Esta semana algunos han recordado la llegada de Salvador Allende a La Moneda, el 3 de noviembre de 1970. Esto obedece a la tradicional lealtad de la izquierda hacia los suyos, que otros sectores políticos no conocen ni de lejos. Asimismo, se cumplieron 80 años desde que asumió Gabriel González Videla como Presidente de la República, en la misma fecha de 1946, en los albores de la Guerra Fría.
Antes de 1973 las últimas cinco elecciones presidenciales en Chile se realizaron el 4 de septiembre, en tanto el cambio de mando tenía lugar dos meses después, y se efectuaba el 3 de noviembre. De esta manera, como señalamos, en 1946 asumió el mencionado González Videla, el último gobernante radical. En 1952 fue Carlos Ibáñez del Campo quien llegó al gobierno ese mismo día y seis años más tarde lo hizo Jorge Alessandri Rodríguez. El 3 de noviembre de 1964 correspondió al demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva asumir la Primera Magistratura de la nación y, como señalamos, Salvador Allende llegó a La Moneda el 3 de noviembre de 1970, iniciando con ello la vía chilena al socialismo.
Como se puede ver las fechas históricas de los cambios de mando son de carácter circunstancial y corresponden a lo que había ocurrido previamente con la elección presidencial y esta dependió de las muertes prematuras de dos presidentes de la República, como fueron Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos. Esto provocó que se “adelantaran” las elecciones, que conservaron la misma fecha hasta 1973.
Con esta realidad, el 3 de noviembre pasó a ser una fecha relevante en la vida republicana nacional. Ese día se realizaba el cambio de mando, lo cual no puede ser considerado una novedad en cualquier democracia, pero no era lo habitual en América Latina y ciertamente tampoco lo había sido en el mundo, considerando la inestabilidad política y las frecuentes crisis institucionales: por lo mismo, tener cambios de mando con elecciones abiertas y competitivas, bajo un régimen democrático y con un cuerpo electoral creciente -que se multiplicó por diez entre 1932 y 1970- era sin duda algo especial y que los chilenos valoraban y la comunidad internacional admiraba.
Con ello Chile terminaba esos años electorales con un nuevo gobernante. Cada uno de los presidentes tenía sus propias características y las expresaba durante los últimos meses del año y en el primer verano de gobierno. A ello se sumaba una característica que no se daba siempre: era habitual que las elecciones presidenciales fueran seguidas por otras de carácter parlamentario, que se desarrollaban exactamente en marzo del año siguiente, y que se realizaban cada cuatro años. Así le correspondió especialmente a Carlos Ibáñez del Campo en marzo de 1953 y a Eduardo Frei Montalva en marzo de 1965, y esas elecciones en buena medida representaron el nivel de respaldo que tendría la nueva administración: “un parlamento para Ibáñez” y “un parlamento para Frei” rezaban las propagandas de los respectivos gobernantes, que obtuvieron sendas victorias electorales. Esto les permitía reclamar el apoyo ciudadano para la realización de sus respectivos programas de gobierno cuando la administración recién comenzaba.
No ocurrió lo mismo con Gabriel González Videla cuyas elecciones parlamentarias eran en el año 1949 o con Jorge Alessandri que las tendría en 1961, o Salvador Allende en 1973, pues en esos tres casos las elecciones se realizaron a mitad de mandato, literalmente en el tercer año de gobierno. En el caso de Allende, sabemos que no concluyó su mandato en 1976. Sin perjuicio de lo anterior, en necesario considerar que ellos tuvieron elecciones municipales antes de cumplir el primer año en La Moneda, comicios que fueron muy relevantes, particularmente en el caso de Gabriel González Videla, que en 1947 tuvo unas elecciones locales muy negativas para el Partido Radical, en tanto los comunistas un enorme crecimiento, que fue parte de la crisis en la que se sumió la relación entre González Videla y el Partido Comunista. En abril de 1971, por su parte, Salvador Alliende tuvo también unas elecciones municipales muy importantes, con un notorio éxito para la Unidad Popular, que demostraba tener un apoyo muy considerable para la vía chilena al socialismo, pues el gobierno llegó a contar con el respaldo de la mitad de la población, muy por sobre el 36% que había obtenido el candidato socialista en la elección del año anterior.
No cabe duda de que hay un aspecto que llama la atención en estos cinco casos, y que nos trae a la actualidad: ninguno de los gobernantes logró dar continuidad a su proyecto político, dejando en su lugar a un adversario en La Moneda (por cierto, con la reserva del caso de Salvador Allende, cuyo gobierno terminó con un golpe de Estado y no con el triunfo electoral de un adversario). La llegada de esos presidentes tuvo gran relevancia histórica, por razones muy distintas. Por ejemplo, en el caso de González Videla era muy importante la alianza inicial con el Partido Comunista, que ese mismo 3 de noviembre de 1946 se incorporó con hombres de sus filas al gabinete. Seis años después el país vio volver a Carlos Ibañez del Campo a La Moneda, el otrora dictador caído en 1931, que ahora regresaba en gloria y majestad al gobierno, ratificado por el sufragio popular, en la primera elección en la que pudieron votar las mujeres. En 1958 llegó al gobierno Jorge Alessandri Rodríguez, hijo de Arturo Alessandri Palma, el León de Tarapacá, con lo cual se repetía una tradición histórica nacional de padres e hijos que llegaban al gobierno del país. En 1964 fue Eduardo Frei Montalva quien asumió el mando, en la primera elección presidencial que tuvo impacto internacional y en una ceremonia que anunciaba el inicio de una nueva etapa histórica. Tanto o más impactante fue el 3 de noviembre de 1970, cuando el socialista Salvador Allende llegó a La Moneda, en un momento en que Chile observó la visita de numerosas delegaciones internacionales, motivadas por el inédito proceso que se iniciaba en el país.
El 5 de noviembre, apenas un par de días después de asumir, el ahora presidente Salvador Allende pronunció un histórico discurso en el Estadio Nacional. Vale la pena reproducir un párrafo de esa alocución, que también ha estado de aniversario:
“Desde el punto de vista teórico-doctrinal, como socialistas que somos, tenemos muy presente cuáles son las fuerzas y los agentes del cambio histórico. Y, personalmente, sé muy bien, para decirlo en los términos textuales de Engels, que: «Puede concebirse la evolución pacífica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los países donde la representación popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitución, se puede hacer lo que se desee, desde el momento en que se tiene tras de sí a la mayoría de la nación». Y éste es nuestro Chile. Aquí se cumple, por fin, la anticipación de Engels”.
El Presidente Allende comprendía bien al amigo y coautor de Marx pero, curiosamente, no hacía lo mismo con la realidad nacional. Quizá el entusiasmo de la victoria, el impacto internacional, la expectativa de futuro o la superación de numerosas pruebas, hacía olvidar una realidad difícil y de enorme complejidad política: la Unidad Popular sería un gobierno de doble minoría, y Chile era un país que no lograba representar la tesis de Engels. Ni “la mayoría de la nación” ni “la representación popular” estaban orientadas hacia la vía chilena al socialismo, ni lo estarían en los tres años siguientes.
Cinco figuras relevantes llegaron a La Moneda un 3 de noviembre, y tuvieron logros y fracasos durante sus respectivas administraciones. Uno de los problemas más graves que se les presentaron a cada uno de ellos fue el que comentamos de comienzos del gobierno de la Unidad Popular: la incapacidad de leer adecuadamente la realidad del país, con todo lo que ello implica.
