a los jóvenes.
Nada es más falso que sostener que Cieplan vino “a dar un rostro humano al neoliberalismo”. La frase debe venir del libro de Fernando Atria, “Neoliberalismo con rostro humano”, Catalonia, 2013. La demostración evidente y clara de esa falsedad son las decenas de artículos y columnas que escribimos criticando fundadamente las políticas neoliberales del gobierno de Pinochet. Otra cosa muy distinta es que haya postulado y mantenido algunas políticas de ese gobierno al inicio de la Concertación, pero que no forman parte de la esencia del neoliberalismo ni lo distinguen en particular. Es importante detenerse en esto. No toda economía de mercado es neoliberal.
¿Qué elementos o características debe contener una economía de mercado para calificarla legítimamente de “neoliberal”? Debe buscar eliminar completamente la regulación estatal (hasta de la emisión de dinero, como buscan quienes proponen eliminar el Banco Central) y, sobre todo, dejan que los servicios sociales básicos como salud, educación y previsión sean administrados por empresas privadas con una muy marginal intervención estatal. Esto último nunca lo promovió ni Cieplan ni la Concertación; por el contrario, desde el inicio del gobierno puso freno a la privatización de esos servicios y concentró todo su esfuerzo humano y económico en reforzar la parte pública en salud, educación y previsión.
El tipo de políticas del gobierno militar que la Concertación conservó, en parte por la influencia del pensamiento de Cieplan, fueron dos: la apertura externa de la economía y la mantención de los equilibrios macroeconómicos básicos en materia fiscal y monetaria, especialmente para reducir la inflación. Pero la conveniencia de estas políticas fue algo que a esa altura empezaba a reconocerse en el mundo entero como un avance del conocimiento económico, y no era algo distintivo del neoliberalismo. La prueba más elocuente de ello era que, junto con Chile, la aplicaron con gran éxito países asiáticos como Corea y Singapur desde la década de los 80 y hasta China misma después. ¿Acaso por este motivo uno podría decir que China tiene un modelo económico neoliberal?
Es importante desmentir este juicio infundado de que la Concertación durante sus 20 años de gobierno, del 90 al 2010, mantuvo el modelo económico neoliberal, porque eso se ha dicho, publicado y repetido con el evidente doble objetivo de desprestigiar a la Concertación engañando a la opinión pública, y de dejar establecido en la historia económica nacional ese juicio como un hecho. Así avanzó la izquierda y sobre todo el Frente Amplio en la segunda década de este siglo conquistando estudiantes universitarios para combatir los enemigos de paja que levantó. Parte de esto se hizo a través de libros y estudios académicos de un rigor científico más aparente que real. Muchas citas y pies de páginas, pero con deficiencias manifiestas y un sesgo ideológico claro.
Una muestra de esta estrategia o tendencia, es un artículo sobre Cieplan de un profesor de una relativamente importante universidad privada nacional, Camilo Gabler, que ha sido citado en reportajes sobre el cierre de dicha institución. Ya su título es elocuente: “Giros intelectuales de Cieplan (1979-1989). De la crítica a la adopción del neoliberalismo y su concepción de democracia”, (Revista Izquierdas, 2020, www.scielo.cl). En este artículo se sostiene que Cieplan “evoluciona desde una crítica al experimento neoliberal hasta su adopción” (p.15), y afirma esto sin jamás definir en su extenso texto lo que entiende por experimento o modelo “neoliberal”. ¿Cómo puede considerarse serio un trabajo académico con omisiones de esa magnitud?
Revisando ese artículo creo descubrir otro de los secretos de la influencia de Cieplan. No miró el acontecer nacional e internacional en el cual estaba inserto solamente desde un prisma o coloratura ideológica. No buscaba sólo demostrar la validez de una consigna o de su propia visión particular. Intentaba comprender lo que ocurría para entender y ofrecer soluciones sociales y económicas para servir a todos los chilenos, y especialmente a los más desfavorecidos. Eso le permitió también cambiar parte las visiones y políticas que creíamos mejores al principio, a la luz de la evolución de las circunstancias y de lo aprendido con la experiencia. Así ocurrió por ejemplo con la apertura al exterior, tema en que éramos más recalcitrantes al inicio de los 80. Así, en la Concertación fuimos más lejos que el gobierno militar en la apertura y en aumentar las exportaciones también con los tratados de libre comercio.
Cieplan y la Concertación contribuyeron a que el país tuviera su período más largo de crecimiento y reducción de pobreza y desigualdades en toda la historia del país. Motivo de sobra para agradecer la labor de Cieplan y seguir buscando caminos de encuentro y fecundidad para Chile con su estilo.

Y si fue tan exitoso, por qué cierra Cieplan?????????? O ya no cree en esas ideas tan exitosas????????
De la lectura caben varios adagios, como reservorios de la cultura popular, pero me quedo con «cría cuervos y te arrancarán los ojos».